La Obra: un mundo complejo, filosófico y existencial que Mariano Pensotti hace lucir
La pieza teatral se presenta en el Teatro Alvear
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Autor y director: Mariano Pensotti. Intérpretes: Rami Fadel Khalaf, Alejandra Flechner, Diego Velázquez, Susana Pampín, Horacio Acosta, Pablo Seijo y Julián Rodríguez Rona. Vestuario y escenografía: Mariana Tirantte. Iluminación: David Seldes. Música: Diego Vainer. Sala: Teatro Alvear (Corrientes 1659). Funciones: de jueves a domingos a las 20 h. Duración: 80 minutos. Nuestra opinión: Muy buena.
Elijo creer. Esta frase que instaló el fútbol trasciende al deporte y aplica para cada decisión que se toma sin certezas, cada acto de fe y cada vez que aceptamos como un hecho verdadero todo lo que nos cuentan. Esta compulsión del ser humano de creer en los relatos, la historia y considerar a la memoria como algo concreto, real y sin fisuras en nuestras vidas, es el mundo complejo, filosófico y existencial con el que trabaja Mariano Pensotti en su último gran estreno en Buenos Aires: La obra, que se presenta en el Teatro Alvear.
El nombre del espectáculo ya habla de una intención monumental: “La obra” remite a la historia de una representación que se volvió “la obra más grande del mundo” y también a un director obsesionado que decide hacer una obra sobre esa obra y a los procedimientos que usa Pensotti para crear una ingeniería ficcional que cada vez despliega nuevas ramas. Su teatro es, entre otras cosas, un formidable juego de cajas chinas, que deja al público entusiasmado ante la sorpresa y la emoción acerca de qué cosa extraña encontrará dentro de cada una.
La primera imagen de este espectáculo es el frente de una especie de casa circular, de madera, con alguna reminiscencia al mítico Globe Theatre de Shakespeare. La música imponente y la iluminación intensa hacen sentir que esa casa late: parece un objeto vivo, que contiene un mundo desbordante de relatos, versiones y posibilidades. Apenas inicie la maquinaria del teatro comenzará a desplegarse. La segunda imagen que impactará en el público argentino es que quien abre la escena es un actor sirio, que habla en francés. Se trata de Rami Fadel Khalaf, un artista que nació en Siria y en 2012 abandonó su país a causa de la guerra civil. Ahora, radicado en Berlín, es un refugiado de la guerra. Su presencia instala la extrañeza con la que se inaugura esta historia: interpreta a un director de teatro libanés que viaja a Argentina para investigar la historia de Simon Frank, un judío polaco que escapó de los campos de concentración, se instaló en Coronel Sívori, en la provincia de Buenos Aires, y decidió reconstruir su vida en una obra de teatro que tenía al pueblo entero como escenografía e intérpretes. En ese marco, aparecen los actores Alejandra Flechner, Diego Velázquez, Susana Pampín, Horacio Acosta y Pablo Seijo como los vecinos del pueblo que fueron testigos e integrantes de aquella gesta histórica que dura décadas y termina abruptamente cuando se descubre un secreto terrible.
Como intérpretes de una obra que tiene el sello Pensotti en todas sus decisiones, los actores tienen que jugar con el vértigo de una escenografía imponente, que gira y que les reclama velocidad, cambios de personaje, vestuario, pasar de la narración al diálogo, lograr momentos de mucho humor, y otros más calmos y sensibles, además de controlar una energía que pide transformación a medida que se abre una nueva historia. Para esta hazaña, La obra tiene un dream team.

La lógica de espectáculos del Grupo Marea (Mariano Pensotti, Mariana Tirantte, Diego Vainer y Florencia Wasser) funciona en esta pieza en una dialéctica ajustada de todo lo que han hecho en su historia. Esta casa que gira puede ser un homenaje de lo que significó El pasado es un animal grotesco (2010), para despuntar luego a todo lo que vino después y que en esta pieza aparecen: el enfoque experimental y transdisciplinar que fusiona literatura, cine y artes visuales para explorar la tensión entre la realidad y la ficción. Obras que emplean recursos narrativos complejos, como la fragmentación temporal, la superposición de múltiples historias paralelas, el uso de pantallas con subtítulos descriptivos y el desdoblamiento de los actores, quienes a menudo actúan como narradores de sus propias vidas en tercera persona.
No solo las escenografías son monumentales, sino que también lo es la dramaturgia: un edificio narrativo de muchos pisos, pasillos y escondites secretos. Un dispositivo escénico y literario que inhala y exhala complejidad, para mostrar el mecanismo que existe para construir una ficción y que las personas aceptamos con tanta ingenuidad al decidir creer. Mariano Pensotti, uno de los directores de teatro contemporáneo más importantes a nivel mundial, repite la maestría de su obra anterior Una sombra voraz, aunque a diferencia de la historia del escalador y su doble actor, aquí la sofistcación del procedimiento hace que su “obra-mundo” adquiera una vida propia de despliegue que impide momentos más íntimos, emotivos o profundos. Pero en eso radica la brillantez de este artista: puede pintar con todos los colores y eleva al público a buscar, ahora, aquel tono que todavía no se usó.
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