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Ellen Page se merecía un Oscar, o tal vez Hollywood necesitaba dárselo. Pero no lo hizo, y se perdió la oportunidad de coronar a una prodigio Sub 21, que viene faltando desde que Abigail Breslin pisó el Teatro Kodak detrás de la nena carismática de Pequeña Miss Sunshine. ¡Cómo se extraña en esos suburbios de Los Angeles un fenómeno como el de Jodie Foster, a la que se podía ver crecer cada temporada según la talla del vestido y el espacio ocupado en la butaca!
¿Cómo no premiaron a la actriz de Juno? Es más ambigua en su venganza y mucho más eficaz en la seducción solapada que la tontona de Saoirse Ronan, la otra nena de la gala, nominada como buchona en Expiación. Lo mejor es que no respeta códigos de melodrama sentimental como el de esas ficciones de TV por cable para llorar, y en vez de entregarse al dolor arregla citas con la panza a cuestas e intercambia miradas con el chico popular aún con la bolsa rota. Y todo eso, que parece tan común, es extraordinario en medio de una de estas galas de la industria mundial del entretenimiento que hasta ayer se permitía conmocionarse como si fuera lo nuevo cuando dos hombres se daban un beso en la boca (en Secreto en la montaña) y que hoy mismo se hace agua a la boca con la inocencia de Encantada, que dominó en todos los números vivos del show.
Tendríamos que haber previsto que la nominación de Ellen era pour la galerie y que era demasiado raro que la Academia conservadora que siempre se inclina por temas edificantes como la enferma terminal, la pobre luchadora y el ‘maldito que se incendia solo’ (en todas las ternas desde hace 80 años) hubiera señalado a la tímida Juno/ Page, que no impone modelos, ni siquiera de cómo ser un antihéroe igual al del año pasado. Parece meritorio que no se desprenda de La joven vida… ni una sola polémica que no tenga que ver con la capacidad de Ellen Page de desdoblar esa voz quebrada de la cara de piedra, y hacer que se la quiera abrazar.
Pudo haber pesado en su contra que en la película no haya ningún idiota empático, de ésos que entremezclan la energía de un peluche con el jadeo de un abuelo abusador, y que hacen de espejo para el norteamericano medio así en los grotescos de los Hermanos Farrelly como en las óperas de cámara del director de Los excéntricos Tenembaum. Salirse de todas las tradiciones más frecuentes y retrógradas es algo que logra solita Ellen Page en el protagónico de Juno. Y, también, la capacidad de ser impresionista caminando entre los árboles, como en una pintura de Monet sin dejar de describir su vómito con detalles, en un plan un poco más trash.
El Oscar se lo dieron a la francesa de La vida en rosa, cuya capacidad para imitar es más propia de una admiradora de Edith Piaf que de una Mejor Actriz Protagónica. Cuentan que Ellen Page ya fue capturada por una comedia rosa más convencional, más precisamente una película que se llama Smart people (2008) donde le toca un amor entre solteros sin hijos en fábula trillada sobre el sentimiento que dura pese a todo. Hasta la obligan a llorar. Hay expertos trabajando para el Oscar que se tiene que ganar el año próximo.
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