
Uruguay for export", de Alfredo Zitarrosa, es una milonga del disco Guitarra negra, que el poeta uruguayo grabó exiliado en España en el año 1977
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Uruguay for export", de alfredo zitarrosa, es una milonga del disco Guitarra negra, que el poeta uruguayo grabó exiliado en España en el año 1977 (sí, casi en simultáneo con el estallido del punk en Londres). Dice más o menos así: "Temblando, con el frontal partido con el marrón, por el marronero, cae sobre sus costillas, pesada como un mundo, la res... Cae con estrépito, de bruces sobre el cemento...". A los Vela Puerca (Sebastián Teysera y Sebastián Cebreiro) se les eriza la piel cuando recitan (de memoria) ese poema. "«Guitarra negra» es súper transgresor aún hoy, ciento por ciento. Creo que Zitarrosa no midió la dimensión de lo que hacía cuando creó esa obra de arte", opina Cebreiro, uno de los cantantes de la banda, también conocido como el Cebolla. "Levanta unas imágenes muy fuertes, son increíbles todas las fotografías que uno ve de noche al escuchar a oscuras ese disco", completa Teysera, el otro cantante, alias el Enano.
En el rico imaginario que nutre la identidad de La Vela Puerca banda insignia del gran momento que vive el rock uruguayo, Zitarrosa tiene un lugar de privilegio. No es de extrañar, sonando como sonaba en la casa de ambos cantantes. En la del Cebolla, por ejemplo, también se escuchaban otros nombres de la canción uruguaya, como Daniel Viglietti y Carlos Molina, a la vez que su viejo se exiliaba en Buenos Aires, perseguido por su militancia en la fau, la Federación Anarquista del Uruguay. El Enano, por su parte, es heredero directo de esos poetas de la década del 70: "A mí me gusta escribir, es lo que más me gusta; canto por accidente", confesó alguna vez. Y esa mística literaria se corrobora en el nuevo disco de La Vela Puerca, A contraluz , recién editado y Disco de Oro en una semana. Es un álbum en el que estos yoruguas, por primera vez, se muestran adultos. O, en palabras propias, "es el disco más sincero y honesto que pudimos lograr hasta el momento, después de haber madurado en estos años de banda, de trillar ruta y tocar".
¿Había posibilidad de que no fuera sincero?
Cebreiro: Podríamos haber vuelto a repetir la fórmula del anterior, De bichos y flores, que era un disco con bastante personalidad. Para nosotros hubiera sido fácil, pero también quisimos reflejar el momento que estábamos viviendo.
Para el disco se prepararon treinta y cinco temas. Veintiocho llegaron al demo. Dieciséis se grabaron con alta calidad. Y catorce son los que conforman A contraluz , un cancionero que tiene a la vez potencia y delicadeza. Y un arte de acuarelas silenciosas y nostálgicas (muy montevideanas, claro está) que piden una edición en vinilo. La Vela Puerca le agregó al rock rioplatense el beat del ska, y logró una identidad que podría ubicarse, por raro que parezca, a medio camino entre Callejeros y La Mosca (acaso porque logró entender los sonidos jamaiquinos como una herramienta fiestera más que como un universo de rude boys y rastafaris). Ahora, la fuerza del rock suplantó al ska y los nuevos poemas de Sebastián Teysera ganan en pulcritud cuando muestra su filosofía ciudadana, su existencialismo costumbrista y pequeños personajes urbanos. "Esto es diferente desde varios y sutiles puntos de vista", dice él. "Por ejemplo, los caños han dejado de tener el protagonismo de antes y las guitarras han pasado a tomar la bandera. Las letras son un poco más introspectivas, con una voz sacada desde el pecho y que sale con más rabia. Estas canciones hablan desde lo que te toca vivir, de adentro para afuera. El hecho de escribir cosas que ves cambió por el de escribir cosas que te suceden."
