
Hip hop sin fronteras, canción de protesta y denuncia. Rimas callejeras. Vivencias de la Legua. Es la "Musika kon olor a neumatiko kemado".
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Santiago de chile. comuna de san joaquín. la legua. el gueto. la pobla. Micros amarillas, medias viejas y algo destartaladas. Calles angostas, construcciones bajas, pocos árboles y escasa sombra. La misión es ubicar la casa con el gran grafiti. Pero una de las singularidades de La Legua es que hay muchas viviendas con dibujos y marcas en las paredes. De hecho, la señal de que el objetivo está cerca es un escrito con rayados azules sobre un gran muro gris: "Legua York".
El panorama es inhóspito. Sin duda, se trata de tierra prohibida. Un lugar que produce un nervioso cosquilleo en la piel. Son los cuentos, las leyendas. O la historia misma: protestas, tomas, marchas.
Calle Mateo de Toro y Zambrano. Ahí está la casa de Lulo. Luloleguayork, como prefiere que le digan. Es el líder del grupo. Una morada de un piso de altura, una puerta, dos ventanas y algunos dibujos. Es la fachada del centro de operaciones del grupo Legua York. Nada más distinto a un búnker: dentro hay un par de sillones, un sofá, una mesita de centro, austeros equipos de música agolpados contra una esquina, un pasillo que da hacia una cocina y un patio que apenas se vislumbra.
El ambiente está fresco y agradable. Lulo (27), vestido con pantalón de buzo y polera, está descalzo y sentado en el suelo sobre la alfombra. Tiene cabello negro, largo, ondulado, recogido, y usa una incipiente barba en el mentón.
Al medio, a su izquierda, contra una pared y ocupando uno de los sillones, se encuentra Cien (24), alias Ricardo Unocerocero. Es el segundo de los presentes en sumarse a Legua York, a fines del 2002. Alto, algo corpulento, moreno y amable. Estudiante de bibliotecnología. Su rostro de "niño bueno" contrasta con la potencia de sus palabras.
El tercero es el más nuevo. Hoomer (21) o Kabro Hoomer. Pelo largo y castaño. Anteojos y un gorrito tipo playero que parece no salírsele nunca. Llegó al grupo hace sólo unos nueve meses. Reemplazó a Reween, quien "congeló" sus funciones en la banda para retirarse a estudiar. Hoomer es el que toca, el que sabe cantar y, de hecho, el único que estudia música.
Rec. La grabadora está puesta. Arranca la conversación. Distendida, apasionada, política, franca, directa. Al estilo Legua York. La primera pregunta es obvia, básica, pero necesaria. Se trata de poner en juego el balón.
¿Qué es para ustedes el hip hop?
Lulo responde: "Cuando hablas de hip hop hablas de una gama de cosas. Hablas de rap, que es la persona que canta. Hablas de DJ, que es la persona que ocupa las tornamesas. Del breakdance, la gente que baila. También del grafiti.
"Nosotros no temblamos al decir que lo que hacemos hoy en día, el hip hop enraizado en Latinoamérica, es folcklore. El rap de nosotros es folklórico, porque toma el sonido de la tierra. Toma los ritmos de la zamacueca o de la trova, o lo que hacen los mapuches o el pueblo rapa nui, y los mezcla con un bombo y una caja, que tiene que ver con las raíces de lo que venía de Africa en adelante. Y eso es una mezcolanza de estilos, que hace que acá se genere un ritmo propio".
Pausa. Stop. Suena el teléfono. La conversación se detiene. El viento abre una ventana, que alguien cierra. Lulo vuelve a sentarse para continuar. Pero el diálogo retorna con conceptos desordenados, contradictorios.
Rec. Lulo: "Nosotros no somos artistas, somos pobladores". Hoomer: "Yo creo que somos músicos". Lulo: "Nosotros somos música popular y la música popular es amplia. Es para despertar mentes y para despabilar oídos y para que podamos avanzar como pueblo". Cien: "Hemos creado música sin haber estudiado música". Lulo: "Somos gente que quiere comunicar y que ocupa los medios que estén a su alcance para hacerlo".
Stop. Son grandes comunicadores. De eso no hay dudas. Sobre el escenario o frente a una cámara, cantan con una agresividad y una seguridad que aterra. Sus canciones tienen la fuerza de una ametralladora. Disparan cientos de palabras por minuto. A veces da la sensación de que el tiempo no alcanza para todo lo que tienen que decir. No importa que las voces no sean su fuerte. Tampoco que no toquen instrumentos. Lo que interesa es el mensaje. "El hip hop es el arma con la que tú puedes decir las cosas como son, la forma de expresión más clara y sin violencia. La única violencia que te puede generar, es que yo sí te voy a hacer pensar. Y si te hago pensar, es porque ya logré mi objetivo", afirma Cien.
