
Tras una década de huir de la fama y sus pesadillas, Eddie Vedder afronta su segunda existencia.
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"Ey, Eddie!". Es pasada la medianoche en la somnolienta zona ribereña de Cleveland, y Eddie Vedder –portando una valija gastada y con una campera liviana de corderoy– camina con su postura encorvada hacia el hotel Ritz-Carlton. Oye que alguien grita su nombre y se da vuelta.
Un republicano de mirada malévola aparece por entre las sombras ladrando: "¡Bush 2008! ¡Bush 2008! ¡Bush 2008! ¡Jeb está en carrera!". Luego el tipo le sonríe a Vedder –que fue una de las figuras principales en la gira pro Kerry, Vote for Change, en 2004–, le hace un gesto sarcástico con los pulgares hacia arriba y se prepara para ver cómo el severo y volátil cantante de Pearl Jam se vuelve loco.
Vedder lo mira un rato. Después, simplemente se encoge de hombros y murmura: "Ok, man", y sigue su camino. El provocador parece sorprendido. En el ascensor del hotel, Vedder se ríe, dejando ver sus hoyuelos por debajo de la barba estilo Jim Morrison. "Tal vez era sólo un gran fanático de Gavin Rossdale."
Hace unos años, Vedder podría haberse derretido por la provocación. Ese era el Vedder que recibió el Grammy con las graciosas palabras: "No creo que signifique nada"; el que una vez le gritó: "¡Dejame en paz!" a un joven fan frente a un periodista. Pero este Eddie Vedder tiene 41 años. Y en los diez años o más que pasaron desde que lo vimos refunfuñando en "Alternative Nation", el tipo desarrolló su sentido del humor. Estar enamorado de su nueva novia, la modelo Jill McCormick, y al servicio de su hijita de 2 años, Olivia –quien heredó sus intensos ojos de color azul grisáceo–, le sienta bien. Y existen otras razones, más profundas, para su flamante paz interior, como dirá mucho más tarde esa noche. Según el guitarrista de Pearl Jam, Stone Gossard, "Ed está en el mejor lugar que lo he visto jamás".
Lo mismo podría decirse de Pearl Jam, a pesar, o a causa, del hecho de que pasaron buena parte de la última década destrozando deliberadamente su propia fama. Evitaron hacer videoclips y salir por televisión; encararon una árida y desafiante batalla contra Ticketmaster; y lanzaron una serie de álbumes altamente introspectivos e idiosincrásicos que comenzó con No Code, de 1996. Giraron incesantemente y se convirtieron en uno de los más grandes shows de estadios, generando un culto fanático, estilo Grateful Dead, que siguió con maratónicos shows para verdaderos creyentes en el casi extinto estilo de los Bruce Springsteen, los Who y U2. Pero para los no fanáticos, la banda pareció estar cerca de la desaparición. Nunca se diluyó, aunque el primer guitarrista Mike McCready admite: "Algunas veces estuvimos cerca".
Ahora, Pearl Jam está en el proceso de reclamar su largamente abandonado lugar en la primera línea del rock. "Son frescos, están hambrientos y están listos para zarpar", dice el presidente de BMG, Clive Davis, con quien hace poco firmaron el segundo contrato con una de las principales discográficas en su carrera. En mayo lanzaron Pearl Jam, un álbum que estalla de energía punk anti Bush. Es, según declaración universal, su mejor trabajo desde Vitalogy, de 1994, y el primero desde su debut, Ten (1991), que capta la atención con himnos descarados. "Siento que estábamos entregando nuestra tarea a tiempo y que nos sacábamos Sobresaliente, pero en realidad no levantábamos la mano en clase ni decíamos lo que pensábamos", dice Vedder. "En este disco decimos lo que pensamos frente a toda la clase."
Hasta ahora, el mundo está escuchando: Pearl Jam ha pasado más de un mes en los primeros puestos, y su primer single, el estallido antibélico –mezcla de Ramones con The Who– "World Wide Suicide" fue un éxito que devolvió a la banda a la radio. Ellos demuestran una nueva actitud de promocionarse –aparecen en Saturday Night Live y en el programa de Letterman–, en parte porque quieren que su voz política sea oída. "Parece un momento difícil para tener participación en nuestra democracia", dice Vedder. "Y yo creo que nosotros somos representativos en los Estados Unidos. Tenemos que usar esa plataforma."
