
Los amores difíciles
El jueves se estrenará aquí el film "Una relación particular", éxito de crítica en Europa
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Hay un viejo proverbio que dice: "Los hombres juegan al amor para tener sexo. Las mujeres juegan al sexo para tener amor".
En el film belga "Una relación particular" (originalmente titulado "Une liason pornográfique", es decir, una relación pornográfica), ella, una mujer francesa cuyo nombre se desconoce (al igual que su edad, su ocupación y otros datos civiles), decide concretar su más íntima fantasía con un hombre igualmente anónimo.
La primera vez (y será así casi la mayoría de las veces) se citan puntualmente en un café, un martes. Se miran con delicadeza y se dicen lo mínimo indispensable. Ella propone ir a un hotel cercano. El paga la cuenta. Se van. Al tiempo se los ve despedirse en plena calle, y con cierta distancia. En una gran ciudad como París, que ofrece grandes posibilidades para el desencuentro entre dos perfectos desconocidos, cada uno toma su camino. En realidad, ambos personajes le cuentan su historia -por separado- a un entrevistador, quien, situado en el lugar del más curioso espectador, escucha los comentarios a la vez que los hechos se van contando por sí solos.
Esa historia entre dos anónimos, con ese tercer personaje que es la fruta prohibida de "la fantasía", sucede en Francia. La película, que fue un éxito de crítica en Europa, está dirigida por el joven belga Frédéric Fonteyne, de 31 años. Y la protagonizan una de las grandes señoras del cine francés, Nathalie Baye, de 52 años, nominada a un Cesar por "La belleza de Venus" y ganadora del premio a la mejor actriz en el Festival de Venecia por "Una relación particular", pero que en su diversa trayectoria fue dirigida por Truffaut, Tavernier y Blier, entre otros. Con ella se luce el actor catalán Sergi López, de carrera ascendente en Francia ("Western", "Lisboa"), recientemente nominado a un Cesar por su actuación en "Harry, un ami qui vous veut du bien" ("Harry, un amigo que te desea el bien") .
Aun sabiendo los riesgos que corría, Fonteyne decidió jugar irónicamente con el título de este film moderno, dirigido por un hombre y escrito por otro, en el que una mujer (que no es prostituta) sale, sencillamente, en busca de sexo. Además de la contradicción que plantea el término liason , en cuanto a "esos" encuentros casualmente calculados, la palabra "pornográfica" ha provocado en el público reacciones tanto de rechazo, como sucedió en Francia, como de expectativa. Sin embargo, lo pornográfico está más puesto en la desnudez de los sentimientos que de los cuerpos. Buena parte de la crítica comparó a estos dos seres anónimos con Paul y Jeanne en "Ultimo tango en París", o sea con Marlon Brando y Maria Schneider en el film de Bertolucci. Películas que plantean, justamente, la relación entre el sexo y el amor, si el amor es posible sin conocer al otro, el control de los sentimientos y lo riesgoso de la intimidad en una relación. Por teléfono desde Bruselas, Frédéric Fonteyne mantuvo la siguiente charla con La Nación :
-¿Por qué eligió un título que genera tantas confusiones?
-Surgió a partir del film, quise jugar con esa palabra. Quise insistir sobre el hecho de que el encuentro entre esas dos personas es únicamente porque quieren concretar esa fantasía sexual. Por eso se trata de una relación pornográfica. Yo quería un título raro que hiciera reflexionar sobre lo que después sucede en el film entre esas dos personas que se encuentran, que no buscan enamorarse, que seguramente vivieron relaciones amorosas antes y que en ese momento de sus vidas buscan una persona que tenga la misma fantasía.
-En Francia no funcionó muy bien...
-Curiosamente, ha sido el único país donde el film no tuvo éxito, justamente debido al título, porque las críticas fueron muy buenas. Es que en ese momento hubo muchos films sobre sexo, como "Romance", de Catherine Breillat, y "Ojos bien cerrados", de Stanley Kubrick, y la gente se cansó y no pudo percibir la ironía. Y sumado a que el distribuidor no quiso que se contara mucho de la película antes de su estreno, la gente no pensó en que en realidad se hablaba de otra cosa. Pero en el resto de los países le fue muy bien.
-Los momentos sexuales están fuera de la escena para el espectador, y en cambio sí se exhiben los momentos más sentimentales...