Sebastián Teysera habla pausado, con voz carraspeada y boina de viejo (casi la versión de carne y hueso del personaje de tapa de A contraluz , que camina arqueado y con las manos en los bolsillos). El viene a ocupar el lugar de poeta urbano contemporáneo que este nuevo rock uruguayo necesita. Llega a decir cosas como "yo soy un nostálgico de cuando las cosas no existen más" o "yo soy un enfermo de no aprender nada de música". Es un poeta que prefería no escribir en su casa del barrio del Cordón porque "era un centro seudocultural, siempre lleno de gente O-bar Dulce O-bar, se llamaba". También, un poeta rockero que tiene como referentes a Renato Russo de Legião Urbana, Robe Iniesta de Extremoduro y Evaristo de La Polla Records, con quien cantó "Igual para todos" en el show de 2000 de los españoles en el Uruguay ("cuando cantaba con él se me pasó por la cabeza mi infancia en dos minutos, me veía peleándome con mi hermana por poner el vinilo de Revolución, fue un flash"); y que se impregna de viejos héroes del rock uruguayo como Los Traidores y Los Estómagos. Y que, por algún motivo cercano a cierta humildad patria, no teme reconocer algo infrecuente en muchos rockeros argentinos: "Me pasa mucho de estar escribiendo, ya metido adentro de la canción, y saber qué es lo que quiero decir y adónde lo quiero llevar, pero no sé cómo decirlo. Ahí es cuando a veces me paro y me pregunto a mí mismo por quién estoy influenciado. Y pienso en este tipo de personas para ver cómo lo dirían. Me abrigo un poco de sus letras y de su forma".
Por último, Teysera habla de los poetas españoles de la dictadura y, desde ya, de Zitarrosa. Es entonces cuando recita "Uruguay for export". Hasta el final: " aquella otra res, que esquivó el marronazo y que cayó también, con un ojo reventado, una guampa partida, deshecha, también cayó y tembló la tierra, tembló el marrón, tembló el marronero; la res, murió temblando de dolor y de miedo... De un marronazo en plena frente for export del Uruguay".
El nuevo disco, la era de la madurez, los poetas malditos del rock Todo se desenreda en un par de horas regadas por unos cuantos litros de cerveza en la barra en penumbras del Salón Pueyrredón. Y no es casual que esta historia se cuente acá. Este bastión del under fue la primera base de los uruguayos. "El Salón Pueyrredón nos abrió las puertas cuando desembarcamos en Buenos Aires", recuerda Teysera. Y Cebreiro continúa: "Un amigo de la banda conocía a Gustavo, uno de los dueños del Pueyrredón. Vinimos acá y encontramos que no era un bar cualquiera, sino un bar amigo en el que nos sentíamos como en casa". Desde acá, La Vela entró en el mapa del rock argentino, codeándose con Cadena Perpetua, Responsables No Inscriptos, El Sepulcro, Libres o Muertos, Lumumba, Las Manos de Filippi. Los dos dicen que es algo así como el mítico boliche Junta Cadáveres de Montevideo, en el que paraban a fines de los 80, donde había teatro bizarro y rock con bandas como Buenos Muchachos o Cadáveres Ilustres. El 8 de abril de 1999, La Vela debutó en Buenos Aires (en el Salón), con el Batra (de Responsables No Inscriptos) y el Moski (de Las Manos) como invitados. "Me hizo mucho bien ese show", confiesa el Enano. "Y recuerdo también la última vez que tocamos en el viejo Salón, de Pueyrredón y Córdoba, que fue un día antes del cierre. Siento que estuve en un Woodstock o un Picadilly Circus o un cbgb o algo así." Su camino continúa en sus encuentros con La Renga, Los Piojos, Bersuit, Kapanga y los Cadillacs; en rockerías como el Teatro del Plata, el Cátulo Castillo, el Marquee, Cemento, El Teatro y Obras. Así, desde el under se fue gestando el cantito: "Olé olé/ olé olé olá/ La Vela Puerca/ es de Argentina y Uruguay".