Estar junto a los miembros de Pearl Jam –como estuve yo durante cinco días, mientras realizaban el primer tramo de su gira por los Estados Unidos– es como reconectarte con viejos amigos de la secundaria: no los viste en años, pero de algún modo te sorprende que hayan tenido la audacia de cambiar mientras vos no los veías.
En contraste con su imagen cristalizada en el tiempo –sin humor, paranoicos, constantemente a punto de explotar–, los miembros de la banda parecen alegres y relajados en las fechas de la gira que paso con ellos. Como la mayoría de los músicos de los que estuve cerca durante años, no pasan mucho tiempo juntos cuando no están trabajando. "Nos damos nuestros espacios, porque cuando estás viajando todo el tiempo, estás clavado frente a la cara del otro", dice el baterista Matt Cameron.
Pero estos tipos se llevan bien, y están lo suficientemente cómodos como para recibir a un extraño que insiste en ver sus pruebas de sonido y en acompañarlos cuando suben y bajan del escenario. A menudo, antes de cada show, intercambian entre sí saludos de puños cerrados (y para la segunda noche, McCready me da uno a mí también).
Vedder ve a la banda como ejemplo de una democracia funcional. "Para la gente es más significativo el hecho de haber estado juntos por más de quince años que decirles: «No es fácil, pero se puede»", me dice en Cleveland. Pero Pearl Jam también es una tiranía: incluso Gossard –que fundó la banda y aportó la música de la mayoría de sus primeros hits– se rindió a la voluntad del tipo al que a veces llama "Ed Ved". "En algún momento, Ed se dio cuenta de que era la figura principal en la banda", dice Gossard. Con el cabello corto y anteojos de marco de metal, parece como si trabajara en un sitio web. "Si yo fuera capaz de cantar y crear la clase de energía que Eddie es capaz de crear, estoy seguro de que tendría también la habilidad de decir: «Esto no me parece bien». Yo creo que él podría hacer muchas cosas diferentes, pero que elige Pearl Jam como el vehículo que le gusta. Es maravilloso formar parte de eso."
En el backstage de un estadio en Grand Rapids, Michigan, mientras a unos metros se desarrolla un torneo de ping pong, Vedder y yo nos sentamos en un par de sillas plegables frente a una laptop Macintosh. Los poderosos acordes de "Life Wasted" –el segundo single del álbum– salen de los minúsculos parlantes. Estamos viendo un video de Pearl Jam recién lanzado, el primero en el que aparecen desde "Jeremy", de 1992. Vedder mira pensativo en silencio, marcando el ritmo con el pie. El video, muy arty, explora el tema de la canción, la muerte y el renacimiento, mostrando esculturas de apariencia viva de los miembros de la banda, sujetas a exóticas formas de abuso: prendidas fuego, hundidas en agua, infestadas de gusanos e insectos. Entremezcladas, hay esparcidas algunas tomas de Vedder cantando mientras la banda toca. Cuando el video funde a negro, pregunto si fue realizado con dibujos generados digitalmente. Vedder me mira herido y me explica que un artista multimedia, Fernando Apodaca, creó las imágenes esforzadamente durante seis meses filmando esculturas. Los tipos tuvieron que hacer moldes de sus cabezas, y Vedder sacrificó sus pestañas en el proceso. "Las publicaciones médicas dicen que eventualmente volverán a crecer", dice, mostrando su look despestañado.
Para hacer el video, la banda debió superar su aversión al formato. Cuando "Jeremy" ganó el premio al video del año, Vedder sintió que el premio debía llamarse "Mejor publicidad para tu CD". "Yo creo que queríamos corrernos de ese lugar", dice, y agrega con una leve sonrisa: "Veníamos de una postura como la de los indios nativos norteamericanos, que pensaban que si les tomabas una foto, parte de su alma les era robada".
Durante el primer estallido de fama de Pearl Jam, Vedder tenía razones para creer que algo más que su alma estaba en riesgo. "Hubo algunos problemas con personas que nos perseguían que nunca pensé que me irían a pasar", me dice una tarde en su suite del Four Seasons de Chicago, mientras fuma uno de sus cigarrillos American Spirit y –como para contrarrestar el daño a su voz– bebe té. Está vestido en un estilo que bien podría describirse como de "hombre de las cavernas grunge descongelado": remera lisa, pantalones de corderoy y lo que debe ser el último par de Dr. Martens en los Estados Unidos. Sobre su falda, como compañía constante, hay una notebook Mead negra –decorada con el autoadhesivo de un blanco como guiño a su devoción por The Who– donde guarda las letras que está escribiendo.
