
La "elegante caverna" de la Galería Güemes
Recuperación de un espacio con historia
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Algunos tesoros arquitectónicos con influencias europeas de la peatonal Florida están siendo redescubiertos y recuperados. Además de la refacción del lujoso edificio, de 1914, de las tiendas Harrods -que podría estar totalmente reciclado para septiembre de 2004-, hay que contar la reapertura del subsuelo de la Galería Güemes, también de esa época, donde funcionará el Centro de Artes y Espectáculos Piazzolla Tango.
Esta especie de palacio público de Florida 165 fue construido por el arquitecto Francisco Gianotti a pedido de David Ovejero y Emilio San Miguel, dos salteños -de ahí que el nombre fuera un homenaje a Martín Miguel de Güemes-.
Con una estructura de 87 metros, para 1915 era el edificio más alto de Buenos Aires. En la torre, a la que se accedía por el pago de 20 centavos, había un telescopio que era la atracción de grandes y chicos; en el subsuelo, un espacio de varieté teatral. Durante las fiestas de apertura, por los escenarios de sus salas pasaron cómicos, cantantes, bailarines, bandas de la policía, acróbatas "excéntricos" y elencos de obras picarescas.
Sobre la inauguración, el 16 de diciembre de 1915, en LA NACION se escribió: "El edificio a inaugurarse es realmente una obra monumental, de elegante estilo. ( ...) Para dar relieve a la ceremonia inaugural el Círculo de la Prensa invitó al Dr. Ricardo Rojas a dar una conferencia (...) habiéndose invitado para escucharla al Presidente de la Nación, ministros del Poder Ejecutivo y miembros del Poder Legislativo".
Con los años, las propuestas artísticas que ofrecía el subsuelo fueron cambiando su perfil y el ambiente adquirió cierta sordidez. En la década del 20 hubo un club privado llamado Abdulah; en los años 50 se presentaron obras con títulos como "Su majestad, la batata", y en los 70, espectáculos de striptease.
Ahora, con la creación del Centro Piazzolla, recuperará el lujo y el refinamiento de sus inicios.
Pero quizá queden algunos fantasmas. El de una bailarina que se arrojó desde un piso superior y cayó sobre los vitrales de la cúpula. O las historias en la "elegante caverna" de un corredor de Bolsa, magníficamente relatadas en "El otro cielo", de Cortázar: "(...) y casi siempre mi paseo terminaba en el barrio de las galerías cubiertas, quizá porque los pasajes y las galerías han sido mi patria secreta desde siempre. Aquí, por ejemplo, el Pasaje Güemes, territorio ambiguo donde ya hace tanto tiempo fui a quitarme la infancia como un traje usado. Hacia el año veintiocho, el Pasaje Güemes era la caverna del tesoro en que deliciosamente se mezclaban la entrevisión del pecado y las pastillas de menta, donde se voceaban las ediciones vespertinas con crímenes a toda página y ardían las luces de la sala del subsuelo donde pasaban inalcanzables películas realistas".






