Máximo Eseverri habla sobre el libro que recupera la obra política de Luchino Visconti; descargá un fragmento en PDF
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Anota Máximo Eseverri, en su introducción a Raab/Visconti. La tierra tiembla: "Tanto el cine de Visconti como las formas de experimentarlo y compartirlo que Raab propuso tienen que ver con una acción cultural en la que conviven sin contradicción una fuerte intencionalidad política, un alto vuelo estético, una gran sensibilidad frente al sufrimiento ajeno y una implacable mirada crítica". De eso, y de qué significaron los proyectos de uno y otro (que fueron truncados), trata este libro que incluye un DVD con la película La tierra tiembla –la única de Luchino Visconti que no tuvo estreno comercial en nuestro país- y que inaugura la Colección Cosmos, editada por Eudeba y por el Centro Cultural de la Memoria Haroldi Conti, dedicada al análisis crítico de obras y de protagonistas de la historia del cine.
El libro La tierra tiembla se abre en varias historias que confluyen en una, como si fuera una muñeca rusa: ahí está el gran director del neorrealismo italiano proponiendo una trilogía fílmica de la que sólo puede concretar la primera parte; y el destacado periodista austríaco radicado en la Argentina, formador de varios, que busca proyectar la película para amigos y cinéfilos al modo del cineclub (ese artefacto cultural donde él mismo se había formado), y que, antes de lograrlo, es secuestrado por un grupo de tareas de la última dictadura.
Otros autores también aportan a las intenciones analíticas de estas páginas, coordinadas por Eseverri: Roberto Rosenfeldt, Guido Aristarco, Willy Acher, Jacques Doniol-Valcroze, Jean Domarchi, Michelangelo Antonioni, Brunello Rondi, Fausto Montesanti, Mariano Mestman y el propio Visconti. "Ésta es una experiencia truncada, pero no creo que sea una entre muchas otras", dice ahora Eseverri, un licenciado en Ciencias de la Comunicación especializado en Procesos Educativos (FCS-UBA) que da clases en la cátedra de Historia de los Medios de la carrera de Ciencias de la Comunicación y que publicó en el año 2007 el libro Enrique Raab: claves para una biografía crítica (Prometeo). Continúa: "Walter Benjamin dice que las ruinas de una civilización son lo que más y mejor habla sobre ella; en este y en otros casos similares, los proyectos truncos, lo que no fue, muchas veces nos permiten ver una época bajo una luz nueva, y puede ayudar a desalienar nuestra mirada, practicada desde el sesgo de lo actual. Los proyectos se generan en la gris frontera que separa la imaginación y la experiencia, y ocuparnos de ellos nos permite estudiar una sin desatender la otra".
¿Cómo se ve hoy La tierra tiembla?
El libro propone una forma de ver la película desde el Río de la Plata hoy, y al hacerlo propone también que hay muchas maneras de verla: a medida que pasan los años y las generaciones, todas las grandes obras crecen y se resignifican: el crítico Alejandro Ricagno afirmaba que las grandes obras se diferencian de las demás por cómo crecen en nuestro interior, "Raab/Visconti" propone –creo yo- que lo que pasa en términos individuales también sucede a nivel social.
¿Queda algo del espíritu cineclubero de la época de Raab?
Sí, mucho más de lo que podría suponerse: por un lado instituciones como Cineclub Núcleo se han sostenido en el tiempo aún más allá de sus fundadores. Otras personas que han forjado su cinefilia en espacios así han creado luego sus propios espacios o participado en otros de gran alcance, como el espacio de cine del Malba o el BAFICI. Lo que ha cambiado sin remedio es lo que esos espacios significaban social y culturalmente, lo que no es necesariamente malo. Esos espacios cumplieron muy bien su papel en su época, y hoy sobreviven a través de un legado, aunque el cine signifique hoy algo bien distinto para nosotros.
Que esta película no haya tenido un estreno comercial en Argentina, ¿fue un fracaso o una afirmación?