Play. Afuera suenan disparos. Es como si alguien estuviera golpeando una pared con un fierro. Pero no, son balazos sin origen y sin destino. Es pleno día. Lulo, Cien y Hoomer se ríen. "Bienvenido a la pobla", parecen decir. Así es La Legua, un barrio que nació a mediados del siglo pasado producto de tomas, asignaciones de casas de emergencia y diversas migraciones por acontecimientos políticos. De hecho, fue uno de los mayores bastiones de resistencia contra las Fuerzas Armadas para el golpe militar del 11 de septiembre de 1973.
Drogadiccion y delincuencia. Esa es la reputación de La Legua. Al menos, así era hasta la formación del grupo, en 1997. "Yo creo que el aporte de nosotros es ‘visibilizar’ el otro mundo que hay en La Legua y que es un pequeño grano del otro mundo que queremos construir también para Chile y Latinoamérica", reflexiona Lulo. "La Legua es una población de gente trabajadora, una población donde aquí sí se ven tradiciones, donde aquí los cabros chicos todavía juegan a las bolitas, todavía juegan al trompo; no están con el Playstation como arriba. Y si hay droga en la población La Legua, no hay más droga de la que hay en todos lados", arremete Cien.
De los tres integrantes, sólo Lulo es nacido y criado en La Legua. Cien y Hoomer son de La Florida. Pero eso poco interesa. Lo que importa es que se sienten parte de la clase trabajadora que, en palabras de Lulo, ha estado excluida y que ha sido oprimida por bastante rato. "Nosotros dijimos: ‘Legua York es un concepto que va a representar a todas las poblaciones y a todas las personas que se sientan marginadas socialmente’", apunta Cien. Antes de continuar, Ricardo Unocerocero se echa para adelante y se inclina, pero no por eso baja el tono. "Somos la voz de los que no tienen voz. Las personas se sienten identificadas con nosotros porque le pasan las mismas cosas que decimos en nuestras letras", dice cual profeta.
Rewind. Como cualquier historia, ésta también tiene un comienzo. "Legua York nace por allá por el ’97, cuando nos empezamos a juntar con un grupo de cabros de acá de la población y nos dimos cuenta de que teníamos el interés común del grafiti, de la música rap. Intercambiábamos un poco de casetes que nos habían llegado a las manos, como de Public Enemy y algunas cosas más under que ni sabíamos de quiénes eran", relata Lulo. El rapero comenzó como mascota de una pandilla a fines de la década del ochenta. Después aprendió a bailar break dance y funky fresh. Pasó por el grafiti y terminó rimando a mediados de los noventa. En 1997 formó el grupo, que en un principio se llamó Impulso Latino y que, tal como dictaba la moda de esos años, se apellidó ‘... de la Legua York’. Eran Impulso Latino de La Legua York.
Pero la cuerda se rompió rápido. Pronto se dispersaron y algunos de sus integrantes quedaron sólo con el mote de "... de la Legua York". Eran Lulo y otros tres raperos: Breck, Burgos y Seiser. Fue cuestión de tiempo para que algún presentador los llamara "Legua York" a secas.
Con solo tres canciones como repertorio, construidas con letras enraizadas en sus propias vivencias, comenzaron a recibir invitaciones para tocar en La Legua y en otras comunas. "Partió como un juego de experimentar, de querer comunicarnos al resto de los habitantes de la población, con nuestro ritmo de rap, que era lo que nosotros escuchábamos. Y sin tener ningún medio. No teníamos pistas, no teníamos nada. Sino que íbamos al (persa) Bío Bío y comprábamos cedés de estos singles que vienen con el tema, con el instrumental y con un remix", rememora Lulo.
Play. Hoy la cosa es distinta. Su "músika kon olor a neumátiko kemado", ésa con aire a población y con ruido de protesta, está sonando fuerte. Su disco de fines de 2004, "Huelga de Hambre", fue bien recibido por los críticos y en él tocaron con renombrados artistas como Anita Tijoux (Makiza) y Claudio Narea (ex Prisioneros), entre otros. A su vez, en agosto de 2005 realizaron una exitosa presentación en Caracas, Venezuela, en el "Festival por las Juventudes por la Paz contra el Imperialismo", donde terminaron con treinta mil personas coreando el estribillo de "Vida y Muerte", uno de sus temas más emblemáticos. Más tarde, entre septiembre y octubre, giraron por Europa, actuando en diversos centros culturales, ferias y escenarios de Hamburgo, Berlín, París, País Vasco y "Países Catalanes".
En 2005 también estuvieron a cargo de la producción musical del largometraje "Más Fuerte Kel Otro" –dirigido por Marco Cabello y Rodrigo Selles–, que se estrenó a fines de noviembre y que estuvo un mes en las pantallas del Cine Arte Alameda. Entre medio de todo, Lulo fue reconocido por la Revista El Sábado, del diario El Mercurio, como uno de los 100 líderes jóvenes del año pasado y, en el sitio de Internet emol.com, el público eligió a Legua York como la banda del año. Además, para finalizar bien la temporada, decidieron hacerle un "regalo de Navidad" a sus seguidores: el disco "No Somos Santos", un álbum de sólo 29 minutos de duración, disponible para ser bajado de Internet de manera gratuita y legal.
