
Los Piojos, otra vez en el Luna
Recital de Los Piojos. Integrado por Andrés Ciro en voz, armónica y guitarra, Piti Fernández y Gustavo Kupinski en guitarras, Miki Rodríguez en bajo, Sebastián Cardero en batería. En el Luna Park. Ultima función, hoy, a las 20.
Nustra opinión: Bueno
Postales. Muchas. Para el recuerdo de una de las noches de Los Piojos en el Luna Park, aprovechado escenográficamente con inteligencia y creatividad. Desde el principio, con juegos de fuego en las escaleras por detrás del escenario que dan el marco ideal para el comienzo con "María y José", mientras el estadio estalla con la energía vibrante del reencuentro.
Bronces de lujo toman el lugar de los fuegos, allí arriba, para "Taxi boy" y pantallas que, poco antes, habían acompañado con imágenes documentales "Esquina libertad".
La banda, apoyada cada vez más en las guitarras, encuentra el equilibrio sonoro al bajar la confusa estridencia inicial y crea climas extraños, inesperados en "Quemado" y, brevísimo pasaje Sumo mediante, cae en una guitarrística versión de "Ay ay ay" con ese mantra viajero que reza una y otra vez que vamos "colgando del tren, como racimos". Hubo un estreno: "Sed viña". Pasajes de intenso rock y de blues, toques de folklore, Ciro cantando arriba, abajo, caminando cerca de la gente, tocando la armónica. Y otras voces, las de Piti y Miki, en dos momentos diferentes del show que toman el lugar del cantante. Omar Mollo es el invitado justo para el "Yira yira" a un ritmo más de hoy en su velocidad para los versos del desamparo total. Y están también los teclados de Alvaro Torres y el Pollo Raffo y las percusiones de Facundo Farías Gómez.
Hay, también, momentos de muy alta emoción, como cuando, con una cotidianidad entre músicos y seguidores lograda a fuerza de años y fidelidad mutua, no hace falta más que la imagen de un botín de fútbol en las pantallas para que todos comiencen con el recitado que es introducción de "Maradó". Con el tema, todo explota mientras incontables imágenes de la habilidad y el don del gran jugador se entrecruzan con voces y guitarras.
Otro gesto para el recuerdo: Ciro deja que sea el público que colma el Luna el que cante "Tan solo", mientras él los filma-abraza, con la cámara, desde el escenario.
Cinco guitarras
Para hacer aún más rock, suman tres guitarristas invitados, de bandas amigas (Los Umbanda de la Turka, Agrupación Skabeche y Actitud Sospechosa). Cinco son entonces las guitarras que suenan para hacer "Around & around" y "Zapatos de gamuza azul". Ciro, tan rocker, se hace Elvis y, tras cantar "Agua", entrega un breve homenaje a los orígenes del rock local con una parte de "El mendigo del Dock Sud". Las pantallas no se limitan a ser eco de lo que sucede en el escenario. Suman. Videos, dibujos en los que el logo "piojoso" muta en inesperados personajes y hasta se convierte en protagonista de video-games. También hay bailarinas y juegos en sogas, con una "trapecista-vedette" colgada en el centro del escenario.
Los Piojos son uno de los grupos más convocantes del país. Con estas funciones en el Luna habrán reunido, tras el último concierto de hoy, más de treinta mil personas en cuatro shows.
Es, también, un extraño momento. Tras la partida del baterista Daniel Buira perdió fuerza el lado más candombeado y latino de la banda. Las guitarras se volvieron protagonistas, pero aún les falta encontrar un sello, un sonido, absolutamente personal. En esa búsqueda, entre postales varias, parecen estar hoy.
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