No veo la historia de la película en esas coordenadas, aunque sí es importante para su historia y la del cine local del período que no haya tenido un estreno comercial. En todo caso, creo que esta historia permite entrever que cierto cine corría por otros canales que los usuales, que ese ámbito no era marginal, que una misma película puede resignificarse en el tiempo, que había otras formas de experimentar el cine, y que sólo pueden recuperarse en su especificidad si se atiende al hecho fílmico de manera integral, esto es, más allá de su realización, que es donde se concentra el esfuerzo de los investigadores en general.
¿Dónde está el cine político hoy?
Esta es una pregunta gigante, que escapa a mi capacidad y mi conocimiento. La experiencia del hecho fílmico en general ha cambiado radicalmente, y con ella también se ha resignificado toda esa producción englobable bajo el rótulo de "cine político". Sin embargo, pienso que mucha de la producción actual habría interesado, aunque sea para denostarla, a los viejos cinéfilos que aparecen retratados en el libro: no es difícil imaginar las críticas que pudieran haber hecho a las películas de Michael Moore, ni tampoco cuánto habrían disfrutado un documental como Fog of War (La niebla de la guerra, 2003). Tipos como Enrique Raab se caracterizaban por una gran curiosidad, casi obsesiva, por todo lo relacionado con lo cultural, lo social, lo artístico y las costumbres: vivieron con mucha intensidad una época de gran ebullición, como la que les tocó vivir, y, aunque es contrafáctico, pienso que también les hubiera fascinado una época como la nuestra. Estamos privados de saber y sentir lo que fue poder comprar cada mañana un diario como La Opinión, pero también de leer un blog hecho por Sartre o de seguir el twitter de Rodolfo Walsh. En cuanto al cine, es difícil hacer una comparación cuantitativa o cualitativa del cine político actual con el de otra época, porque el mismo estatuto de la imagen ha cambiado radicalmente.
Para celebrar la aparición del libro se realizó una proyección de La tierra tiembla en la ex ESMA, el lugar donde fue desaparecido Enrique Raab. Y se utilizó la copia que el propio Visconti le había dado a la gente del Cineclub Núcleo. ¿Cómo fue esa experiencia?
La proyección fue excepcional en varios sentidos concretos: fue el evento de cine que más gente convocó en la historia del Centro Cultural Haroldo Conti, y se trató de una proyección de más de dos horas en blanco y negro, de una copia maltrecha, una fría noche de sábado, a comienzos de julio de 2011. Se congregaron más de doscientas personas y el evento duró, entre presentación, proyección y café posterior, alrededor de cinco horas. Hubo público de todo tipo, pero el que más hizo sentir su presencia fue el de los cineclubistas de Núcleo. Quizá lo más destacable fue la posibilidad de ver la copia en fílmico, "original" en el sentido que se trata de la copia traída por los cineclubistas, que pertenecía al mismo Luchino Visconti, con detalles (como las placas que separan los actos) que se han perdido en las copias digitales que circulan en la actualidad. Los asistentes fueron sometidos a ver la película con el ruido del proyector, en una sala no acondicionada, con luces que se prenden y proyección que se interrumpe para el cambio de cada acto, leyeron a través de un subtitulado electrónico los mismos parlamentos que los socios de Núcleo leyeron de un cuadernillo traducido y confeccionado por ellos mismos. Es decir, tuvo muchas cosas en común con las proyecciones que se realizaron hace medio siglo. El teórico inglés Tom Gunning dice que hoy podemos reconstruirlo casi todo acerca de las proyecciones del pasado, pero lo que nos es irremediablemente ajeno es la sensibilidad del público, es decir, la experiencia singular que determinadas personas tuvieron al enfrentarse a una obra fílmica de otro tiempo. Es con ese presupuesto que creo que tiene sentido un ejercicio de "reenactment" como el que realizamos en la ex ESMA.
Por Javier Sinay
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