Por si esto fuera poco, se dieron el lujo de participar en la franja presidencial y parlamentaria del pacto "Juntos Podemos Más", con la canción "Más Cultura", incluida en su último álbum. "Hicimos uno de los temas para la campaña de Juntos Podemos porque no es un partido, es una coalición amplia, es una juntada de harto esfuerzo, de harta gente de la pobla, harta gente de distintos sectores. Creemos que una izquierda amplia es lo que llevó a Allende a la presidencia y lo que podría dar una alternativa a poder decir algunas cosas que tengan que ver con el pueblo mismo", afirma Lulo.
Corte. "Cut, cut, cut", masculla Rick, un gringo de esos interesados en la cosa cultural latinoamericana. Un jueves de marzo, cerca de las 7:30 AM. Recoleta. Cementerio General. Plazoleta del Memorial, monumento levantado en honor a los detenidos desaparecidos y ejecutados políticos. Una ayudante de la producción, chilena, aprieta un botón de su notebook y "El Pueblo Unido" versión Legua York ‘06 se para de golpe. Lulo, Hoomer y Cien detienen el doblaje. El gringo mira con cara de impaciencia. Un anciano cruza en bicicleta por el medio del improvisado set de grabación. Llevan como cuarenta minutos tratando de grabar una escena para un documental sobre la "Nueva Canción Chilena". Los muchachos sonríen.
Entre héroes y tumbas, así está Legua York en ese momento. Por un lado, distinguidos mausoleos y, por el otro, el muro con los nombres de los caídos. La canción reivindica el himno de la Unidad Popular, en formato rapero y con nuevos arreglos respecto a la que ganó los certámenes "Reconstruyendo la Historia de La Legua en Dictadura", el año 2000, y el "Festival de las Artes Víctor Jara", el 2002. Tiene bases y voces nuevas, merced al aporte de Hoomer. Es la versión "for export", ya que partirá a un par de compilados en España. A Norteamérica irá gracias a la cámara de Rick, quien está realizando el documental sobre la Nueva Canción, el brillante movimiento folclórico que deslumbró a fines de los ’60 y comienzos de los ’70.
¿Y qué tiene que ver Legua York con todo esto? Se sienten herederos de una tradición. "Nosotros acá en Chile tomamos toda la lucha del pueblo mapuche, que después siguieran Víctor Jara y Violeta Parra, con la música para defensa de la tierra. Y nosotros decimos que seguimos esa cadena. Esa es nuestra línea. Nosotros queremos que el mundo vuelva a fijarse en las cosas sencillas. En las raíces mismas. Nosotros somos pro indigenistas. Nosotros creemos que ellos merecen todo el respeto y todo el derecho a tener sus tierras. Nosotros creemos que no tan sólo el pueblo mapuche, sino que toda Latinoamérica indígena debe tener su respeto, su derecho, su tierra. Porque ellos son los dueños ancestrales de esta tierra", explica Lulo.
Se sienten forjadores y representantes de una cultura popular que está retomando sus orígenes. Por eso, dicen, no descartan recorrer Chile recopilando las tradiciones de nuestro país, al mejor estilo Violeta Parra y Margot Loyola.
Rec. Historias de vida, hechos, nombres, personajes. Influencias para cada integrante del grupo. "La calle para mí fue el lugar donde empecé escuchando hip hop, rap. Fue el refugio ideal. Ahí escuchaba grupos como House of Pain, que eran de guetos de Estados Unidos", relata Hoomer, quien reconoce además la importancia de símbolos como Violeta Parra, Inti Illimani y Patricio Manns.
Cien se acuerda de poetas como Vicente Huidobro, Nicanor Parra y Rodrigo Lira. Lulo menciona al grupo de rap Public Enemy, al cantautor venezolano Alí Primera, a los libros "El Manual del Guerrero de la Luz", del escritor brasileño Paulo Coelho; "Las Venas Abiertas de América Latina", del uruguayo Eduaro Galeano; y "El Caballo de Troya I", del español J.J. Benítez.
Pero el espejo principal es Víctor Jara. "Es un gran ícono, una persona que Calle Mateo de Toro y Zambrano. Ahí está la casa de Lulo. Luloleguayork, como prefiere que le digan. Es el líder del grupo. Una morada de un piso de altura, una puerta, dos ventanas y algunos dibujos. Es la fachada del centro de operaciones del grupo Legua York. Nada más distinto a un búnker: dentro hay un par de sillones, un sofá, una mesita de centro, austeros equipos de música agolpados contra una esquina, un pasillo que da hacia una cocina y un patio que apenas se vislumbra.
