El bajista de Riff es el mejor contador de cuentos del mundo
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Si a la historia increíble de un bajo que desaparece y vuelve a las manos de su dueño tres años más tarde le sumamos a un contador de cuentos formidable como Vitico, entonces no hace falta nada más. El bajista de Riff y líder de Viticus hace las pausas justas, exagera en los momentos precisos y comparte toda la sabiduría obtenida a lo largo de cincuenta años de rock & roll.
¿Cuál es tu instrumento favorito?
Mi bajo Fender Precision del año 66. Lo tengo prácticamente desde que empecé a tocar, y es mi favorito más que nada porque es de la época pre CBS, o sea, cuando todavía Leo Fender chequeaba personalmente los instrumentos que hacía. De hecho el mío afina al revés: girando las clavijas para el otro lado. No pesa nada, porque tiene el mango Rosewood, que es el tipo de madera. Y la madera está viva: va perdiendo peso a medida que pasa el tiempo. ¿Sabías eso vos?
No tenía ni idea.
Bueno, aprendiste algo. Pero lo más importante es que a ese bajo lo quiero muchísimo. ¿Sabés por qué? Te voy a contar la historia...
Por favor.
En 1980 una de las primeras cosas más o menos importantes que nos pasaron con Riff fue ir a tocar a La Pampa. Después del show, ya por pegar la vuelta, todos arriba del colectivo que habíamos alquilado, nos damos cuenta de que lo único que faltaba era mi bajo. Me lo habían robado. ¡No sabés cómo me puse! Estaba tan mal, que el Carpo se me sentó al lado y me dijo: (imita la voz de Pappo) "Víctor, las cosas materiales van y vienen. Lo único que no se puede arreglar es la muerte".
¡Un gran consejo!
¿Viste vos qué tipo sabio? La cuestión es que un poco más de tres años después de ese episodio, acompañé a un amigo a una casa de música. Y ahí veo un bajo y digo: "Uhhh, ¡mirá qué lindo mango que tiene este!" Cuando lo agarré, yo creo que empezó a moverse toda la casa de música, la cuadra y la manzana. ¡Era yo que temblaba! Lo reconocí al tacto: era mi bajo. Estaba pintado de negro y le habían sacado la marca Fender de arriba. Pero le dejaron la chapa con el número 202777.
¿Te lo devolvieron?
¡Me lo querían vender! Y yo ofrecí hasta la mitad del precio, pero no había manera, no lo largaban. Así que mirá lo que hice: me fui hasta lo de un escribano y ahí nomás levanté un acta. Menos mal. Armé un expediente muy lógico sobre el robo, con todos los datos: la chapa del bajo, dónde, cuándo, escrito a máquina, la verdad es que estaba realmente bien hecho. Y con eso fui a Tribunales.
¿Te dieron bola?
Es que fui tantas veces que ni te imaginás. Yo sabía que ellos tenían cosas más importantes que hacer, pero para mí lo más importante era el bajo, y además tenía todas las pruebas. Finalmente un día entré y se escuchó una voz que gritó: "¡Por favor que no venga más este tipo! ¡Acompáñenlo a dónde sea!". Justo había uno ahí que era fan de Riff, porque en ese lapso de tres años fue cuando nos hicimos famosos. Así que me aparecí en la casa de música con un destacamento en un patrullero y secuestramos el bajo, que fue a parar a la comisaría. Y a partir de ahí rompí tanto las bolas en la comisaría que me lo terminaron dando. Decime si no es una historia maravillosa...
¿Tenés idea cómo llegó el bajo a la casa de música?
Sí, fue vendido por alguien de La Pampa unas semanas después de cumplidos los tres años del robo, que es cuando prescribe el delito de hurto. "Hurto" significa sacar algo sin violencia, sin romper nada. Yo me enteré esto de tanto romper las pelotas y hacer tiempo en Tribunales.
O sea que el ladrón era un profesional.
Totalmente. Encima lo había camuflado, todo pintado de negro, era una cosa horrible. Yo lo mandé a pintar de nuevo, me hice traer las calcomanías originales de Estados Unidos... Me quedó joya.
¿Tenés idea a cuánto cotiza un bajo así hoy?
¿Vos querés que lo haga público y me lo afanen de nuevo? Es un bajo de colección, así que cotiza muy bien, pero no lo vendo ni en pedo. ¡Si lo tengo desde el 66! Era la época en que te traían cosas las azafatas. Este bajo le va a quedar a mi hijo Nicolás, o a Manuel. Es para ellos.
¿Lo seguís usando en vivo?
Por supuesto. Igual tengo un par de bajos más. Tengo el hacha.
¿El hacha?
Sí, el de Gene Simmons de Kiss. Un día estábamos en Irlanda con mi mujer, paseando, y de repente en la vidriera de una casa de música vemos el hacha. "Uy, qué divertido", dije yo, porque la verdad es que es divertido. Pero quedó ahí. Al día siguiente me llaman de la recepción del hotel y me dicen que había algo para mí. "¿Para mí? Si yo acá no conozco a nadie", pensé. Voy y me encuentro con el bajo envuelto en una funda divina. Me lo había mandado mi mujer.
Buenísimo, tenés para elegir.
Sí, y tengo uno más, que me hizo Roberto de Faim. Y si te interesa, también tengo una Stratocaster Fernández y una Gibson Melody Maker.
Por lo que veo en tu casa hay una linda colección...
Pero hermano, ¡hace cincuenta años que estoy en esto!
Por Lucas Garófalo
La semana que viene: la caja de ritmos de Boom Boom Kid.
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