
Lorito parlanchín
Un charlatán para la platea infantil
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"Mi amigo Paulie" (Paulie, EE.UU./1997, color). Producción hablada en inglés, presentada por UIP. Basada sobre un guión de Laurie Cray. Intérpretes: Tony Shalhoub, Gena Rowlands, Cheech Marin, Bruce Davison, Buddy Hackett, Hallie Kate Eisenberg, Trini Alvarado. Voz de Paulie: Jay Mohr. Fotografía: Tony Pierce-Roberts. Música: John Debney. Dirección: John Roberts. Duración: 90 minutos.
Nuestra opinión: buena
"Soy ruso, me gustan las historias largas", lo tranquiliza Misha, como para convencerlo de que puede contarle la suya con lujo de detalles y aunque se prolongue en el tiempo y en la geografía. Y vaya si Paulie tiene mucho para contar: un buen día lo separaron de su mejor amiga -la pequeña Marie, con la que habían superado sus primeros obstáculos en el mundo-; después, trabajó en Bloomingdale´s, asistió a un mago, aterrizó en una casa de compra-venta, recorrió el país con una matrona dulce y no muy hábil al volante, animó un número mexicano de music hall con una compañera disfrazada de Carmen Miranda, se hizo cómplice de un ladronzuelo de poca monta... y terminó detrás de las rejas.
O más precisamente: en una jaula. Porque el tal Paulie de lengua rápida y conversación fluida es un loro. Un loro parlanchín que no se conforma con repetir las consabidas frasecitas sobre la papa, sino que tiene su propio pensamiento y se las arregla muy bien para expresarlo con todas las letras.
Se comprenderá que a un espécimen de tales características no lo podía aguardar una vida fácil. Poco importó que Paulie le fuera de mucha ayuda a Marie para superar su tartamudeo, así como la chica le había dado una mano a él para que se atreviera a volar. Los adultos suelen ser poco comprensivos: no quisieron saber nada de un loro que se trenzaba en peleas olímpicas con el gato sembrando el caos en la casa entera y que ponía en peligro la vida de la nena cuando ensayaban vuelos desde el tejado. De modo que se lo sacaron de encima.
Y ahí empezó la larga historia que el inmigrante Misha escucha con paciencia rusa y que John Roberts cuenta con muy sostenido ritmo para entretener, emocionar y hacer reír a la platea infantil.
Este pariente lejano del chanchito Babe y de otros animalitos habladores tiene el respaldo de un libro bastante pródigo en diálogos ingeniosos y la ayuda inapreciable de un montón de buenos actores que se asociaron al juego con la mejor disposición.
Están, por ejemplo, Tony Shalhoub -el admirable chef de Big Night- derrochando tibieza como el inmigrante ruso que guía a Paulie hacia la libertad; la gran Gena Rowlands, toda ternura, animando uno de los pasajes más encantadores de la película, y Cheech Martin, el vendedor de tacos que extiende su negocio gracias a las habilidades artísticas del plumífero conjunto musical encabezado por el protagonista.
El simpático relato, originado en la fábrica de entretenimiento de Steven Spielberg, tiene como destinataria excluyente a la platea infantil, pero más allá de algún altibajo y alguna concesión fácil, incluye también unos pocos guiños para el acompañante adulto, que sabrá reconocer la gracia ingenua y los honestos propósitos del cuentito.
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