Y mientras todo esto ocurría en los escenarios porteños, del otro lado del Río de la Plata, La Vela Puerca se afianzaba como la banda uruguaya más exitosa. Un rewind lleva hasta el 24 de diciembre de 1995, cuando dieron su primer show en el bar El Tigre, de la esquina de Franzini y Scorsería ("fue el que nos prestó el enchufe"). Sebastián Teysera tenía 22 años y se acababa de recibir de técnico de hotelería. Fue a dar una prueba de recepcionista al Galería, un hotel cinco estrellas de Chile, en el que duró un mes y medio. Sebastián Cebreiro era orfebre (lo sigue siendo) y trabajaba de cartero. Tocaron unas pocas veces en el verano y después el Enano se fue de mochilero a Europa tres meses. "Volví sabiendo que no quería trabajar en hoteles", se ríe. En 1997, La Vela teloneó a La Renga y Los Piojos, y grabó su primer disco, Deskarado. Al año siguiente fue fichada por Gustavo Santaolalla para su sello Surco. En 2001 grabó De bichos y flores. Los récords de convocatoria y las giras por América y Europa les dieron un lugar de cabeza de escena, próximos a No Te Va Gustar, La Tabaré y Abuela Coca, en el mejor momento del rock uruguayo, mientras brillaban junto a otras estrellas como Jorge Drexler y Luciano Supervielle. "Ahora, el rock uruguayo está en alza", explica Cebreiro. "Pero en Uruguay son tres millones de personas. La mitad son viejos, la otra mitad escucha cumbia... la movida se fue gestando a pulmón; recién ahora la juventud está queriendo tener una banda de rock y ves a un guacho con una remera de rock nacional." Pocos días antes de conversar con Rolling Stone, La Vela cerraba un festival en el Centenario. Tocaban después de Los Piojos. "Es algo histórico: las bandas uruguayas asaltaron por primera vez el Centenario", se enorgullecen.
¿La popularidad les cambió la vida?
Cebreiro: No, seguimos comprando el pan en el mismo lugar. El saludo del público uruguayo es muy respetuoso. No le interesa el glamour. Tal vez te cruzás con gente que se queda con ganas de saludarte y no lo hace por el extremo respeto que te tiene. Pero los mirás a la cara y entendés ese viaje, y está buenísimo.
Teysera: Montevideo tiene una parte pueblerina que a veces odiamos y, otras, respetamos. Es una contradicción: somos un pueblo-país. Cuando nos conviene somos el paisito y cuando nos conviene somos el gran Uruguay.
¿Entonces prefieren no tener groupies?
Teysera: Simplemente déjalo ser. Uno, al no ser dueño de una verdad, tampoco puede juzgar cómo reacciona una persona al verte. Yo también admiro a una persona y capaz que el día que la veo me quedo callado… Es la idiosincrasia del uruguayo.
Se ve, el espiritu es similar al de cualquier grupo de rock chabón. Ese mismo espíritu es también el que los trajo a Buenos Aires para seguir a los Redondos. "La primera vez que vine a ver a los Redondos fue en Santa Fe. Mano a mano con mi hermano, nos debíamos un viaje juntos e hicimos esa travesía hasta Colón. Después los volví a ver en Villa María", se emociona Cebreiro. Y llora Teysera: "Esa vuelta yo tenía la entrada, tenía el pasaje, tenía todo... ¡y justo el día de salir me da fiebre! Al final no los vi nunca...". La anécdota se repite. Para ellos, Buenos Aires fue todo: "Toda una vida mirando para este lado del charco, viendo cómo venían bandas de todo el mundo; cuando querías ver una banda tenías que ver qué pasaba en Buenos Aires", dice el Cebolla.
Y si bien el espíritu es el del rock chabón, la pregunta es: ¿cómo puede una misma banda tener anécdotas con los Redondos y La Polla? ¿De qué se trata esta extraña transversalidad? ¿Entrañas barriales, corazón punk? Tal vez la respuesta haya que buscarla en el agua, que todo lo lava. O tal vez la respuesta esté en Sumo: "Luca era un profeta, un gran compositor. Y Sumo dejó un surco en todos lados". Por ahí pasa la riqueza de La Vela, por una identidad múltiple, conocida y a la vez nueva. Chequear si no la lista de versiones: La Polla, Reincidentes, Titãs, La Tabaré, Zitarrosa... La lista sigue.
