Krzysztof Zanussi, visita de lujo en Mar del Plata
Es un gran director del cine polaco
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MAR DEL PLATA.- Uno de los grandes directores de la cinematografía polaca de la posguerra sumó su presencia al festival: Krzysztof Zanussi. A los 60 años, este realizador de una profusa filmografía, amigo y productor de Krzysztof Kieslowski, contemporáneo de Andrej Wajda, maestro de Agnieszka Holland, llegó a la ciudad para presentar su última película, "La vida como una enfermedad sexualmente transmisible". Aunque, en realidad, admite a La Nación que aceptó la invitación "por razones muy sentimentales". Es que fue hace 31 años, en el Festival de Mar del Plata, donde Zanussi ganó su primer premio internacional por su opera prima, "La estructura de cristal". "Fue una sorpresa y un acto de coraje premiar una obra desconocida, de un principiante, de un país lejano, una película muy modesta -cuenta-. Aquella primera película tenía la sinceridad del debutante, después se conoce demasiadoÉ el mercado, los críticos, los festivales, y se pierde esa inocencia", dice, si bien aún hoy consigue transmitir con emoción joven las impresiones de aquel festival en el que pudo conocer a María Callas y a Pier Paolo Passolini.
Zanussi, también licenciado en física y en filosofía ("estudios teóricamente inútiles, pero que prácticamente me han servido mucho"), vuelve al tema de "Espiral" (1978), al de la condición humana por medio del misterio de la fe y de la muerte. Y se apura a lamentarse por el hecho de que esa perspectiva esté ausente en el cine de hoy: "Es un tabú en la cultura occidental hablar de esos temas, pero sobre todo ese sentimiento está influido por la cultura americana, en donde son los otros los que mueren, no nosotros. En el Medioevo no se pensaba de esa forma, y de hecho, hoy, en otras culturas, como la India, la gente se sorprende ante el personaje central que se rebela contra la muerte".
Esta película, que en otra época estaría consagrada al cine arte, hoy se ve destinada al circuito de los festivales. Sin embargo, Zanussi cuenta que "en Polonia tuvo un inusitado éxito de público, donde la vieron 100.000 espectadores, sobre todo los jóvenes, chicos de 20 años; los mayores, mucho menos".
Es que "La vida É" parece el compendio de toda una existencia. Una película que sólo puede realizarse en cierto estado de madurez, y luego de haber sorteado las más disímiles contradicciones. "Yo puedo regresar a mis primeras películas porque no hay grandes diferencias de lenguaje. Hay, sí, películas que no se pueden rodar más, como "Iluminación", porque no hay más mercado. Pero la última tiene cierta simplicidad como las primeras. El regreso a la simplicidad también está relacionado con la madurez, porque ya no me resulta tan importante ser aceptado. No quiero más hacer concesiones al público o a los críticos".
El título del film, Zanussi lo tomó de una pintada que leyó en Polonia. "Me pareció ligero pero adecuado, porque es verdad que con la vida se piensa la muerte. Estuve a punto de ponerle algo similar como lo que Shakespeare escribió en "Macbeth", eso de que una mujer da vida bajo la tumba, pero era demasiado brutal. La vida como una enfermedad sexualmente transmisible", comienza durante el rodaje de una película de época en la que un ladrón está a punto de ser condenado a muerte. Tomasz, el médico contratado para estar en el set, comienza a analizar su propia existencia. El proceso se profundiza cuando le diagnostican una enfermedad mortal. Después de una vida de ayudar a los otros, se siente solo. Y así comienza a examinar la fe católica socavando la de los otros.
-¿Cómo vivió la contradicción de haber sido católico y comunista?
-Se identificaba con cierto riesgo. Era una autodenuncia. Fue una contradicción que hemos vivido escondiendo porque en las entrevistas no se hablaba de estas cosas. Pero ni Wajda ni yo nunca pertenecimos al Partido Comunista. Es decir, nunca declaramos nuestro apoyo por esta ideología.
-¿Qué paso en una conferencia de prensa frente a Marguerite Duras?
-Recuerdo que con "La estructura de cristal" fui invitado al Festival de Pessaro, en donde la escritora francesa hizo una pregunta terrible. Dijo que el silencio de mi película era el silencio de un país invadido por la ideología comunista. Era cierto. Pero yo tuve que decir que no le entendía la pregunta. Para mí fue una gran humillación el no haber podido responder. Después le dije que en su pregunta encontraba cierto elemento del sadismo, como cuando la gente libre mira como en un jardín zoológico a los otros animales enjaulados. "Porque usted sabe bien, señora Duras, que yo no puedo responder". Ese tipo de preguntas hoy se las hacemos a los iraníes, por ejemplo. Después ella vino a Polonia junto con la viuda de George Orwell, que fue otro problema porque tuvimos espías todo el tiempo. Estábamos siempre acompañados por el "big brother".
-¿Ese fue el motivo por el que se inclinó a contar conflictos existenciales por medio de la religión más que de la política?
-Sí, y también porque me parece que la política es una cosa muy poco importante. Los impuestos, decisiones moralmente indiferentes como el diálogo con el Fondo Monetario Internacional, diálogos técnicos. Pero la existencia del hombre en la perspectiva moral me interesó siempre. Para la TV polaca hice en los últimos años ocho episodios de una hora de ficción sobre los problemas morales de la sociedad de hoy. "Los cuentos del fin de la semana". El dilema moral de antes era el poder y ahora es el dinero, pero en realidad es el mismo símbolo del poder y de la corrupción. Hoy todos se venden fácilmente. Estos programas tienen mucho éxito en la TV. Y para mí es importante porque confirma que mi público existe, porque la generación de nuestros viejos espectadores no frecuenta más el cine porque ya no cree en él.
-Está muy interesado en trazar un puente entre su generación y los jóvenes. De hecho, en el film hay un generoso intercambio entre un hombre al final de su vida y una pareja joven.
-Sí, estoy preparando mi próxima película sobre estos jóvenes. Ciertas escenas que he eliminado de la película porque no me interesaban para la historia del doctor. En la próxima, el dilema de uno de los jóvenes es su vocación, si debe ir al monasterio en lugar de seguir estudiando medicina.
-¿Cuál fue el propósito de encuadrar esta película en el ámbito de un set de filmación?
-Ese es para mi el prólogo, donde hay como una proyección de toda la película. De ahí la pregunta: ¿cómo se puede estar preparado para la muerte? Quise mostrarla con la decoración del Medievo porque todo era más normal. En el Festival de Calcuta, la gente me decía que consideraba el prólogo igual que el epílogo. Pero que para ellos resulta incomprensible esa rebelión contra la muerte. El tiempo para ellos no tiene ese carácter lineal, como para nosotros. La muerte y el nacimiento es casi lo mismo. Finalmente, el protagonista se encuentra preparado para leer esa señal, la del pájaro.
-¿Usted se encuentra en un período luminoso respecto de su fe religiosa?
-Creer no es un estado físico, un hecho seguro, es como el amor, un proceso dinámico. Yo le estoy hablando hoy por la tarde, hay que ver qué sucede mañana a la mañana.
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