
Robert Palmer, irresitible en sus videos pero tan hogareño y apacible como un granjero, colgó sus trajes y pasó al escenario eterno.
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Después de un cena en París y una película, en plena época en que la ciudad busca la tranquilidad luego de los meses intensos y turísticos del verano, Robert Palmer se dirigió al hotel Warwick. Y así, luego de comer y dar un pequeño paseo, murió de un infarto el pasado 26 de septiembre.
Palmer, dueño de una cabellera que se resistía a cederle espacio a la calvicie, había nacido en 1949 en Batley, Inglaterra y, al igual que otros de su generación, oyó el rock y el R&B que llegaban desde el otro lado del Atlántico. Más tarde descubrió el Caribe y el reggae y los incorporó a su música, aunque los sonidos negros nunca fueron tan puros como el blues en los Rolling Stones, o tan ingeniosos como el reggae en The Police, lo negro en Palmer, estaba más en sus trajes, que lo diferenciaron de los típicos rockeros vestidos de cuero o jeans.
Durante su carrera, Robert Palmer pasó por varias bandas antes de convertirse en solista en 1974, cuando publicó su álbum Sneakin’ Sally Through the Alley. Aún así, el éxito no llegó de inmediato y tuvo que esperar hasta 1979 para tener su primer hit radial, Bad Case of LovingYou". La obra de Palmer no era excepcional y su fama estaba más ligada a su imagen, que a sus canciones, que eran la banda sonora del mujeriego ochentero, el que recibe a las damas con una mirada que en todo momento parece decir
"¿qué te tomas?". No eran temas dulzones ni preludios sexuales a lo Barry White, sino más movidos, pues Palmer supo aprovechar la llegada de los años ochenta, de los que usó la energía que trajeron los sintetizadores del new wave, para darle fuerza a su música.
A pesar de su prolongada carrera, el verdadero éxito llegó de manera tardía cuando en 1985 la canción "Addicted to Love", del álbum Riptide, llegó a ser número 1. Así mismo, el video de "Simply Irresistible", aumentó su fama y las mujeres delgadas e impecables que bailaban con una guitarra terminaron por convertirse en un icono de la década del video clip.
Poco se supo de Palmer en los últimos años, no porque no hubiera seguido trabajando, sino porque su música no resistió el paso de los ochenta a la siguiente década, la del grunge, el rap-metal y la música electrónica.
Su vida privada era diferente de la imagen del playboy de MTV. Fiel y estable en su relación de veinte años con Mary Ambrose, Palmer llevaba una existencia tranquila en Suiza, donde ahora reposan sus restos. Descansa lejos del cementerio parisino de Pére Lachaise, turístico y funerario, que no siempre está destinado a guardar los cuerpos de los famosos, sobre todo los que aún en el más allá prefieren llevar una eternidad pacífica sin que los atormente el fantasma beodo de Jim Morrison.
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