
La garra del corazón rioplatense
A los 57 años, el artista uruguayo se está convirtiendo en un faro musical del Cono Sur, venerado por artistas como Jorge Drexler. Hoy actúa en Buenos Aires
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Escuchar a Fernando Cabrera por primera vez puede provocar la misma sensación de sorpresa, inspiración, extrañeza y estremecimiento musical que produjo la vez que Bob Dylan apareció con su guitarra eléctrica en el Festival Folk de Newport de 1965. A los 57 años, Cabrera es de esos artistas que generan una vibración distinta en el ambiente musical y causan un antes y un después de escuchar su obra, una de las más significativas del Río de la Plata: Jorge Drexler (lo considera su influencia decisiva), No Te Va Gustar (le pidió la música para el último documental del grupo) y Kevin Johansen y Liliana Herrero han sido fervorosos difusores de su cancionero.
Cabrera es un cantautor diferente y salvajemente poético, como lo puede ser en la literatura Roberto Bolaño. La razón es sencilla: "Vengo de una época, cuando uno se formatea más en la vida que es la infancia y la adolescencia, en que lo más normal y natural era que el artista no se pareciera a ningún otro. Como mamé eso, se me impregnó, no es meritorio, sino que formaba parte de los sesenta. Nadie se permitía clonar a otro. Así eran todos en esa época desde Frank Zappa hasta Fellini. Acá, en el Río de la Plata y en Brasil, también había apetencia de novedad, originalidad, de mostrar algo nuevo", cuenta el músico montevideano que está saliendo de su sitial de culto para transformarse en un faro musical del Cono Sur.
Cada lanzamiento -desde que apareció con su primer disco, El viento en la cara (1984)- genera gran expectativa entre una comunidad de seguidores cada vez más grande y que convierten sus presentaciones en ceremonias. En su último viaje musical, Viva la patria, que presenta esta noche en el Teatro ND/Ateneo, Cabrera vuelve a cumplir con todas las expectativas y confirma su genialidad. Canciones de su nuevo disco como "Caminos en flor", "La vida recién empieza" o "Nunca te dije te amo" con esos aires de baladas épicas, lograrán seguramente el mismo grado de inmortalidad que consiguieron con los años "El tiempo está después", "La casa del lado", "Méritos y merecimientos", "Por ejemplo", "Dulzura distante", "Viveza" y "La garra del corazón", que definen una cartografía poética de 250 canciones que integran esa voluminosa biblia emocional de Montevideo.
"Mis canciones pueden mostrar una ciudad o un barrio con sus personajes y estados de ánimo. Pero no soy un cronista de la realidad, sino que hablo de cosas más intimistas, personales y abstractas, donde no hay límites para la canción porque todo es más atmosférico. Mis letras son una traducción de ese mundo interior. Pero musicalmente el territorio está muy presente en lo que hago. Yo he intentado eso a propósito, que esté presente lo urbano y lo rural. Es cierto que nací en la ciudad, pero conozco bien la geografía de mi país, cómo es la gente, sus ciudades, sus cerros y dónde nace aquel arroyo. El que busca va a encontrar en mis discos referencias al interior del Uruguay y al folklore porque desde niño estoy en contacto con todo eso. Así como de chico estaba al día con el rock que escuchaba mi generación como los Beatles, también escuchaba toda la información que me llegaba por mis padres, tíos y abuelos. Siempre paré la oreja con los viejos y recibí sus gustos musicales y sus dichos. Nunca le escapé al contacto con las personas que no eran de mi generación, como los niños y los viejos,"
-Esto también está en tu obra. Es como si simbólicamente te ubicaras en el pasado y en el futuro del lenguaje musical.
-Es todo junto. Es como el concepto de eternidad. El presente, el pasado y el futuro son la misma cosa. Yo creo en eso: vivir en una época que sea todas las épocas. Sentir como contemporáneo tanto a Aristóteles como a... no sé, el futuro. Todo te pertenece. ¿Por qué desdeñar una cosa porque pasó hace 20 años y pensar que ya no sirve? Para mí es un error. Hoy en día estamos muy empujados a eso. Todo se quema, se quema, se quema. Todo es hoy. Para mí, todo es todo.
