De regreso en el país, cosecha hits en Chango Feroz, su segmento en Duro de Domar
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"No me interesa la figura del notero tradicional", dice Andy Chango, como si alguien esperara algo tradicional de su parte. Al frente de Chango Feroz, su segmento en Duro de Domar, ya tuvo varios hits: comió canapés con Michelle Bachelet de colado en la embajada chilena, ganó 3.500 pesos en la Quiniela con un número que le tiró Caruso Lombari y logró que Cristina Kirchner se detuviera a felicitarlo. "La verdad es que el papel de notero me parece penoso, y mucho más a los 43 años", dice Chango, evaluando su nueva profesión. "De cualquier manera, le estoy encontrando la gracia."
Vuelto hace un año a Buenos Aires después de una larga temporada química en España, Chango primero se puso a conducir "La espuma de las noches" en radio Nacional Rock y este año aceptó la propuesta de incorporarse a DDD aunque, en rigor, ya era parte del elenco estable del programa a través de incontables informes. Y con esa misma disimulada tenacidad con la que enfrentaba tiernamente a Lucho Avilés o Mauro Viale hablando de cocaína, marihuana y otros estupefacientes, se sigue escurriendo entre las grietas de la cultura nacional, encarando a Mauro para hacer las paces, abrazándose todos los capítulos con Eduardo Feinmann o pidiéndole el número de Moria a Sofía Gala para invitarla a salir... Bueno, él se lo pidió así: "Me la quiero garchar".
"Antes, cada vez que iba a una fiesta, al otro día tenía que agarrar el teléfono y pedirle perdón a tres o cuatro personas por las bromas que hago", recuerda. "No me siento un notero que forma parte de todo ese quilombo que va a cubrir. Más que un notero, en verdad me siento un marciano."
Por Damián Damore
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