El ambiente está fresco y agradable. Lulo (27), vestido con pantalón de buzo y polera, está descalzo y sentado en el suelo sobre la alfombra. Tiene cabello negro, largo, ondulado, recogido, y usa una incipiente barba en el mentón. Al medio, a su izquierda, contra una pared y ocupando uno de los sillones, se encuentra Cien (24), alias Ricardo Unocerocero. Es el segundo de los presentes en sumarse a Legua York, a fines del 2002. Alto, algo corpulento, moreno y amable. Estudiante de bibliotecnología. Su rostro de "niño bueno" contrasta con la potencia de sus palabras.
El tercero es el más nuevo. Hoomer (21) o Kabro Hoomer. Pelo largo y castaño. Anteojos y un gorrito tipo playero que parece no salírsele nunca. Llegó al grupo hace sólo unos nueve meses. Reemplazó a Reween, quien "congeló" sus funciones en la banda para retirarse a estudiar. Hoomer es el que toca, el que sabe cantar y, de hecho, el único que estudia música.
Rec. La grabadora está puesta. Arranca la conversación. Distendida, apasionada, política, franca, directa. Al estilo Legua York. La primera pregunta es obvia, básica, pero necesaria. Se trata de poner en juego el balón.
¿Qué es para ustedes el hip hop?
Lulo responde: "Cuando hablas de hip hop hablas de una gama de cosas. Hablas de rap, que es la persona que canta. Hablas de DJ, que es la persona que ocupa las tornamesas. Del breakdance, la gente que baila. También del grafiti.
"Nosotros no temblamos al decir que lo que hacemos hoy en día, el hip hop enraizado en Latinoamérica, es folcklore. El rap de nosotros es folklórico, porque toma el sonido de la tierra. Toma los ritmos de la zamacueca o de la trova, o lo que hacen los mapuches o el pueblo rapa nui, y los mezcla con un bombo y una caja, que tiene que ver con las raíces de lo que venía de Africa en adelante. Y eso es una mezcolanza de estilos, que hace que acá se genere un ritmo propio".
Pausa. Stop. Suena el teléfono. La conversación se detiene. El viento abre una ventana, que alguien cierra. Lulo vuelve a sentarse para continuar. Pero el diálogo retorna con conceptos desordenados, contradictorios.
Rec. Lulo: "Nosotros no somos artistas, somos pobladores". Hoomer: "Yo creo que somos músicos". Lulo: "Nosotros somos música popular y la música popular es amplia. Es para despertar mentes y para despabilar oídos y para que podamos avanzar como pueblo". Cien: "Hemos creado música sin haber estudiado música". Lulo: "Somos gente que quiere comunicar y que ocupa los medios que estén a su alcance para hacerlo".
Stop. Son grandes comunicadores. De eso no hay dudas. Sobre el escenario o frente a una cámara, cantan con una agresividad y una seguridad que aterra. Sus canciones tienen la fuerza de una ametralladora. Disparan cientos de palabras por minuto. A veces da la sensación de que el tiempo no alcanza para todo lo que tienen que decir. No importa que las voces no sean su fuerte. Tampoco que no toquen instrumentos. Lo que interesa es el mensaje. "El hip hop es el arma con la que tú puedes decir las cosas como son, la forma de expresión más clara y sin violencia. La única violencia que te puede generar, es que yo sí te voy a hacer pensar. Y si te hago pensar, es porque ya logré mi objetivo", afirma Cien.
Play. Afuera suenan disparos. Es como si alguien estuviera golpeando una pared con un fierro. Pero no, son balazos sin origen y sin destino. Es pleno día. Lulo, Cien y Hoomer se ríen. "Bienvenido a la pobla", parecen decir. Así es La Legua, un barrio que nació a mediados del siglo pasado producto de tomas, asignaciones de casas de emergencia y diversas migraciones por acontecimientos políticos. De hecho, fue uno de los mayores bastiones de resistencia contra las Fuerzas Armadas para el golpe militar del 11 de septiembre de 1973.
Drogadiccion y delincuencia. Esa es la reputación de La Legua. Al menos, así era hasta la formación del grupo, en 1997. "Yo creo que el aporte de nosotros es ‘visibilizar’ el otro mundo que hay en La Legua y que es un pequeño grano del otro mundo que queremos construir también para Chile y Latinoamérica", reflexiona Lulo. "La Legua es una población de gente trabajadora, una población donde aquí sí se ven tradiciones, donde aquí los cabros chicos todavía juegan a las bolitas, todavía juegan al trompo; no están con el Playstation como arriba. Y si hay droga en la población La Legua, no hay más droga de la que hay en todos lados", arremete Cien.
De los tres integrantes, sólo Lulo es nacido y criado en La Legua. Cien y Hoomer son de La Florida. Pero eso poco interesa. Lo que importa es que se sienten parte de la clase trabajadora que, en palabras de Lulo, ha estado excluida y que ha sido oprimida por bastante rato. "Nosotros dijimos: ‘Legua York es un concepto que va a representar a todas las poblaciones y a todas las personas que se sientan marginadas socialmente’", apunta Cien. Antes de continuar, Ricardo Unocerocero se echa para adelante y se inclina, pero no por eso baja el tono. "Somos la voz de los que no tienen voz. Las personas se sienten identificadas con nosotros porque le pasan las mismas cosas que decimos en nuestras letras", dice cual profeta.