Una de las claves para descubrir el origen del sonido Vela Puerca es el Gran dt, Gustavo Santaolalla, que ahora los volvió a producir en A contraluz. Los Sebastián se sacan el sombrero a la hora de hablar del "gurú" ("eso creo que se lo escuché decir al pelado Cordera en México", reconoce Teysera). La relación empezó cuando el Enano le mandó una copia de Deskarado al periodista Enrique Lopetegui, radicado en los Estados Unidos. "El tipo piró con dos canciones, «Mi semilla» y «El Gavilán» y se lo hizo escuchar a Santaolalla, su amigo. Al tiempo, él nos vino a ver a Montevideo. Para nosotros, que no teníamos la más puta idea de para qué servían todos esos botones de un estudio, fue como ganar una beca."
¿Qué hace a un buen productor?
Teysera: Saber manejar no solamente la parte técnica, sino también la parte psicológica. La nuestra era una banda que estaba acostumbrada a tocar en vivo, que no tiene nada que ver con grabar un disco. El vivo es súper caliente y las canciones pasan como latigazos que te van marcando, y el disco es lo contrario, un ambiente súper frío, silencio total, donde aprietan rec y se prende la luz; lo escuchás y se te notan todos los granos, los puntos negros, el pus… Y un productor también te prepara en ese viaje adentro del estudio. No amilanarte, sentirte cómodo… Es un trabajo fundamental, porque no hay técnica que pueda salvar una toma de mierda.
Cebreiro: Cuando fui a Los Angeles me pregunté: "¿Qué mierda hago en Los Angeles con este tipo que tiene una trayectoria de treinta años?" Pero sacó lo mejor de mí y fue un alivio que el loco me explotara y me hiciera sentir cómodo, en un ambiente en que es muy difícil sentirse cómodo para cualquier músico. Estás en un examen, en la lupa.
En eso, el batra, anfitrion del Salón Pueyrredón y punk inoxidable, destapa otra botella e invita, con una anécdota lejana: "Me acuerdo de la primera vez que vinieron. Eran un montón. Eran los músicos, que son una bocha, y encima los de los tambores y muchos amigos, el que hace sonido, el de las luces… La primera vez que vinieron fueron a Plaza Francia a tocar tambores y a tirar panfletos. Se fueron del viejo Pueyrredón caminando hasta Plaza Francia con los tambores".
Queda claro que La Vela Puerca se formó como banda de amigos. ¿Cómo se juegan hoy esas identidades en el grupo?
Cebreiro: Bastante diferentes, por suerte. Gracias a que tenemos motivaciones e inquietudes distintas, podemos convivir en este grupo durante tantos años. Siempre decimos que valoramos las bandas que duran mucho tiempo, más allá de la música. Gracias a las personalidades diferentes que tenemos podemos renovar esa energía y hacer más llevadera una gira.
Un grupo de ocho amigos, si. Una historia montevideana. Con Cebreiro que sigue laburando de orfebre ("tengo el pegotín de nuestro primer show en el Teatro del Plata pegado en el ropero de mi taller") y Teysera produciendo algunos discos o tocando covers acústicos de Titãs, Sumo, los Redondos, Extremoduro, Albert Pla y Los Toreros Muertos, en su proyecto paralelo Yo y El Enano Mandril (¡atención coleccionistas y piratas!). Casi como una cuestión de principios: "Nunca le hemos pedido a la banda pagar el teléfono o un alquiler", dicen. "La historia salió así, sin pedirnos nada entre nosotros, más allá del compromiso que asumimos. Y éste no es el momento de empezar a pedirle algo a La Vela Puerca."
Uruguay for export? el siglo xxi le da otra dimensión al clásico de Zitarrosa. Ya no se trata de la res, metáfora de un país vaciado, sino de la primera banda grande que sale de un país sereno y relegado que vivió (y rockeó) a la sombra de sus vecinos. Enhorabuena.



