
“La mujer, lo más importante”
A boca de jarro: Silvia Freire
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"¡Pero no es así!", protesta la escritora y guía vivencial Silvia Freire cuando escucha quejas de que se ensaña con las mujeres en sus libros y comentarios radiales. "¡La mujer es lo más importante del planeta! Somos el eje del mundo y por eso tenemos una gran responsabilidad. Dios nos preparó para grandes cosas, pero nos encanta perder el tiempo en tonterías y quejarnos y decir que nos sentimos frustradas", agrega muy seria.
Freire es autora de once libros, cuatro de los cuales contienen charlas con el periodista y conductor Rolando Hanglin, autor de una frase que Freire suele mencionar: "Tenemos una vida regia, lástima uno, ¿viste?"
–¿Cuál sería el rol de la mujer en el mundo?
–Ser anfitriona. Pero ser anfitriona no significa ser esclava. Todo lo contrario: es dar, contener, apoyar, transformar, ver con claridad, crear a su alrededor esos buenos momentos de afecto y alegría que hacen que valga la pena vivir. Lograr que los demás se sientan cómodos en su paso por la vida. En la programación neurolingüística se dice que las palabras pueden ser paredes o ventanas. La mujer es la encargada de abrir esas ventanas, porque buena parte de la comunicación en la vida diaria depende de ella.
–Pero hay mujeres que dicen que se sienten sometidas y frustradas...
–En realidad, no hay nadie que venga a someter a nadie; salvo que haya alguien que necesite ser sometido. Pero, históricamente, la mujer siempre adoptó una postura de víctima y entonces todos compramos que es una víctima, pero no es así. Eso es lo que gusta del existencialismo, la idea de que todos somos responsables por lo que nos pasa. En cuanto a la frustración, ocurre cuando no nos conectamos con nuestro ser profundo, cuando no somos auténticos.
–¿Qué es una guía vivencial?
–Eso, una guía de vida. Llegué gracias al dolor y a la necesidad de encontrar una salida. Así entré en contaco con mis sabios y queridos Anthony de Mello, Gurdieff, Krishnamurti, Deepak Chopra, Louise Hay, Osho... la lista es interminable.
–¿Alguna preferencia?
–No, me gustan todos (ríe). En realidad, soy católica, pero no le extrañe que en mi versión del Evangelio en algún rincón del camino se encuentre con Buda o Lao Tsé. Ellos completaron mi formación haciéndome comprender algunas cosas que no entendía, por ejemplo, con la teoría del karma.
–¿Tiene una meta?
–Quiero ser feliz, porque la gente que me rodea se lo merece. No estoy en la queja; cuando hay algo que no me hace bien lo reparo. Soy una persona muy práctica y me he dado cuenta de que mi alegría es contagiosa porque todo el mundo en el fondo quiere ser feliz.
–¿Cómo habría que vivir?
–Por supuesto, no podemos sentarnos en la postura del loto y recitar el mantra Om en la avenida 9 de Julio, porque nos pasan por arriba. Debemos asumir nuestra realidad y tratar de disfrutar del trabajo, pero destinando una parte del tiempo a conectarnos con nuestro mundo interior. Vivimos rodeados de cosas extraordinarias. Por ejemplo, mientras hablo con usted miro a través de la ventana y me asombro observando esa rama acariciada por el viento mientras el sol ilumina las hojas cambiándoles el color a medida que transcurren los minutos. Y después está el tronco de ese árbol muy viejo con sus extrañas texturas en gris, azul y verde. ¡Todo eso es fabuloso! Y fluir...
–¿Qué entiende por fluir?
–La mayoría de nosotros vivimos crispados, tensos, como si estuviésemos agarrados al borde de una pileta con miedo a ahogarnos. Cuando lo que tenemos que hacer es soltarnos, fluir, flotar, así todo es más sencillo. No estar en contra de la realidad, sino ir con ella, tomar todo lo que nos pasa como una posibilidad para ser mejores, más afectuosos, más felices.
–Volvamos atrás, ¿qué le diría a una mujer frustrada?
–Que trate de volver a la infancia, a la adolescencia, para reconectarse con sus sueños. Generalmente, hubo algo que no hicimos, que demoramos. Que trate de conectarse con eso que perdimos (siempre se puede rescatar algo) y a partir de allí volver a andar el camino. Así, en algún momento veremos que nos reencontramos con nuestra fuente, y ya no necesitamos robar en surtidores ajenos. Eso da una gran alegría.
–¿Y los hombres?
–Ustedes son algo cavernícolas (no se ofenda); los programaron para conseguir dinero, ya sea para mantener a la familia o para fines menos altruistas. Conservan el sentimiento primitivo de que el hombre es cazador. No saben comunicarse bien, por eso la que llena espacios, la que crea puentes, es la mujer.
–¿Algo para recordar?
–Que en momentos de crisis sólo la imaginación es más importante que el conocimiento. Una oyente (María Isabel) me envió esta historia: un hombre se fue de caza con su perro. Pero el animal se puso a corretear mariposas y se perdió en la jungla. A lo lejos vio una pantera que venía corriendo con evidentes deseos de devorarlo. Desesperado, vio los huesos de un animal y se puso a mordisquearlos diciendo: Mmm, qué rica pantera me acabo de comer. El felino escuchó y huyó asustado. Pero un mono que estaba viendo todo corrió a contarle a la pantera que el perrito la había engañado. Furiosa, la fiera regresó con el mono montado en el lomo. Cuando el perro los vio venir se acostó de espaldas, haciendo que no los había visto, y exclamó: Este mono tonto que no viene. Lo mandé a traerme una pantera porque todavía tengo hambre y no consiguió engañar a ninguna. ¡Quiero una mente así, por favor!
Angeles
"No nos tiraron en el Tíbet o en cualquier otro lugar. Si estamos aquí es por algo, tenemos una misión que cumplir. Y debemos tomar todo (obstáculos, piedras) como ayudas que el Creador nos pone para que no nos vayamos al abismo. Así, cuando lleguemos al final y podamos mirar los libros y los papeles nos vamos a dar cuenta de cuanto "ángel" anduvo acomodando las cosas. Es que realmente Dios nos quiere. Hacer levantar a un hijo temprano y con frío para mandarlo al colegio, pese al fastidio del chico, es fundamentalmente un acto de amor. Así actua Dios con nosotros."
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