
La excelencia de ocho cuerdas
Concierto del Octeto de Cuerdas de la Orquesta Filarmónica de Berlín, presentado por el Mozarteum Argentino con el auspicio del Deutsche Bank. Programa: Octeto para cuerdas Op. 17 de Gade; Dos piezas para octeto de cuerdas Op. 11, de Shostakovich; y Octeto para cuerdas en Mi bemol mayor Op. 20, de Mendelssohn. En el Teatro Colón. Nuestra opinión: excelente.
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No es común poder escuchar obras para una formación de ocho instrumentos, y menos aún cuando se trata de un octeto de cuerdas, ya que en el caso de instrumentos de soplo, por ejemplo, el repertorio es considerablemente más amplio.
La visita del Octeto de Cuerdas de la Filarmónica de Berlín no ha de considerarse sólo por ello un acontecimiento musical de excepción. Lo es, ciertamente, por el interés musical que sus actuaciones despiertan. Pero en esta ocasión se debe consignar, además, el interés musicológico por hacer oír obras paradigmáticas del género, como lo son el Octeto Op. 20 de Mendelssohn. y el Octeto Op. 17 de Niels Gade, que mantienen entre sí un nexo histórico, como lo refiere exhaustivamente el programa de mano.
Ofrecidas en esta primera audición las dos obras por un conjunto tan calificado como el de Berlín, tuvieron el interesante efecto de potenciarse mutuamente.
En los maestros que componen el octeto berlinés se advierte de inmediato no sólo un elevado nivel de profesionalismo individual. Poseen en grado superlativo un nivel de interrelación que se halla a la altura de su espíritu de entrega: los ponen en juego en cada ejecución, con gran homogeneidad sonora y equilibrio. El lenguaje melódico de estos compositores es transferido en sus manos en el más elaborado discurso instrumental, dejando entrever sus proyecciones sinfónicas.
Presencia infrecuente
Después de haber sido la figura más importante de la música de su país en el siglo pasado, el compositor danés Niels Gade (1817-1890) sigue hoy suscitando tanto la admiración cuanto una súbita inquietud por su destino final en la historia, oculto como está su nombre por otros, conspicuos, del romanticismo germánico o escandinavo.
Inspirado en el de Mendelssohn, que le sirvió de modelo, su Octeto Op. 17 tiene con respecto a aquél apreciables diferencias de lenguaje, una fluidez expresiva distinta. Su espontaneidad dista de la elegante lógica expositiva de Mendelssohn, y su vena melódica parece por momentos preanunciar a Dvorak.
El Allegro molto e con fuoco inicial -accidentalmente interrumpido por la rotura de una cuerda de la primera viola- mostró una captación de este espíritu, con perfecto ensamble de las voces instrumentales, en un diálogo animado con pasión. El excelente trazo del primer violín del grupo animó un Andante de inspirada melancolía y el asombroso ajuste que posee el grupo se tornó más evidente en el Allegro moderato siguiente, con nítidos planos sonoros que emergieron de una combinación admirable de ajuste y espontaneidad expositiva.
La frescura y la jovialidad del Finale ,con un aire de danza sumamente vivaz, poseyó cierta densidad orquestal y un minucioso tratamiento de lo la tensión y distensión del discurso.
Las "Dos piezas para octeto de cuerdas" Op. 11 de Shostakovich, situadas estratégicamente entre las dos obras románticas, sirvieron de curioso contraste . La primera - Prelude -, homenaje a Bach, refleja el constructivismo característico del músico ruso, con un admirable solo del primer violín y sucesivas respuestas de violas y violoncelos. Le siguió el Scherzo , marcadamente rítmico y de carácter sarcástico, animado por una energía motriz más bien seca.
Reservado para la segunda parte del concierto, el Octeto Op. 20 de Mendelssohn fue un dechado de fluidez y de lirismo sin esfuerzo, que los músicos de Berlín rescataron con sus muchas oportunidades de lucimiento virtuosístico en los rápidos desplazamientos y en la diversidad de golpes de arco, en particular de su originalísimo Scherzo.
La gracia y la liviandad de este movimiento, su pulcro virtuosismo presidido por las elaboradas fiorituras del primer violín estuvieron enmarcados en un "staccato" de tenues sonoridades que crearon un halo de mágica musicalidad.
Con un espíritu alegre y juvenil, en el Presto final los miembros del octeto berlinés combinaron admirablemente la seriedad de los contrapuntos entre sectores instrumentales y la libertad de la concepción mendelssohniana, en un juego de creciente complejidad y admirables ajuste y perfección, en el que pusieron apasionado empeño, logrando un brillo singularísimo.
Para hoy
Hoy, a las 20.30, los notables músicos del Octeto de Cuerdas de la Orquesta Filarmónica de Berlín ofrecerán su segundo y último concierto en el Teatro Colón, para el 2º ciclo de abono del Mozarteum Argentino. En esta ocasión, interpretarán el Sexteto Nº 1, opus 18, de Brahms y los octetos, Nº 1, Opus 65 de Spohr y el Opus 5, de Gliére.
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