Rewind. Como cualquier historia, ésta también tiene un comienzo. "Legua York nace por allá por el ’97, cuando nos empezamos a juntar con un grupo de cabros de acá de la población y nos dimos cuenta de que teníamos el interés común del grafiti, de la música rap. Intercambiábamos un poco de casetes que nos habían llegado a las manos, como de Public Enemy y algunas cosas más under que ni sabíamos de quiénes eran", relata Lulo. El rapero comenzó como mascota de una pandilla a fines de la década del ochenta. Después aprendió a bailar break dance y funky fresh. Pasó por el grafiti y terminó rimando a mediados de los noventa. En 1997 formó el grupo, que en un principio se llamó Impulso Latino y que, tal como dictaba la moda de esos años, se apellidó ‘... de la Legua York’. Eran Impulso Latino de La Legua York.
Pero la cuerda se rompió rápido. Pronto se dispersaron y algunos de sus integrantes quedaron sólo con el mote de "... de la Legua York". Eran Lulo y otros tres raperos: Breck, Burgos y Seiser. Fue cuestión de tiempo para que algún presentador los llamara "Legua York" a secas.
Con solo tres canciones como repertorio, construidas con letras enraizadas en sus propias vivencias, comenzaron a recibir invitaciones para tocar en La Legua y en otras comunas. "Partió como un juego de experimentar, de querer comunicarnos al resto de los habitantes de la población, con nuestro ritmo de rap, que era lo que nosotros escuchábamos. Y sin tener ningún medio. No teníamos pistas, no teníamos nada. Sino que íbamos al (persa) Bío Bío y comprábamos cedés de estos singles que vienen con el tema, con el instrumental y con un remix", rememora Lulo.
Play. Hoy la cosa es distinta. Su "músika kon olor a neumátiko kemado", ésa con aire a población y con ruido de protesta, está sonando fuerte. Su disco de fines de 2004, "Huelga de Hambre", fue bien recibido por los críticos y en él tocaron con renombrados artistas como Anita Tijoux (Makiza) y Claudio Narea (ex Prisioneros), entre otros. A su vez, en agosto de 2005 realizaron una exitosa presentación en Caracas, Venezuela, en el "Festival por las Juventudes por la Paz contra el Imperialismo", donde terminaron con treinta mil personas coreando el estribillo de "Vida y Muerte", uno de sus temas más emblemáticos. Más tarde, entre septiembre y octubre, giraron por Europa, actuando en diversos centros culturales, ferias y escenarios de Hamburgo, Berlín, París, País Vasco y "Países Catalanes".
En 2005 también estuvieron a cargo de la producción musical del largometraje "Más Fuerte Kel Otro" –dirigido por Marco Cabello y Rodrigo Selles–, que se estrenó a fines de noviembre y que estuvo un mes en las pantallas del Cine Arte Alameda. Entre medio de todo, Lulo fue reconocido por la Revista El Sábado, del diario El Mercurio, como uno de los 100 líderes jóvenes del año pasado y, en el sitio de Internet emol.com, el público eligió a Legua York como la banda del año. Además, para finalizar bien la temporada, decidieron hacerle un "regalo de Navidad" a sus seguidores: el disco "No Somos Santos", un álbum de sólo 29 minutos de duración, disponible para ser bajado de Internet de manera gratuita y legal.
Por si esto fuera poco, se dieron el lujo de participar en la franja presidencial y parlamentaria del pacto "Juntos Podemos Más", con la canción "Más Cultura", incluida en su último álbum. "Hicimos uno de los temas para la campaña de Juntos Podemos porque no es un partido, es una coalición amplia, es una juntada de harto esfuerzo, de harta gente de la pobla, harta gente de distintos sectores. Creemos que una izquierda amplia es lo que llevó a Allende a la presidencia y lo que podría dar una alternativa a poder decir algunas cosas que tengan que ver con el pueblo mismo", afirma Lulo.
Corte. "Cut, cut, cut", masculla Rick, un gringo de esos interesados en la cosa cultural latinoamericana. Un jueves de marzo, cerca de las 7:30 AM. Recoleta. Cementerio General. Plazoleta del Memorial, monumento levantado en honor a los detenidos desaparecidos y ejecutados políticos. Una ayudante de la producción, chilena, aprieta un botón de su notebook y "El Pueblo Unido" versión Legua York ‘06 se para de golpe. Lulo, Hoomer y Cien detienen el doblaje. El gringo mira con cara de impaciencia. Un anciano cruza en bicicleta por el medio del improvisado set de grabación. Llevan como cuarenta minutos tratando de grabar una escena para un documental sobre la "Nueva Canción Chilena". Los muchachos sonríen.
