
Los mimos tomaron la palabra en el Xirgu
Balance: concluyó el Primer Festival Nacional de esta disciplina, que reunió a elencos de catorce provincias.
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Con la actuación del chileno Mario Rojas Recacal, único extranjero presente, el sábado culminó el Primer Festival Nacional de Mimo. Durante la reunión escénica, las dos salas del teatro Margarita Xirgu estuvieron casi colmadas de un público amante de uno de los lenguajes artísticos más antiguos. Sin embargo, y más allá del carácter gratuito del encuentro, el Primer Festival Nacional de Mimo no llegó a tener la difusión que los elencos esperaban. Muchos coincidían en que uno de los errores fue la proximidad -sólo a un día de diferencia- con el Festival Internacional de Buenos Aires, acontecimiento que acaparó la atención por parte de los medios y el público. Así, el encuentro pasó inadvertido.
Organizado por la Asociación Argentina de Mimo y la Dirección Nacional de Teatro, el formato del Festival fue similar al de la Fiesta Nacional de Teatro, que este año comienza el 5 de noviembre en Catamarca. Para definir los representantes de cada una de las provincias se hicieron encuentros locales con un jurado que definió al ganador. Pero el desarrollo de esta expresión artística es muy desparejo según la región. Vale tomar un ejemplo: en sólo cuatro regiones se presentaron más de un trabajo. Vale otro dato, el de la realidad jujeña, donde el mimo llegó a San Salvador apenas a principios de la década última. Son datos que ayudan a entender los profundos desniveles artísticos que aparecieron en este encuentro.
Tres ganadores
El Festival tuvo un carácter competitivo, con un jurado -compuesto por representantes de las distintas asociaciones que hacen al quehacer teatral- que eligió a tres ganadores. El sábado a la noche se dieron a conocer los resultados: primer premio para La Compañía Buster Keaton (Capital Federal), con la obra "La liturgia de las horas", dirigida por Pablo Bontá; segundo premio para el unipersonal "La Bruma", del tucumano Mauricio Semelman y dirección de Martha Acosta, y, en tercer lugar, el grupo fueguino César Zelarrayán, con la obra "Sueños". Menciones especiales obtuvieron los elencos jujeños y sanjuaninos, y el premio que voto el público recayó en manos del mendocino Daniel Quiroga, con "De amor también se muere".
A lo largo de las cinco jornadas (la del viernes se saturó con cinco espectáculos) hubo de todo un poco. Desde el vuelo, el profesionalismo y el delirio de la compañía del capitalino Pablo Bontá, que abrió el encuentro y fue ganador de los 10 mil dólares, hasta una gran cantidad de trabajos unipersonales.
Presencia del clown
Varias de estas propuestas estuvieron basadas en el clown, como el irregular elenco de Santa Cruz o los representantes de Santiago del Estero (Grupo La Mueca). Estos últimos presentaron un trabajo basado en efectivos gags, donde se destacó la actuación de su director, Adrián Martínez Ramallo.
Otro de los unipersonales, a cargo del mendocino Daniel Quiroga, presentó un trabajo delirante con una hermosa poética, pero basado más en un riguroso trabajo actoral que en la técnica de la pantomima. El representante de la provincia de Buenos Aires, Carlos Elizalde, concretó una arriesgada recreación del mundo de Francis Bacon. Un carácter de experimentación que también estuvo presente en los sanjuaninos del Grupo Círculo de Tiza. Ellos ofrecieron una interesante propuesta de mimo acrobático, de alto riesgo dramático y de refinado trabajo estético. Los jujeños del Grupo Uraj Uya mostraron un trabajo donde rescataron sus fuentes étnicas.
La realización del próximo encuentro está prevista para dentro de dos años.
Un debate que está pendiente
"De ser un género parateatral, un entretenimiento de relleno en los entreactos de la tragedia griega y el preferido del pueblo romano (...), el mimo pasó a ser, luego de severas persecuciones y marginaciones, una de las más importantes y mágicas manifestaciones artísticas de la actualidad", sostiene Víctor Hernando en su libro "MimoGrafías". Sin embargo, tal afirmación parece no tener su correlato con lo que sucede hoy en la Argentina.
Las primeras referencias al mimo en el Río de la Plata se remiten a 1799. José Chiarini, los Cañetes o el italiano Pedro Sotora fueron nombres fundamentales a principios del siglo pasado. Pero para hablar del mimo argentino actual habría que remitirse a estas últimas cuatro décadas. En 1951 se presentó por primera vez el francés Marcel Marceau, nombre íntimamente ligado al crecimiento y la difusión de este lenguaje escénico en nuestro país. En esos tiempos, París era el epicentro de formación para los argentinos que desarrollaron el género. Allí, Angel Elizondo, Roberto Escobar e Igón Lerchundi mamaron las enseñanzas de los dos grandes teóricos:Etienne Decroux y Jacques Lecoq.
A fines de esa década y principios de los setenta, Alberto Sava, Escobar-Lerchundi y Angel Elizondo fundaron sus respectivas escuelas. Varios actores de la vieja generación (como Cipe Linvosky, Juan Carlos Gené o Inda Ledesma) pasaron por sus talleres.
Ese fenómeno volvió a producirse en los ochenta, cuando buena parte del "under" de aquella época se refugió en el estudio de los géneros puros. Los cursos de mimo fueron verdaderos bolsones de creación e investigación teatral. Eran tiempos donde se reivindicaba al clown, al mimo y al circo readaptándolos a los tiempos violentos de la dictadura y al principio de la democracia. Para ese entonces había elencos y hasta un teatro destinado exclusivamente a esta expresión.
Los noventa encuentran al mimo en un real estado de marginación en cuanto a producción, búsqueda estética y llegada al público. Para algunos mimos, la convocatoria masiva alcanzada por Marceau hace que ellos regresen a representaciones que se apoyan en una concepción tradicional. Algo que tiene su correlato en los mimos de vía pública, aquellos de máscara y guantes blancos, remera a rayas y pantalón negro que repiten una rutina ya archiconocida: el número de la pared y la caminata contra el viento.
Hoy, la única compañía estable de mimo es la Buster Keaton, que dirige Pablo Bontá. El resto se debate entre propuestas unipersonales donde no siempre se complementan el trabajo actoral, autoral y de dirección. Quizás en esa falta de riesgo esté la causa de que no aparezcan nuevas formas en esta expresión milenaria .





