
Los concursos, puja de talentos
Oportunidad: los certámenes artísticos son una experiencia que han permitido en el pasado descubrir a grandes voces de la música ciudadana.
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Mañana, a partir de las 15, el célebre teatro de la Avenida de Mayo l222, donde brilló muchos años Miguel de Molina, vibrará al compás del 2 x 4 con la convocatoria a todos los jóvenes bailarines, cantantes y músicos del tango de hasta 30 años de edad, efectuada por La Nación , y otras expresiones de la cultura para ser seleccionados y participar de la gran fiesta que se llevará a cabo en el Palais de Glace, entre el 19 de septiembre y 16 de noviembre.
Y en esta movilización, comprometiendo a las nuevas generaciones con nuestras raíces musicales urbanas, se visualiza el acierto de sus promotores fundándose en valiosas experiencias previas, basadas en la puja de talentos, tributarias de obras y artistas de singular valía.
Por caso, la competencia organizada por Max Glucksmann en 1924 para autores y compositores en el Grand Splendid de la avenida Santa Fe, imponiéndose "Sentimiento gaucho" y relegando al tercer lugar a "Organito de la tarde", de José y Cátulo González Castillo.
Lo curioso de este certamen fue el temperamento adoptado para otorgar el primer premio, prescindiendo de un jurado irreprochable y delegando en el público la elección del tema ganador sobre la base de que cada entrada equivalía a un voto. Este criterio hizo posible la manipulación del resultado por quien acumuló mayor cantidad de tickets, generando, igual que en otros casos similares, antológicas bataholas entre las hinchadas.
Mas allá de los vicios de este sistema, grandes tangos como "Noche de reyes", "Bajo Belgrano", "Te aconsejo que me olvides", "Alma en pena", "Duelo criollo", "El pescante", "El último café" y "Balada para un loco" nacieron en esos eventos, trascendiendo luego.
Numerosos intérpretes de las décadas del 40 y 50, por caso Héctor de Rosas, triunfador en l947 del de Radio Belgrano; Roberto "Chocho" Florio, club Federal Argentino; Ernesto Herrera y Fontán Reyes, que se incorporaron a Héctor Varela; Roberto Mancini a Miguel Caló y Alfredo de Angelis; Carlos Budini -de gran suceso con "Medias de seda"- a Miguel Nijehnson; Blanca Mooney con Osvaldo Fresedo, Silvia del Río, Ruth Durante, Carlos Olmedo, Nelly Vázquez y tantos, más surgieron de allí.
Buscando voces
Un prototipo de aquellos duelos es Alfredo Dalton, el "galán cantor", triunfador el 28 de setiembre de 1953 del concurso nacional organizado por "Clorofila trineo" con el logo de "30.000 pesos y la fama". El director artístico del certamen, Manuel Sucher (autor con Bahr de "Muriéndome de amor"), recorría el país en el avión Piper de Radiofilm, rastreando golas, por caso la de Alfredo Belusi, de Rosario, luego con José Basso; Carlitos Montalvo, que impuso con Jorge Caldara "Qué te pasa Buenos Aires", y Héctor Petray, con Atilio Stampone en ese certamen nominado segundo tras de Dalton.
El triunfo le significó al intérprete de Flores Sud el rol protagónico en el film "Adiós muchachos", de Armando Bo, con la participación del pianista Juancito Díaz encarnando al compositor Julio César Sanders, autor con Lenzi del tango homónimo.
El film rodado en escenarios naturales, como el balneario de Quilmes, se constituyó en paso previo para la intervención de Alfredo en edulcoradas fotonovelas y también de actuaciones en los teatros Maipo, Comedia, la sala El Tronío, Radio Splendid, Miguel Caló, y sus propias composiciones, tal la exitosa "Andate con ella".
También jugó de "celestina" en un romance de aquéllos.
Todo comenzó una noche en la cantina de Juancito Spadavecchia en la Boca cuando ingresó Isabel Sarli al local, y a Armando Bo, junto a Alfredo, casi se le atraganta un langostino. Dalton los presentó; así nació "El trueno entre las hojas", filmada en la espesura guaraní con Sarli nadando en claras lagunitas.
Por entonces yo vivía en Asunción y asistí en 1957 al estreno de esa película. A posteriori, el general Osiris Villegas, acreditado en nuestra embajada, ofreció una cena y fui ubicado silla por medio con la "Coca". Recuerdo mi palpitación "rabo de ojo a un costao" ante su voluptuosa anatomía.
Una de las singulares facetas de Enrique Cadícamo es su participación en los concursos -"Muñeca brava" y "De todo te olvidas" se pergeñaron en esos ámbitos- y quisiera recordar el que se efectuó en 1957, teniendo como bloque temático a Gardel, en el que intervinieron valores de la talla de Aieta, Piana y Sosa Cordero, entre otros.
Un tribunal compuesto por García Jiménez y Virgilio Expósito decretó empate para don Enrique frente a la dupla Angel Vargas-Leopoldo Díaz Vélez. El tango de Cadícamo, pleno de evocaciones del zorzal, su dilecto intérprete, se llamó "A Gardel", y es tan excelente como olvidado.
La memoria se transforma, a veces, en "arenas que la vida se llevó".
Por eso no dudo de que de su mano evocaremos el ayer, y en especial esas noches del Palais de Glace alimentadas por el "violín corneta" de De Caro, hoy resurgiendo entre los nuevos con la magia de su talento y el fuego de concursos como éste, abarcativo de la totalidad de las manifestaciones artísticas del tango, por caso la danza,donde brillan Juan Carlos Copes y muchos más nacidos en torneos de humildes clubes de barrio.




