Escúchame entre el ruido (40 años de rock argentino)
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La escalada revisionista avanza y cubre cada rincón de la patria musical comouna insaciable comisión de homenajes permanentes. Entre tanto rescate, lasola mención de la palabra tributo enciende luces de alarma ante posibles operaciones de mercado: sólo hace falta un repertorio conocido y un elenco rutilante que casi nunca mejoran la versión original. Pero eso no le interesa anadie, lo importante es seguir participando en el torneo interminable de las versiones. Escúchame entre el ruido, un trabajo dividido en dos volúmenes y que recopila cuarenta años de rock argentino inaugura una nueva modalidad en materia de homenajes. Al frente del proyecto patrocinado por la Secretaría de Cultura de la Nación y a beneficio del Hospital Garrahan, Lito Vitale emprende una misión titánica: revisar la historia en veintisiete canciones. Ese amigo del alma dirige la orquesta, toca en todos los temas y revela sus gustos en cada elección de los intérpretes. El pianista es amablemente arbitrario y tomaciertos riesgos a lo largo de un recorrido con forma de guía para las nuevas generaciones a través de la vigencia testimonial que todavía conservan algunos himnos del género. Como cuando acompañaba a sus invitados en la trasnoche de la televisión abierta, Lito exhibe una increíble agilidad para adaptarse a estilos y seleccionar cuál es la voz adecuada para llevar adelante una canción ajena. Es la visión de un músico criado en los 70 bajo la impronta independientey sinfónica del grupo MIA, que cruzó los límites del rock para convertirse en uncompositor atento a la fusión del jazz y el folclore. Esas marcas de identidad suenan en Escúchame entre el ruido: la pomposidad de los arreglos, el virtuosismo de otra época y cierta complicidad con algunos amigos y parientes que puedan traducir mejor la mirada del hombre orquesta fijan las líneas argumentales de un trabajo ambicioso.
Cada volumen del homenaje a las cuatro décadas del rock argentino arrastra estas dudas. Como toda obra recopilatoria, peca por omisión pero es imposible negar la coherencia y laboriosidad de Vitale haciendo realidad el sueño de reunir todas las canciones que puedan explicar a una escena artística. El compilador mezcló las fichas y salvo algunas ausencias notorias (no participan Andrés Calamaro, Charly García y Fito Páez), están todos los que tienen que estar.Hilando muy fino es posible extrañar algún tema de Melero, Attaque 77, Los Decadentes, Don Cornelio y La Zona o los Cadillacs, pero tanto Vicenticocomo Palo Pandolfo ponen sus voces para evocar a Miguel Abuelo ("Himno de mi corazón") y a Federico Moura ("Pronta entrega"), respectivamente. Cada disco incluye momentos notables y otros que invitan a pasar por alto algunos tracks en ese juego intolerante de buscar la canción perfecta. El Volumen I abre con una versión orquestal de "La balsa" a cargo de Juanse, crece en "Tres agujas", aquel clásico de Fito que Luis Alberto Spinetta recrea con la admiración y respeto de un fanático confeso de la obra del rosarino. Luego Gustavo Cordera retoma el espíritu tanguero del tema que le da título al homenaje, obra cumbre de Moris y en donde la voz de Bersuit suena tan despojada y sincera que hasta podría llegar a molestar a algún purista. La audición mejora con otro rescate, Arbol carga la arenga de "Sudamérica…", el grito bolivariano de Arco Iris y su líder Gustavo Santaolalla. Los Piojos hacen lo propio con Pappo y la inoxidable versión de "El Viejo". El resto incluye interesantes apropiaciones de Fernando Ruiz Díaz ("Mañana en el Abasto"), Alejandro Lerner ("Qué ves") Liliana Vitale ("A estos hombres tristes") y David Lebón ("Avellaneda Blues"), y pasajes soporíferos en las interpretaciones de Celeste Carballo ("La ciudad de la furia"), Claudia Puyó ("Noche de perros") y Pedro Aznar ("Catalina Bahía"). El final es una invitación a la polémica: "Ji ji ji" en voz de Juan Carlos Baglietto cambia el rumbo original y su nueva dimensión orquestal no garantiza un buen destino para la canción megapogo de los Redondos.
El Volumen II, o disco rojo, incluye un plus extra. Aunque no figura como un track destacado, la versión de "El salmón" que canta el Indio Solari es la estampilla rara de la colección: por primera vez, el señor de la ceja levantada sale del ostracismo para participar en una reunión multisectorial. El resultado está cargado de guiños a la mística ricotera por sonido, arrogancia y hasta por un retoque poético en la letra original de Andrés Calamaro: el Indio coloca al fantasma Yabrán en donde antes decía "cagar en el mar". En esa línea superadora sobresale la versión electrónica de "Pensar en nada" (León Gieco) por Adrián Dárgelos, el traje jazzy de Gustavo Cerati para recrear esa maravillallamada "Los libros de la buena memoria" (Spinetta) o el poder emocional de León Gieco para adueñarse de "Un pacto" (Bersuit). Los pioneros están bien representados por sus pares: Litto Nebbia ("Violencia en el parque", de Aquelarre) y Miguel Cantilo ("Génesis"), o el lirismo de Los Tipitos para cargarse "Dime quién me lo robó" (Sui Generis). La suma general del disco rojo no defraudará a nadie a pesar de algunos caprichos como la reinterpretación de "Los delirios del Mariscal" (Crucis), ocho minutos de Vitale fascinado en su propio mundo, el mismo que sirvió para crear un mapa de influencias a partir de 1966 cuando Moris al frente de Los Beatniks cantaba "soy libre y quieren hacerme esclavo de una tradición".





