
La clave de Hans Pfitzner
Con una tardanza inexplicable llegarán a los conciertos del Colón los tres fragmentos sinfónicos que circulan por el mundo de la ópera "Palestrina" (1917), de Hans Pfitzner. Tanto el autor como su producción más importante constituyen hasta el momento una especie de nebulosa para el aficionado de la música en la Argentina, porque, salvo en la lejanía del 1923 en que Richard Strauss dirigió en el Colón una de sus oberturas, casi nada se ha escuchado de él. Para empezar, Pfitzner es un personaje sospechoso de colaboracionismo, una situación que tratándose de un alemán (nacido en Rusia) que vivió entre 1869 y 1949 resulta un tanto complicada. Los años "difíciles" del Tercer Reich lo tomaron como activo docente, director de orquesta, régisseur y pianista. Pero en 1948 se le imputó haber actuado diligentemente en la propaganda cultural de Hitler. Es posible que a los ochenta años las acusaciones le hayan importado poco a Hans Pfitzner, convencido de que en su ópera "Palestrina" ya había dicho todo lo que tenía que decir en materia de credo ético y artístico.
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En realidad, el pecado -si lo hubo- de Pfitzner consistió en su ideología estética, totalmente reñida con las transformaciones del lenguaje a las que asistió la primera mitad del siglo. Su nacionalismo estuvo moldeado sobre los principios míticos del arte wagneriano y su lenguaje se tornó hacia el aspecto más conservador de su tiempo. Fue enemigo acérrimo de lo nuevo y llenó el mundo de panfletos contra la vanguardia musical germana. Para Pfitzner, lo importante era descubrir el origen del arte. A su juicio, todo procede del inconsciente y el artista lo recibe como una gracia. Y ese milagro cree descubrirlo precisamente en Palestrina, quien con su "Misa del Papa Marcello", que según el libreto de la ópera le es "dictada" por los maestros de la polifonía medieval, pudo enfrentarse al Concilio de Trento y salvar a la música para la causa del estilo polifónico.
Pfitzner se siente tan extraño ante las innovaciones de su tiempo como Palestrina ante aquella música nueva -la monodia acompañada- que nacía en el seno de la Camerata florentina. Sin embargo, en los años en que Pfitzner mostraba la creación palestriniana como fruto de la inspiración, el revisionismo histórico descubría en su estilo un reflejo del universo newtoniano, cuyo equilibrio es mantenido gracias a la alternancia de fuerzas que se manifiestan en un complejo entrechoque de movimientos disciplinados racionalmente.
Tema apasionante que el director Franz-Paul Decker nos propone para meditar el próximo lunes, en el concierto de la Filarmónica.