Entre héroes y tumbas, así está Legua York en ese momento. Por un lado, distinguidos mausoleos y, por el otro, el muro con los nombres de los caídos. La canción reivindica el himno de la Unidad Popular, en formato rapero y con nuevos arreglos respecto a la que ganó los certámenes "Reconstruyendo la Historia de La Legua en Dictadura", el año 2000, y el "Festival de las Artes Víctor Jara", el 2002. Tiene bases y voces nuevas, merced al aporte de Hoomer. Es la versión "for export", ya que partirá a un par de compilados en España. A Norteamérica irá gracias a la cámara de Rick, quien está realizando el documental sobre la Nueva Canción, el brillante movimiento folclórico que deslumbró a fines de los ’60 y comienzos de los ’70.
¿Y qué tiene que ver Legua York con todo esto? Se sienten herederos de una tradición. "Nosotros acá en Chile tomamos toda la lucha del pueblo mapuche, que después siguieran Víctor Jara y Violeta Parra, con la música para defensa de la tierra. Y nosotros decimos que seguimos esa cadena. Esa es nuestra línea. Nosotros queremos que el mundo vuelva a fijarse en las cosas sencillas. En las raíces mismas. Nosotros somos pro indigenistas. Nosotros creemos que ellos merecen todo el respeto y todo el derecho a tener sus tierras. Nosotros creemos que no tan sólo el pueblo mapuche, sino que toda Latinoamérica indígena debe tener su respeto, su derecho, su tierra. Porque ellos son los dueños ancestrales de esta tierra", explica Lulo.
Se sienten forjadores y representantes de una cultura popular que está retomando sus orígenes. Por eso, dicen, no descartan recorrer Chile recopilando las tradiciones de nuestro país, al mejor estilo Violeta Parra y Margot Loyola.
Rec. Historias de vida, hechos, nombres, personajes. Influencias para cada integrante del grupo. "La calle para mí fue el lugar donde empecé escuchando hip hop, rap. Fue el refugio ideal. Ahí escuchaba grupos como House of Pain, que eran de guetos de Estados Unidos", relata Hoomer, quien reconoce además la importancia de símbolos como Violeta Parra, Inti Illimani y Patricio Manns.
Cien se acuerda de poetas como Vicente Huidobro, Nicanor Parra y Rodrigo Lira. Lulo menciona al grupo de rap Public Enemy, al cantautor venezolano Alí Primera, a los libros "El Manual del Guerrero de la Luz", del escritor brasileño Paulo Coelho; "Las Venas Abiertas de América Latina", del uruguayo Eduaro Galeano; y "El Caballo de Troya I", del español J.J. Benítez.
Pero el espejo principal es Víctor Jara. "Es un gran ícono, una persona que en mi casa siempre estuvo en un cuadro", recalca Hoomer. "Es al que yo sigo prácticamente a ojos cerrados. Yo lo sigo desde muy niño y cada vez me enamoro más de la imagen y del legado de Víctor y la consecuencia de él como ser humano. Cómo fue capaz de mirar tan fríamente a los ojos el proceso para llevarlo adelante y cómo estaba con el pueblo. Y eso es lo que, en definitiva, me gustaría ser en la música. Es como un camino a seguir. Víctor es un abanico de cosas que uno tiene que experimentar: teatro, política, compromiso, música, consecuencia y un millar de cosas que todavía hay por descubrir", dice un inspirado Lulo. Por eso, cada vez que ganaron el Festival Víctor Jara (2002, 2003 y 2004) para los Legua York fue algo especial. Significaba tener la venia del cantautor para seguir adelante.
FF/Fast Forward. La política los apasiona, los conmueve y, de alguna manera, los define. La conversación alcanzará una alta intensidad. Lulo y Cien se interrumpirán mutuamente en reiteradas ocasiones, mientras Hoomer asentirá y aprobará con la mirada lo que dicen sus compañeros.
Su discurso incluye casi todos los ista imaginables, a favor o en contra de algo. Legua York es antiimperialista, anticapitalista, ecologista, latinoamericanista y, sobre todo, socialista. Cien abre el fuego: "Yo me siento socialista y creo que mis compañeros también. Pero no somos del Partido Socialista. ¿Por qué razón? Porque los socialistas se han convertido en socios listos. Es un partido que está apoyando al sistema neoliberal, un sistema que nosotros consideramos que es injusto. Además, consideramos que les gustó la ‘cochihuahua’. Les gustó ganar plata, les gustó estar bien y estar cómodos", dice con la sonrisa afable y el entusiasmo que lo caracteriza.
"Yo me considero marxista. Y creo en el socialismo para Latinoamérica y no en el capitalismo. Realmente, nosotros nos consideramos marxistas, porque creemos en lo que planteaba Marx. Aquí hay una lucha de clases que hasta el día de hoy persiste", lanza Lulo. Se sirve otro té y culmina su idea: "Creemos en el proceso que ha vivido el PC, el MIR, el Frente, el PH y toda la gente que está abajo, que está en la calle y en las poblaciones. Porque ése es un trabajo real".