Los ojos de Vedder se achican y él continúa hablando despacio: "Alguien que tenía problemas mentales graves y desequilibrios químicos terminó persiguiéndome porque pensaba que las canciones hablaban acerca de ella y que yo era el padre de sus dos hijos, y que esos niños eran producto de violaciones, y que yo era Jesús y que Jesús viola". Hace una mueca.
"Todo el mundo dice: «La fama, bla, bla, bla». No, no. Esto no es la fama. Estas son amenazas físicas a tu vida." Vedder es vago en los detalles, pero el problema parece haber tenido su pico entre 1994 y 1996. El y Beth Liebling (con quien se casó en 1994 y de quien se divorció en 2000) colocaron rejas nuevas alrededor de su casa en Seattle y contrataron seguridad las 24 horas, e incluso pidieron que el que era el sello de Pearl Jam por entonces, Epic Records, ayudara a pagarla: "Si quieren que haga discos, van a tener que ayudarme a pagar mi seguridad". De todos modos, revela: "Un día la mujer avanzó con su auto hacia la puerta de mi casa a unos 50 km por hora y casi se mata".
El miedo a la perseguidora –el cual da cuenta en el tema "Lukin", de No Code, de 1996 ("encuentro a mi esposa, llamo a la policía, el trabajo de este día nunca termina/ lo último que supe es que esa loca portaba un arma")– hizo que para Vedder fuera difícil salir de la casa y eso contribuyó a su reputación de recluso cascarrabias. No cuenta qué le pasó a la mujer, pero señala que sigue viva y que ya no hay denuncias en su contra. "Siempre será un problema", dice. Eventualmente, Vedder encontró otro lugar para vivir, fuera de Seattle, un lugar del que no dará el nombre.
Cerca de 1996, Vedder decidió que ya estaba harto de la fama y de los hits (en el estudio, los temas potencialmente exitosos empezaron a sonar como "amenazantes" para él). La banda dejó de dar entrevistas. Vedder comenzó a reducir la carga pegadiza de la música de Pearl Jam, lo cual puede ser el motivo por el cual algunas de las canciones más pop de la banda pueden encontrarse en su colección de lados B, Lost Dogs. "Sentía que con más popularidad íbamos a terminar explotando, que nuestras cabezas iban a estallar como uvas", dice.
La peligrosa acosadora era sólo el símbolo más visible de la fea experiencia de Vedder con la fama. Es fácil olvidarse de lo grandes que llegaron a ser Pearl Jam, Nirvana y el amorfo concepto del grunge a comienzos de los 90. Ten vendió más de 12 millones de copias. Las imágenes de la moda grunge aparecían en Vogue y la música de la banda dominaba las radios pop.
Ahora Pearl Jam es la última banda en pie de su época, sobreviviendo a pares (Soundgarden, cuyo baterista ahora toca en Pearl Jam), rivales (Nirvana) e imitadores (Creed). Vedder duda en bucear en esos extraños primeros tiempos. "Esos son los temas de los que no quiero hablar, porque todo es mentira, y hay que haber estado allí", me dice, dando una pitada a su cigarrillo. "Fue realmente intenso: eran sentimientos puros saliendo de individuos reales y siendo cooptados rápidamente por las masas y caricaturizados. Y no éramos un chiste."
Sin videos y con muy poca promoción extra, el segundo álbum de Pearl Jam, Vs., llegó a vender 7 millones de copias. El que siguió, Vitalogy, vendió 5 millones, y No Code apenas alcanzó el platino. No todos en la banda estaban contentos. "Cuando nos retrajimos, yo sentía: «Uh, man»", dice McCready, sentado en su camarín en Chicago. "Yo me sentí un poco deprimido, porque quería seguir haciendo videos. Tenemos esta oportunidad, tomémosla, ¿no? No la arruinemos."
Pero los miembros de la banda ahora coinciden en que hicieron lo correcto. "Por suerte, resultó que no lo arruinamos, porque seguimos en pie", agrega McCready. "Y tal vez hayamos alienado a algunos fans a lo largo de los años, lo cual me hace sentir mal. Pero nos permitió sobrevivir como banda." Gossard dice: "En retrospectiva, fue brillante: era lo que teníamos que hacer. La intuición de Ed fue absolutamente correcta. Si hubiéramos seguido el consejo de todo el mundo en la industria o nuestros propios egos, habríamos seguido hasta secar el cauce".