Cabrera tiene un decir distinto que parece antiguo y moderno. Su voz menuda y sibilante va cortando el viento como si fuera el tarareo de una vieja milonga. Por momentos, recuerda al voceo de un canillita en la esquina de una ciudad o el fraseo filoso, cortante y narrativo de Bob Dylan. El diálogo de su voz con la mano derecha -sus riffs, síncopas y silencios (herencia del gusto de su padre por la bossa nova)- enlazan una musicalidad misteriosa. En el cantautor -único músico en una familia de mecánicos- está impresa la experimentación del álbum Revolver de los Beatles, la influencia del candombe beat de Eduardo Mateo (grabaron juntos un disco seminal en 1987); el gusto por el pop anglo, el sentir folklórico y melancólico de Zitarrosa y la fascinación que por el tango y Piazzolla en su adolescencia.
"No podría definir de dónde nace mi sonido. Sé que es una mezcla de algo dado, que no manejo, y algo de mí más racional. Porque como artista una de tus preocupaciones es lo que vos tenés para decir. Si es una carta nueva que ponés sobre la mesa o es lo mismo de siempre. Yo, también, he ido elaborando cosas con los años que, todas sumadas, hacen que yo sea yo. Cosas que me vinieron dadas como el timbre de voz, ciertas características de mi personalidad o mi manera de tocar la guitarra. Pero toda esa elaboración de mi sonido se fue dando de una manera tan lenta y dilatada en el tiempo que tampoco soy tan consciente. No es que ahora toque la guitarra y cante de un modo porque lo resolví hace unos meses, sino que eso es la suma y el resultado de 40 años de pequeños experimentos, de pequeñas idas y venidas equivocándote y de pequeñas búsquedas. Sé que lo mío tiene cierta peculiaridad. Pero tampoco es tan meritorio. Todo ser humano se va transformando y todo ser humano es original. No hay nadie que sea igual al otro. Lo importante es que hay que encontrar la propia voz que está tapada. Hay que encontrarla", reflexiona como un maestro, alentando a sus discípulos.
Cabrera sabe que la música y las palabras son un misterio. A ese lugar va Cabrera cuando canta, cuando graba, cuando revela al mundo las enseñanzas ocultas de la vida. "Con los años aprendí a esperar que aparezca la canción. Recién cuando algo me toca y me emociona se me despiertan las ganas de escribirlo. Es así mi vida, desde los 13 años. Escribir una canción para mí se ha convertido en el acontecimiento que más felicidad me da", cuenta el trovador.
El otro acontecimiento se produce cuando actúa en vivo, donde Cabrera genera una experiencia vibrante y lleva a su público a territorios nuevos. "En los conciertos entro como en trance -confiesa-. Antiguamente para mí subirme a un escenario era un ejercicio tenso hasta que fui adquiriendo confianza. La palabra confianza en mi vida es clave. Yo sé lo que es no tener confianza en uno mismo y también sé lo que es tenerla. Es un antes y un después. Y hace unos años empecé a sentirme confiado arriba de un escenario. Chau, ya no era un problema. Ya no había nervios, no había tensión. Nada. Hice el clic y me empezó a pasar que entraba como en un trance, en una situación de naturalidad tan grande, de inspiración y concentración, que ya no sabía dónde estaba y al mismo tiempo todo me salía bastante bien. Era como entrar más en la música y como que uno se va convirtiendo en una canaleta, por donde tiene que pasar el mensaje. Vos tenés que desdibujarte para llegar a un estado como se dice en el zen. Siento que los últimos años a mí me pasa eso. Entro como en un trance y, si tengo suerte, a ese lugar donde yo voy viene la gente conmigo. Siento eso, te lo digo con toda sinceridad. Y no hay nada más lindo. Te sentís útil en un terreno no material, en el mundo de las emociones, útil para las almas de los demás.
UNIVERSO SÓNICO DE CABRERA
Los Beatles
Revolver es uno de sus discos cabecera por el sonido experimental del cuarteto, que inspiró sus inicios.
Eduardo Mateo
Grabaron juntos Mateo-Cabrera en 1987, durante unas históricas actuaciones en vivo. Mateo, creador del candombe rock, murió a los 49 años y dejó su marca en la nueva generación.
Astor Piazzolla
A los 15 años lo escuchó por primera vez y le compuso "La balada de Astor Piazzolla", incluido en Fines (1993).
Fernando Cabrera
Teatro, ND/Ateneo, Paraguay 918
Hoy, a las 21
Localidades, desde 250 pesos.
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