Cien toma otro vaso de bebida. Hoomer, sentado sobre el sillón, enciende un nuevo cigarrillo. Lulo se acomoda sobre la alfombra. Junto a ellos hay un viejo equipo donde el grupo hizo las grabaciones de su primer casete.
Rewind. A mediados de 1998 Legua York quedó reducido sólo a dos integrantes: Lulo y Breck.
Poco después salió "Legua York", el primer casete del grupo. Lo grabaron en 1999 en el equipo de la casa, con entrada para dos micrófonos, el mismo que ahora está como testigo mudo de nuestra conversación. Le pasaron el casete a un vecino que tenía el primer grabador de CD de la población. Arreglaron un poco el sonido y, a partir del master ya digitalizado, se dedicaron a sacar copias para regalar y vender. En total, salieron casi 1.500 unidades de ese primer álbum. Las letras todavía no tomaban toda la intensidad de los trabajos posteriores.
Por esa época, Reween (quien cedió su puesto a Hoomer en noviembre de 2005) apareció en escena. Era casi un niño, pero el mayor de su crew. Andaba rayando y haciendo grafitis por las calles. Un día le pasó una maqueta de un tema a Lulo, a quien le gustó el material y comenzó a invitarlo para que acompañara al grupo como parte del piño en algunas tocatas, así podía entrar gratis. Hasta que, aproximadamente un año después, Reween empezó a subir al escenario para hacer algunas voces. De esta manera, el 2000 Legua York logró tener tres integrantes.
Ese año el grupo ganó el concurso "Reconstruyendo la Historia de La Legua en Dictadura", con una versión muy propia de "El Pueblo Unido", donde hacía una narración popular de lo que había sucedido en la población durante la dictadura militar: "En el tiempo que la represión predominaba / El revolucionario por sus ideas luchaba / El pueblo abría los ojos ante las injusticias que / Que cometía un régimen de golpe y malicia / Así que toma, toma, cachito de goma / Maldito fascista, tu dinero no me compra...". Fue precisamente en ese momento que les llegó una oferta del sello discográfico EMI. Pero les pidieron arreglar algunas letras y el contrato no prosperó. No se querían vender al sistema.
Como respuesta, comenzaron a grabar de manera independiente el álbum Remasteriza’o, que era el mismo casete anterior pero con pistas originales y con mejor calidad de sonido. Sin embargo, tuvieron que suspender el proyecto. Un día de verano de 2001, por la tienda donde trabajaba Lulo en el mall Eurocentro, apareció un francés interesado en el hip hop. Al poco rato, comenzaron a rapear, cada uno en su idioma: francés y español. Su nombre era Tea y decía ser MC de un grupo llamado Paradaise Apokalistik. Grabaron el disco Este Kon Mayo en un computador y distribuyeron casi 2.000 copias en casete. El problema fue Breck: casi no apareció a la hora de grabar y terminó abandonando Legua York. En tanto, el francés volvió a su país; Lulo y Reween completaron el Remasteriza’o y lo lanzaron al final de ese año.
Pausa. Esta no es la típica historia del típico grupo de música que salió con esfuerzo y talento de la pobreza, se hizo famoso y después se dedicó a vivir como un divo, disfrutando de una larga lista de excentricidades. No. Este es un grupo que sigue yendo a los recitales en micro, sigue tocando por la bebida y el sándwich, continúa creyendo en las cosas simples y que, por supuesto, mantiene el apoyo constante a la gente de la población La Legua.
Es por ello que el año 2000 la banda creó Legua York’s, una agrupación cultural que nació para aglutinar a toda la gente que estaba en su pandilla, con el objeto de hacer acción social en la población y en barrios aledaños, en torno a lo que pensaban los integrantes de la banda y los pobladores. El colectivo también forma parte de una coordinadora de La Legua, la cual agrupa labores sociales, culturales y políticas, clases a niños e intervención de espacios públicos como el acondicionamiento de terrenos y la pintura de grafitis.
"Nosotros no creemos en el tipo de mundo que nos están regalando: un mundo individualista donde cada cual se salva su culo. Nosotros queremos una visión colectiva hasta de nuestras propias vidas. Nosotros nacimos de forma colectiva. Porque ya nacimos de un ser que es nuestra madre y de ahí en adelante vivimos con una comunidad que es nuestra familia. Así es que creemos que la única forma de avanzar y de generar esto que nosotros estamos planteando como propuesta de vida es colectivamente. Así es que a eso obedecen los colectivos", dice Lulo.
Hoy, gracias en buena parte a esta organización, en La Legua funcionan una radio (Radio La Ventana, 103.7 FM), un canal de televisión (LTV Canal 3), un sitio de Internet (www.lalegua.cl) y varias agrupaciones que se preocupan de realizar talleres y obras sociales. Legua York forma parte también de otros colectivos. Uno de ellos es Agosto Negro (www.agostonegrochile.tk), que agrupa a diferentes entidades y personas con contenido social, apoyando a presos políticos, reos y artistas de países que sufren de embargos (Cuba, Irak). Realizan marchas, foros, debates, producción de discos, eventos (Festival Agosto Negro), documentales, talleres (sábados, 12:00 horas, Maipú 424, esquina Compañía), labores educativas, gestión cultural y visita a las cárceles.