Kurt Cobain se sintió aun más perturbado por su repentina fama, y su retiro fue, si cabe, más terminal. El pasó mucho tiempo injuriando a la banda en la prensa, acusándola de ser pionera en "la fusión corporativa y alternativa de rock-poronga". "No creo que jamás haya comprendido a la banda", dice Vedder suavemente, cobijándose una noche en un sillón. "De todos modos, creo que si hubiera sobrevivido, nos habría entendido. Disculpame, eso suena grandilocuente, pero es cierto."
Vedder mira hacia un punto distante. "Lo extraño", dice. "Muchas veces, cuando paso junto a una guitarra, un fogón o algo, pienso que él podría estar aquí con nosotros . Pienso en él todo el tiempo."
Vedder y Cobain, como se sabe, se reconciliaron, al menos temporalmente, el 10 de septiembre de 1992 en los mtv Video Music Awards. "Bailamos lento bajo el escenario mientras Eric Clapton tocaba «Tears in Heaven»", dice Vedder, arrugando la frente. "Estábamos bailando como si estuviéramos en el baile de séptimo grado."
–¿Te queda un gusto amargo?
–No, yo respetaba a Kart
–¿Quién conducía el baile?
–Es una buena pregunta. Eso es lo bueno, ninguno conducía.
Mike McCready mira a través de sus anteojos de marco anaranjado el cielorraso de vidrio y metal del Museo del Salón de la Fama del Rock & Roll en Cleveland, donde varios autos cubiertos por graffiti cuelgan como móviles de dos toneladas. Son restos de escenografía de la gira Zoo TV de U2. "Fuimos teloneros de U2 en esa gira europea", dice McCready. "¡El público nos detestaba!" Es sábado a la tarde y estamos en la fila para comprar entradas.
McCready, cuyos solos bluseros proveen algo de lo que Cobain despreció como "rock-poronga", es un alcohólico naturalmente recuperado que solía correr desnudo por el escenario. En sus días de fiesta intensa, sus compañeros de banda lo trataban como a un hermano menor, pero su rol se ha expandido firmemente: McCready escribió la nueva canción épica "Inside Job", y por primera vez Vedder canta sus letras.
Después de entrar a ver la exhibición principal, terminamos, inadvertidamente, frente a una enorme vitrina dedicada a la escena de Seattle de los 90. Adentro, entre otros objetos, hay restos de una Stratocaster destrozada, con una placa que dice que perteneció a un tal Mike McCready. "No tenía idea de que esto estaba aquí", dice un poco sorprendido.
En pocos segundos, se convierte en una involuntaria parte de la exhibición, cuando los fans forman fila para sacarle fotos. Mientras, una grabación ofrece la historia de la escena; nos informan que Andrew Wood, el extravagante cantante de la banda de Seattle Mother Love Bone, murió el 19 de marzo de 1990 a causa de una sobredosis.
Un guardia de seguridad nos reprende a los gritos por sacar fotos. Camino a la salida, McCready retoma desde donde dejó la voz en off, recordando sus primeros jams con el ex guitarrista de Love Bone, Gossard, poco después de la muerte de Wood. En su momento, no parecían cosas que fueran a llegar al Salón de la Fama. "Eramos sólo Stone y yo en la casa de sus padres", dice. "El tenía esos riffs. Estuvimos trabajando en «Alive», «Even Flow» y «Black», nosotros dos solos, durante mucho tiempo."
Gossard había rastreado a McCready tras verlo tocar "Couldn’t Stand the Weather", de Stevie Ray Vaughan, en una fiesta. McCready, a cambio, alentó a su nuevo compañero de banda para que se juntara con el bajista de Mother Love Bone, Jeff Ament (un skater simple de la Montana rural que había construido una singular amistad con Gossard en la banda Green River). El grupo –que también incluyó al futuro líder de Mudhoney, Mark Arm– difuminó los límites entre el punk y el metal (Gossard era fan de Van Halen, mientras que Ament prefería a Black Flag). Juntos en la banda ayudaron a crear el sonido pesado y oscuro que llegó a ser conocido como grunge.
