
Las intenciones no siempre alcanzan
"Tango por Pablo". De Raúl Peñarol Méndez. Elenco: Roberto Carnaghi, Jean-Pierre Reguerraz, Roxana Fontán, Leonardo Odierna, Adriana Dicaprio, Antonio Bax, Enrique Dacal y Juan Carlos Ricci, entre otros. Luces: Gustavo Di Sarro. Coreografía: Olga Selvaggi. Música original: Jorge Valcarcel. Escenografía y vestuario: René Diviú. Dirección general: Andrés Bazzalo. Teatro Regio. Nuestra opinión: regular.
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El estreno de la obra póstuma de Raúl Peñarol Méndez rescató del olvido la figura del popular actor Pablo Podestá, el menor de nueve hermanos nacidos en el seno de la familia fundacional del teatro rioplatense.
Peñarol Méndez fue fundador, junto con otros autores, del Club de Autores por el Teatro Argentino, entidad por medio de la cual se difundieron algunas de sus piezas, en ciclos de puestas semimontadas o de teatro leído.
Fue así como, en agosto de 1996, pocos días después del fallecimiento de su autor, "Tango por Pablo" vio las primeras luces del escenario.
Evidentemente fascinado por la vida de El Gran Pablo, como llegó a llamárselo, Peñarol Méndez escribió esta obra de neto corte biográfico. Cabe recordar que Pablo Podestá, en los albores del siglo, cuando Buenos Aires era plaza asidua de las mejores compañías europeas, consiguió abarrotar los teatros con un público fervoroso por su estilo vehemente de actuación llevando a escena títulos de autores nacionales.
Sobre el escenario se ven los últimos años de Podestá -interpretado por Roberto Carnaghi-, internado en el Sanatorio Psiquiátrico de Flores -enfermo de una sífilis que lo enloquecía-, donde permaneció hasta su muerte, en 1923. Lo acompaña su amigo inseparable, el Rasca, a quien le pone el cuerpo Jean-Pierre Reguerraz.
Ensoñaciones
De esta situación final de Pablo parten raccontos de otras instancias de su vida: su niñez en el circo familiar, su viaje hasta Rosario con la cooperativa Pablo Podestá, algunos pasajes de teatro, con éxitos y fracasos incluidos que van y vienen del presente al pasado trazando pinceladas que logran dar un esbozo de la potente personalidad de Podestá.
La obra combina lo onírico con el realismo. Y, aunque como material dramático se le podría achacar que tiñe de cierta superficialidad una historia tan rica como la de Pablo Podestá, es en esa combinación donde naufraga la dirección de Andrés Bazzalo al caer en los clisés más obvios en el intento por resolverla.
La disposición del espacio divide el escenario en dos mitades, una frente al público, la otra detrás, que el director emplea para los momentos realistas y para los circenses, respectivamente.
Pero, con el diseño escenográfico de René Diviú amontonado sin mayor criterio -responsabilidad también del director- se dificulta incluso el tránsito de los actores.
Los muebles que rodean las situaciones en el psiquiátrico, por ejemplo, presentan una estética más propicia para el mundo de los sueños.
El vestuario, en términos de realismo, funciona; sin embargo, el mundo del circo criollo, en tono onírico, que se cuela e invade el otro mundo, está vestido recurriendo al clisé del payasito de cerámica, que poco o nada tiene que ver con el circo criollo.
Con las actuaciones sucede otro tanto, aunque vale la pena destacar la entrega del excelente actor Roberto Carnaghi -esta vez no muy bien dirigido- y de Jean-Pierre Reguerraz, otro muy buen actor desperdiciado. La dirección les impone algunos tránsitos remanidos, que no aportan nada al relato ni al universo que se pretende mostrar.
El resto del elenco se muestra desparejo, poco contenido por el lenguaje, en el que sobresale Roxana Fontán, con su exquisita voz, como cantante.
Buenas intenciones
No cabe duda de que el espectáculo está hecho con muy buenas intenciones.
El problema fundamental, no obstante, radica en la mezcla de códigos que se le muestra el espectador. No porque combinar códigos sea errado, sino porque la interrelación de unos con otros está mal resuelta, resulta confusa y tampoco aporta demasiado en términos estéticos.
Aunque en su totalidad el espectáculo no llega a buen puerto, algunos excelentes momentos de la dupla Carnaghi-Reguerraz hacen que el interés aumente y no se lamente tanto ser testigo de un esfuerzo tan grande para un resultado final bastante magro.
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