
Jussi Björling y aquella época cuando los dioses cantaban
Entre todos los recursos posibles cuando se intenta dar una mirada rápida y evocativa a depósitos de la historia musical, tomar a los cumpleaños de los protagonistas como arranque puede resultar revelador. Es cierto que por las dimensiones del mundo de la música (aunque se incluyan en él todas las épocas, escuelas, tendencias y especialidades) el sistema amenaza con ser más bien limitado. Sin embargo, este método, muchas veces ha logrado iluminar y esclarecer una insospechada cantidad de ideas.
Algunos años atrás, LA NACION entrevistó en Europa al barítono Dietrich Fischer-Dieskau, fallecido en mayo del año pasado y universalmente considerado uno de los pensadores musicales más cabales de la canción de cámara. Fue una larga charla, que nunca se publicó por un imprevisto impedimento del redactor y en la que, incluso, se habló de la particular aversión que sentía el artista berlinés por los nazis.
En el curso de la conversación con este intérprete de calidad e integridad excepcionales, el cronista le preguntó por los cantantes de todas las cuerdas que más le habían interesado en su vida.
El barítono alemán contestó con una módica lista de colegas ante la que el cronista repreguntó: "¿Y Jussi Björling?" Con rápidos reflejos, Fischer-Dieskau respondió: "Usted me preguntó por cantantes. Björling está fuera de toda clasificación, es un dios". Poco tiempo después, los críticos de la publicación Classic CD en su edición especial Top Singers of the Century , junio de 1999, proclamaron a Fischer-Dieskau como el gran cantante del siglo, después de Jussi Björling.
Los argentinos nunca escucharon a Björling al natural en su país. Pero el culto que surgió a su alrededor en estas tierras, parecería indicar lo opuesto. Gente que nunca lo vio hacer su Rodolfo en La bohème o el Alfredo en Traviata , y tantos otros en Beethoven, Richard Strauss, Wagner, Verdi, Puccini, Mozart, Gluck o Bartók; gente que nunca estuvo frente a él en un recital de lieder de Schubert, habló siempre de Björling como de un viejo conocido, asociado a las más entrañables y profundas emociones musicales.
Los discos grabados por este tenor sueco, que se murió tempranamente en septiembre de 1960, se vendían en la Argentina con desacostumbrada rapidez apenas editados. Sus versiones fueron tema de conversación habitual entre melómanos locales, sólo para poner de relieve el grado de conmoción y apasionamiento que producían. Siempre apareció rodeado de un aura atractiva que lo diferenciaba a bastante distancia de otros cantantes.
El pasado martes 5 de febrero se cumplieron 102 años del nacimiento de Jussi Björling.
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