Rewind. Año 2002. Lulo y Reween se presentaron a participar con "El Pueblo Unido" en el "Festival de Todas las Artes Víctor Jara". No sólo lo ganaron, sino que la victoria les dio derecho a participar en un compilado a cargo del sello Alerce. Después de seis meses de negociaciones, firmaron contrato con la casa discográfica para realizar tres álbumes en tres años. El primero fue Antología Underground 1997 – 2003 (julio 2004). Después vino la producción de Hip Hop Sin Fronteras –donde recopilaron rap de diferentes partes de Chile– y, a fines de 2004, llegó Huelga de Hambre, el disco que terminó por consolidarlos.
Cien había conocido a Lulo en la tienda del Eurocentro. Era amigo de Reween de los tiempos de la Escuela de Artes Gráficas, del paradero 9 de Gran Avenida. Tenía un grupo llamado Métrica, que era invitado con cierta frecuencia a tocar con Legua York. Pero el 2001 se desarmó y Cien pasó a formar parte de una banda hard core. Hasta que se reencontró con Lulo y a fines de 2002 lo invitaron a convertirse en el tercer Legua York.
La banda volvió a ganar el Festival Víctor Jara. El 2003, con "Vida y Muerte", y el 2004, con "No Quiero Mártires". El 2005 no participaron, pero dejaron grabada una canción: "El Negro Víctor".
FF/Play. Alguien saluda a Lulo. "Hola, compañero", le dicen. "Cómo va, compañero", responde. Se estrechan manos. La gente sube y baja por las escaleras. Por ahí, conversando en la gradería, están Hoomer y Cien. Legua York se apronta para una breve pero histórica presentación. Están en el Court Central del Estadio Nacional. El recinto se encuentra lleno de banderas rojas. Incluso, hay también algunas banderas whipalas que ondean en la parte baja, en el sector cancha. Es extraño ver el multicolor y cuadriculado emblema aymara en pleno Santiago de Chile. Pero, claro, ésta es una ocasión distinta, atípica. El que aparecerá en unos minutos más sobre el escenario será Evo Morales, presidente, boliviano e indígena. Y eso, a los adeptos al Partido Comunista, al Partido Humanista, al FPMR y al Movimiento Surda, entre varios otros, los tiene muy motivados.
Las acciones se desarrollan con puntualidad. A eso de las 17:00 horas, el trovador Francisco "Pancho Villa" sube al escenario a cantar. Pero el público está en otra: grita proclamas según el partido, la causa o el movimiento político, conversa y camina mientras espera al presidente boliviano. Después, el grupo mapuche Antu Liwén se encarga de poner el toque autóctono y Sol y Lluvia, de calentar motores.
Pasadas las cinco y media de la tarde, aparece Legua York. "Estaba un poco nervioso", confesaría Lulo después en el backstage, con un café en la mano. Para ellos, se trata de un momento especial. Evo es otra cosa: el triunfo de la causa indígena, del antiimperialismo y del socialismo. "Nosotros creemos en el proceso que están viviendo Venezuela y Hugo Chávez. Creemos en el proceso de Cuba y creemos en el proceso que va a iniciar Evo Morales, porque creemos que es un proceso que está haciendo algo para Latinoamérica. Latinoamérica tiene que despertar, tiene que avanzar como pueblo. Yo creo que ahí se expresa el socialismo en el cual creemos: en igualdad social para todas y todos, que haya oportunidad", dice Lulo.
Quizás toquen la nueva canción que estuvieron ensayando cuatro días atrás en la casa de Toro y Zambrano, en honor al presidente de Bolivia. Tenían grabadas las pistas, pero no se habían aprendido bien las letras. Pero no. Prefieren ir a la segura. Suben al escenario y aparecen con "El Pueblo Unido". Saltan, se mueven, gesticulan, alientan al público. El micrófono de Cien no se escucha. No importa. La energía es más fuerte. Después, casi con un poco de bronca, enarbolan "Vida y Muerte": "Vida / Muerte / Amor y Represión / Ese es nuestro canto / Es un grito de acción". La alargan, se mandan unos coros, la gente aplaude. "Chao, gracias", dice uno de ellos. Y se van del escenario a esconderse entre la muchedumbre.
Todavía faltan algunos minutos para que Evo Morales, el "compañero" Evo, pronuncie su emocionado discurso y escuche el grito de "Mar para Bolivia". Para ese entonces, Lulo, Cien y Hoomer estarán refugiados entre el público. "Somos iguales a cualquiera, uno más, como todo el mundo", dicen. De seguro, sentirán o creerán que el presidente boliviano, cuando mire a la gente, le hablará y le sonreirá a cada uno de ellos. Y en ese momento, quizás la mayor diferencia de los integrantes de Legua York con el resto de los espectadores, será saber que le tienen dedicada una canción.
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