Dos noches antes, en una parrilla de Chicago, Ament, que sigue siendo skater –y todavía se viste como skater, con una remera negra con la cabeza de una cabra en un pentagrama– se acomoda en un box de cuero. Cuando comenzamos a cenar, Ament sitúa la ruptura de Green River en un show de Jane’s Addiction en Los Angeles: Gossard y Ament estaban maravillados con el rock tribal y explosivo de Perry Farrell, mientras Arm –que continuó definiendo el sonido del grunge con Mudhoney– se sentía disgustado por lo que veía como pretensión de estadios. "Cuando vimos a Jane’s Addiction, pensamos: «Eso es lo que queremos hacer»", dice Ament.
Tras la muerte de Wood, Gossard quiso formar una banda más "oscura". Hasta que un día, entró en un estudio de grabación de demos con McCready, Ament y el mejor baterista de la ciudad, el castigador de parches Matt Cameron. Tocaron versiones instrumentales de canciones como "Even Flow" y "Alive". La grabación llegó a un surfer de San Diego y encargado de una estación de servicio llamado Eddie Vedder (que acababa de irse de su banda, Bad Radio).
La leyenda dice que Vedder escribió la letra de las canciones en un rapto de inspiración, mientras surfeaba. Esa particular historia, me cuenta en su habitación del hotel en Chicago, es "ciento por ciento verdadera". Pero admite que otra vieja leyenda es menos certera: que el nombre Pearl Jam viene del nombre de la abuela de Vedder, Pearl, quien, según él solía decir, estaba casada con un indio norteamericano y tenía la costumbre de cocinar conservas sazonadas con varios alucinógenos. Es cierto que su bisabuela se llamaba Pearl. El resto, en verdad, es "un completo invento".
Enterados de lo que Vedder admitió, Ament y McCready parecen aliviados. Ellos cuentan la historia real –aunque menos romántica– detrás del nombre de la banda. Estaban en un restorán de Seattle tirando ideas, cualquier cosa que reemplazara el nombre original, Mookie Blaylock (inspirado en la estrella de la nba), y a Ament se le ocurrió "pearl". La banda no encontró la segunda parte de su nombre sino hasta 1991, en un viaje a Nueva York para firmar contrato con Epic Records. Gossard, Vedder y Ament condujeron para llegar a ver a Neil Young tocando en el Nassau Coliseum. "El tocó como nueve canciones en tres horas. Cada canción era como una jam de quince o veinte minutos", dice Ament. "Así es como «jam» se agregó al nombre. O al menos, así es como lo recuerdo."
Las luces de las casas en el estadio Van Andel de Grand Rapids se encienden de golpe como un repentino amanecer mientras Gossard se zambulle en el sinuoso riff de "Alive". Vedder asume una pose conocida, apretando el sostén del micrófono con las dos manos como si estuviera en peligro de salir volando del escenario, y comienza a cantar, "Son, she said, have I got a little story for you..." [hijo, tengo una pequeña historia para vos...]"Alive" es, con algunas alteraciones, la historia de Vedder. Cuando tenía 17 años, su madre le dijo que Peter Mueller, el hombre al que conocía como su padre –y a quien odiaba– no era su padre. Su verdadero padre era el primer marido de su madre, Ed Severson, que había sido músico lounge por un tiempo y que había muerto varios años antes por esclerosis múltiple. Vedder, que utiliza el apellido de soltera de su madre desde la revelación, tenía cuatro meses cuando su madre y Severson se divorciaron; él creció creyendo que era sólo un amigo de la familia.
Alejándose de la realidad, el narrador de "Alive" sugiere una relación incestuosa con su madre (fíjense en la estrofa que comienza: "Oh, she walks slowly, across a young man’s room" [oh, ella entra despacito en la habitación de un joven]). "En mi situación no hubo incesto", dice Vedder. "Pero la gente que conoció a mi padre –mujeres– venía y me miraba cuando era adolescente de un modo que no creerías. Me miraban porque yo tenía su cara y él estaba muerto desde hacía al menos diez años. Entonces no me podían quitar los ojos de encima. Y seguramente a mi madre le pasaba algo parecido, ella siempre me miraba."Vedder comenzó a cantar cuando tenía 6 años; llegaba a las notas altas de Michael Jackson en los viejos discos de los Jackson 5. "Cuando me cambió la voz, yo pensaba: «Guau, de golpe sueno como James Taylor»", recuerda Vedder. Desde entonces escucha una grabación de su padre cantando canciones de Gordon Light; el estilo es más pulido, pero Vedder oye algo familiar en su voz. En el escenario en Grand Rapids, Vedder mira hacia los fans que levantan el puño y le agrega una frase a "Alive" que no está en la versión del disco: "We’re all, we’re all still alive!" [todos estamos, todos estamos vivos aún]. Y dice mientras la banda suena detrás de él: "Déjenme decirles, no es fácil".