-Para mí, la manera en la que ellos viven sus sentimientos, la intimidad que ellos tienen frente a la cámara en función de la historia que cuentan, es muy íntima, es más pornográfica que las fantasías que ellos tienen. Para mí es más íntimo hablar sobre los sentimientos que uno ha vivido, es más fuerte que el relato de las fantasías. La fantasía no es importante...
-El cine de Hollywood tal vez hubiera optado por mostrar lo que usted no muestra.
-Seguramente. Estar delante de la cámara y contar una historia de amor hoy, en este mundo que es cada vez más cínico, es casi pornográfico. Creo que en el cine de hoy hay sexo y fantasías por todos lados. Pero, por otra parte, es cada vez más difícil hablar de amor. Se ha convertido en una cosa un poco obscena hablar de amor.
-Usted es un gran manipulador de las fantasías del espectador. ¿Su intención fue que cada uno buceara en el imaginario personal para tratar de develar la fantasía de los personajes?
-Por supuesto. Me gustan las películas que juegan con la imaginación del espectador, que tienen un costado interactivo. No me gusta cuando se da todo y el espectador no hace nada. Espero que el espectador pueda proyectar su propio fantasma en el film.
-¿El entrevistador ocupa el lugar del espectador?
-Sí, porque al comienzo, tal como le sucede al espectador, él también tiene deseos de conocer detalles sexuales sobre la fantasía.
-Finalmente, en la espera de eso tan bizarro se descubre una particular historia de amor...
-Efectivamente. Poco a poco, el entrevistador se da cuenta de que él quiere contar una historia de amor. Y se va interesando por la historia, que es más importante que aquello que el público espera.
-El pasillo del piso del hotel, la antesala de lo que no se llega a ver es roja. Cuando la cámara deja entrar al espectador, la habitación es azul.¿Por qué esa diferenciación?
-Al comienzo, cuando pensé en los colores de la película quise un color invernal, frío como el azul, justamente lo inverso de lo que uno puede imaginar cuando uno va a hacer un film sobre la pasión. Pero luego decidí marcar un contraste, darle al pasillo un rojo burdel en el momento en que la excitación es máxima, antes de concretar la fantasía. Y a su vez, darle azul a la habitación, un color también muy pasional que tiene que ver con la pureza y el ideal del amor. El film que oscila entre los dos.
-Entre lo que ella cuenta y lo que él cuenta hay unas sutiles contradicciones. ¿Por qué?
-En esta historia hay pequeñas mentiras, hay pudor y cosas que no quieren decir... En realidad, son dos historias porque el hombre y la mujer tienen dos formas de sentir. Pero esas pequeñas diferencias entre lo que cada uno cuenta son muy poco importantes, son detalles, anécdotas. Ella no quiere confesar que respondió a un anuncio entonces dice que fue Internet. O ella recuerda un orgasmo simultáneo y él que esa vez no pudo.
-¿Esos detalles no pretenden expresar diferentes sensibilidades?
-Puede que se expresen. Pero no, no quieren dar un punto de vista, decir que el hombre es diferente de la mujer. No quise acentuar esas diferencias. Quise contar una historia escondiendo esos clisés que dicen que la mujer es así y el hombre asá.
-Con Philippe Blasband, el guionista, hicieron una película que está contada desde el punto de vista de una mujer. ¿Cómo fue ponerse en ese lugar?
-Sí, somos dos hombres que se hacen una pregunta y se ponen en el lugar de una mujer. No la vemos únicamente como un objeto de deseo sino que tratamos de ser mujeres, de alguna manera. No somos homosexuales, nos gustan las mujeres, pero tenemos en nosotros a una mujer. Y podemos contar historias sobre mujeres. Creo que la sociedad no sabe resolver esas cosas, que un hombre pueda tener también un costado femenino fuerte. Pero que cada vez más se le tiene menos miedo a las mujeres...
-La película plantea también el riesgo que supone la intimidad...
-Sí. Los dos rechazan ir un poco más lejos con su historia. Están enamorados, cada uno quisiera vivir con la otra persona, pero no llegan a decírselo.
-Hay también como una necesidad de controlar todos los momentos...
-Desde el momento en que esas dos personas se encuentran para concretar su fantasma son dos personas que quieren controlar todo, y evidentemente no controlan nada. Ellos sólo quieren tener sexo, pero llega el amor. Pero ni el sexo se puede controlar. Como antes eran los padres quienes elegían con quién se casarían los hijos, hoy creemos que el hecho de poder elegir a la persona con la que queremos casarnos o convivir ya se es libre... No estoy muy seguro de ello.






