La escuela de la diversidad
La Colección 20/21 refleja la multiplicidad de estéticas que tiene la nueva música
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Diversidad. Esa es la palabra que mejor define lo que ocurrió con la producción musical "académica" durante la segunda mitad de este siglo.
Una característica que la Colección 20/21 "editada por el sello Deutsche Grammophon" decidió poner en primer plano, a juzgar por los cinco primeros volúmenes que llegaron a la Argentina.
Los cinco compositores elegidos para iniciar la serie "el francés Pierre Boulez, el italiano Luciano Berio, el argentino Mauricio Kagel, el japonés Toru Takemitsu y André Previn (nacido en Berlín pero formado en Estados Unidos)" no sólo representan un crisol de nacionalidades, también refleja la cantidad de caminos posibles por los cuales puede transitar la música contemporánea. En este caso, senderos recorridos por compositores en actividad, consagrados y con una sólida trayectoria, salvo Takemitsu, que murió en 1996.
La herencia del serialismo integral y la música electrónica, en las obras de Boulez; los vínculos con la música popular, de la ópera de André Previn "Un tranvía llamado Deseo"; la ironía y el diálogo con la tradición musical típicos de Kagel, aquí presentados a través de sus obra "1988" y "Música para instrumentos renacentistas", son algunos ejemplos de que el menú del que se dispone para ingresar en el universo de la nueva música es realmente amplio.
Es que, desaparecida la larga tradición de la tonalidad, que dominó a Europa desde Bach hasta el comienzo del siglo XX, y salvo la aparición de algunas "escuelas" que no pudieron ocupar el centro de la escena más allá de algunos pocos años (la de Viena, el neoclasicismo, el serialismo o el minimalismo, entre otros), la tendencia indica que cada compositor termina construyendo su propio universo sonoro y hasta su propia tradición.
Proyecto de cuatro décadas
Un buen ejemplo de esto es el volumen en el que cada uno de los notables intérpretes que integran el Ensamble Intercontemporain grabaron las Sequenzas, para instrumento solo, de Luciano Berio.
Se trata de un proyecto que le tomó al italiano cuatro décadas, dedicado a explorar "una y otra vez" las posibilidades técnicas y expresivas de cada uno de los instrumento elegidos, desde la "Sequenza I" para flauta traversa, escrita en 1958, hasta la XIII para acordeón, que terminó en 1995.
El gran denominador común de esta serie de obras de entre cinco y diez minutos de duración, es el planteo de cómo un instrumento que sólo puede hacer melodías pueda construir polifonías "virtuales". Es algo que en verdad se planteó ya en el siglo XVIII Bach en sus partitas para violín (por ejemplo), sólo que los recursos empleados por Berio abarcan desde las notas utilizadas hasta el modo de tocarlas. Aquí el virtuosismo juega un papel diferente del tradicional, ya que está en función de poder resolver este tipo de planteos y no como un mero exhibicionismo.
En el caso de Takemitsu, sus obras "Day Signal", "Quotation of Dream o How Slow the Wind", reflejan al particular universo sonoro del compositor japonés. Son obras de movimientos lentos, casi siempre de poca intensidad, que remiten a las orquestaciones impresionistas de Debussy y a las cristalinas de Messiaen, pero expuestas con la sencillez mínima de los haiku.
Por su parte, el CD dedicado a Boulez tiene como obra clave en "Rèpons". La simple idea de la alternancia entre el solista y el coro, tomada del canto gregoriano, es el punto de partida para estas notables "reflexiones musicales". Una idea que desarrolla con 30 instrumentos acústicos y un sistema de reproducción digital que procesa ese material en tiempo real, ampliando el entorno sonoro gracias a un programa de especialización del sonido.
En otra dimensión se encuentra la primer ópera escrita por el pianista, director de orquesta y compositor André Previn. El clásico de Williams, que se acercó al cine de la mano de Elia Kazan, Marlon Brando y Vivian Leigh, llegó a la Opera de San Francisco con la notable René Fleming en el papel de Blanche, es una música que le debe tanto a Stravinsky como a Bernstein.
Está claro: la aventura musical de Occidente pasa en la actualidad por uno de sus períodos más eclécticos y a la vez más democráticos. Por eso el menú es lo suficientemente amplio como para encontrarse con los platos preferidos y para comenzar a ampliar la paleta de sabores-sonidos.
Cinco clásicos del siglo
- Pierre Boulez: nació en 1925. Discípulo de Messiaen, pilar del serialismo integral en los años 50, es el fundador del Ircam, centro de experimentación de música electroacústica.
- Luciano Berio: nacido en 1925, es el compositor italiano más destacado de la segunda mitad del siglo. Escribe tanto música de cámara como sinfónica y, como buen italiano, ópera.
- Toru Takemitsu: el compositor japonés (1930-1996) es uno de los más conocidos en Occidente. Sus obras continúan el camino de Debussy y Messiaen.
- Mauricio Kagel: nació en Buenos Aires en 1931, pero vive desde hace cuarenta años en Alemania. El teatro musical, el humor irónico y sus reflexiones sonoras sobre la tradición musical son sus ejes creativos
- André Previn: nació en Berlín, en 1929, pero se formó en California. Además de componer y dirigir, es un notable pianista clásico y también de jazz.
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