Eddie Vedder esta tratando de emborracharme. Estamos en su suite del hotel después del show de Cleveland. El abre una Bud con su encendedor y me la pasa; antes de que la termine, intentará darme otra. Ya se bajó una botella de tinto en el escenario, como siempre, así que ahora bebe más despacio, demorando una Coors.
"De hecho traté de hacer algunos shows sin beber", dice más tarde esa noche sobre su hábito con el vino. "Pero, ¿viste que los bartenders pueden colar algún trago pero los ayudantes de camarero no? Yo me siento más como el ayudante de camarero; sólo estaba trabajando." Vedder solía fumar porro con cierta frecuencia, pero desde el nacimiento de su hija no tocó ninguno. También pasó por su "fase éxtasis", e incluso intentó grabar algo de tecno. "Escuchaba esas cosas con éxtasis. Pero me preguntaba: «¿Ellos componen con éxtasis?». Decidí que el modo más puro de hacerlo era tomar un éxtasis y luego escribir música para éxtasis", se ríe. "Eso no funcionó. Pero disfruté el éxtasis."
En el backstage antes del show en Cleveland, él me pregunta: "¿Estás listo para acostarte tarde?". Yo estaba listo. Vedder pone música acorde y desaparece en su habitación. Después de un rato, el nuevo álbum de los Strokes llena el lugar. "Obviamente tengo muchas otras cosas, pero esto es lo que está a mano", se disculpa.
Para ser alguien que pasó años esquivando a la prensa, Vedder es un gran entrevistado, comprometido y verborrágico. Cuando se mete en una anécdota, su voz baja es casi hipnótica. Cuando empezamos, toma una jabonera para usarla de cenicero y enciende el primero de muchos American Spirits.
Le pregunto sobre "Life Wasted", en la que canta "enfrenté una vida malgastada/ nunca voy a volver". El cierra los ojos y me cuenta cómo asistir al funeral de un amigo puede ayudarte a "darte cuenta de que esto es un don, estar vivo. Cuando te vas de ese funeral, tenés una percepción renovada de la vida. Y yo creo que ese sentimiento puede durar todo el día, toda la semana, pero luego las cosas vuelven a la normalidad y comenzás a tomar el hecho de vivir, de respirar y de comer, por sentado. Yo creo que esa canción está ahí para recordar ese sentimiento".
Vedder tenía a un amigo específico en mente cuando escribió la canción: "Estoy un poco sensible, y ésta era una relación personal y muy cercana. Sólo diré eso. Qué mierda. Directamente. La mitad del disco está basada en la pérdida del tipo que resultó ser el mejor amigo que tuve en la tierra. Era Johnny Ramone". De pronto, los tempos rápidos y los pegajosos acordes power de Pearl Jam cobran mucho más sentido.
Era una extraña amistad: el guitarrista de los Ramones, que murió el 15 de septiembre de 2004 –un mes antes de que Pearl Jam comenzara la grabación de su nuevo álbum– era un ferviente republicano y, según la mayoría de los testimonios, no era el hombre más cálido del mundo. "Solíamos reírnos por el hecho de que yo lo hice un mejor ser humano y él me hizo más idiota", dice Vedder. Vedder, junto al guitarrista de los Red Hot Chili Peppers, John Frusciante, Vincent Gallo y Rob Zombie, pasaban horas en la casa de Ramone, donde él les hacía escuchar música (en un jukebox, no con la guitarra) y les mostraba videos de Gene Vincent o los Dead Boys. "Eramos los alumnos de Johnny Ramone, y estamos por siempre agradecidos", dice Vedder. "Nunca sentí la pérdida de alguien con quien hablaba con tanta frecuencia, con tanta profundidad."
