Las óperas del mítico Edipo
Es natural que los mitos y la literatura de los griegos hayan alimentado al teatro lírico, género que entra en su quinto siglo de existencia. Ya desde la segunda mitad del XVI los teóricos italianosdel Renacimiento tuvieron la convicción de que en sus tragedias los griegos utilizaban un tipo de canto que se encontraba entre el habla y la melodía, lo cual dio lugar al desarrollo de una técnica armónica en la que consonancias y disonancias quedaban justificadas por las necesidades expresivas del texto. Las primeras óperas se centraronen torno de Orfeo, el "cantor solitario" y desolado amante, símbolo del poder expresivo de la música. Pero si de 1600 a hoy los compositores lo convocaron en sus más diversos avatares, incluidas las interpretaciones de Ovidio y Virgilio, el siglo XX encontró sus mayores afinidades enlas tragedias de Sófocles, Eurípides y Esquilo, que ya transitaban, por cierto, en la historia del teatro cantado.
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Y puesto que la visita del Teatro Nacional de Grecia se centra en torno del "Edipo rey", de Sófocles, vale la pena recordar que el veneciano Andrea Gabrieli compuso cuatro coros para acompañar su representación en 1585 y el inglés Henry Purcell creó su música incidental en 1692, como lo harían posteriormente tantos otros, entre ellos Félix Mendelssohn. Con los intermezzos de Pizzetti (1903) y el "Edipo rey", de Leoncavallo (Chicago, 1920), aparecían las primeras muestras en la nueva centuria, donde privó no sólo la extraordinaria diversidad estilístico-musicalque caracteriza al siglo, sino la reinterpretación de los personajes trágicos a la luz de los nuevos caminos de exploración del subconsciente y los instintos sexuales.
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De una gran originalidad es el "Oedipus rex" (1927) de Igor Stravinsky y Jean Cocteau, los que, recurriendo a la presencia de un narrador, realizan una intrusión del tiempo contemporáneo dentro de la época en que transcurre la tragedia, como una manera de afirmar una posición de irrealidad. Años después, en 1936, la Opera de París ofrecía el "Edipo", del rumano Georges Enescu, motivado por la patéticased de verdad del protagonista y su fe en la dignidad humana. La recurrencia a elementos estilizados del folklore nacional le permitía al compositor dar vida a un Edipo rumano, sin quitarle su condición de universal y eterno. Análogo, por cierto, a la propuesta del argentino Benjamín Rattenbach para su "Edipo en San Telmo" (1985). Por su parte el alemán Carl Orff, ya distante, en 1959, de los desastres de la guerra, presentaba en la Staatsoper de Stuttgart su "Oedipus der Tyrann", la tragedia de Hölderlin según Sófocles. Sólo que ahora proyectado en una megaorquesta y con la típica fiereza de los ritmos ostinatos que caracterizan el estilo del músico.
A diferencia de lo que ha ocurrido con tantas novelas y obras teatrales, cuya pervivencia se debe exclusivamente al teatro lírico, ningún músico ha podido robarle el cartel a don Sófocles de Colono. ¡Seamos buenos perdedores!