Pero fue otro amigo famoso el que lo ayudó a resolver el drama central de su vida. La madre de Vedder estaba en medio de un doloroso divorcio con Mueller cuando le dijo a Vedder, de entonces 17 años, la verdad sobre su padre. Vedder y Mueller ya se llevaban mal (en un momento, según él alegó, su padrastro lo empujó un piso por las escaleras, aunque Mueller lo negó). Cuando era chico, me cuenta Vedder, solía manejar el dolor de esa relación yendo al parque con su guitarra y cantando la canción de uno de sus héroes, Bruce Springsteen, "Independence Day", la historia de un padre y un hijo que toman distintos caminos: "No había manera de que cupiéramos los dos en esa casa". En la gira de 2004, Vote for Change, Vedder finalmente se hizo amigo de Springsteen.
Una noche, Vedder y Springsteen –un músico que ha escrito muchas canciones ligadas a las cuestiones con su padre– estaban en una terraza de Manhattan bebiendo tequila. "Hablábamos de política, y luego de temas familiares, algo sobre lo cual él tiene mucha experiencia y en lo que tenemos mucho en común. Fue una conversación bastante intensa", dice Vedder, conmovido. "El me contó algunas de las verdades que había procesado de manera saludable, que para mí estaban todavía en un estado de enfermedad. El me ayudó a curar algunas cosas con las que había estado viviendo durante mucho tiempo." Esa noche, Vedder le dijo a Springsteen que solía tocar "Independence Day" y le contó el modo en que su música lo afectaba. "Ahora me ayudaste a liberarme de eso mirándome a mí mismo como un ser humano."
Poco tiempo después de esa conversación con Springsteen, Vedder asistió a la boda de uno de sus hermanos. Allí se encontró cara a cara con su padrastro por primera vez desde los 80. "Cuando finalmente tuve que ver al tipo de nuevo, Bruce fue el que me dio las herramientas para manejarlo bien", dice. "Tengo tres hermanos menores, y si a ellos les afectó que yo no tuviera relación con ese tipo, eso ya era una razón para perdonar y resolver las cosas. No quería que se sintieran tironeados entre nosotros dos."
Pasamos a otro tema duro: el fin del matrimonio, en 2000, de Vedder con Beth Liebling, con quien salía desde que eran adolescentes. El no explica la ruptura, pero sí dice que estuvo devastado. El divorcio ocurrió casi al mismo tiempo que la peor tragedia en la carrera de Pearl Jam: nueve fans murieron aplastados el 30 de junio de ese año durante un show en el festival Roskilde, Dinamarca. "Podrás imaginarte la posición fetal en que me encontraba", dice. "Sólo me acuerdo de pensar que no había salida. Escuchaba The Who by Numbers y en particular una frase de «Slip Kid»: «No existe un camino fácil hacia la libertad». Yo pensaba: «No podría estar más de acuerdo»."
Luego Vedder conoció a Jill McCormick. Ella era modelo, una profesión que él había destrozado en el tema "Satan’s Bed" de Vitalogy: "Tan buenos ejemplos, putita flaca/ modelo, modelo de comportamiento, ruedan algunas modelos en sangre/ consigan un poco de carne para pegarles, así se parecen a nosotros". Cuando le pregunto si le pidió disculpas por esa letra, se ríe. "Mirá, la persona de quien me enamoré resultó que trabajaba de eso. Hubo un par de días en los que pensaba: «Guau, esto parece contradictorio». Tuvo que pasar una prueba más dura que si me enamorara de cualquiera. Y la pasó."
Pero antes de su nueva relación, mientras Vedder aún sufría por lo ocurrido en Roskilde y por su divorcio, la banda salió de gira. Sonic Youth abría, y el hijo de Thurston Moore y Kim Gordon, Coco, de entonces 6 años, fue con ellos. "Coco me daba dibujos, jugábamos al ping pong. Coco me hizo pensar que debía abrir mi mundo, tratar de no ser el idiota amargo que tenía derecho a ser. Pensé en Roskilde, y me dije: «Ok, ésta es mi oportunidad, ahora puedo ser ese amargo por siempre». Coco me llevó hacia la luz."
"Y ahora tengo el mío propio." Me muestra algunas adorables fotos de Olivia Vedder, nacida el 11 de junio de 2004. Son casi las 5 de la mañana. Vedder sacude la cabeza y me mira a los ojos. "Roger Daltrey tenía esa frase que decía siempre: «Sé afortunado». A mí me llevó años lograrlo, pero seguí su consejo."
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