
Los sonidos clásicos de Holanda
Quiénes fueron -y son- los grandes nombres de la música clásica en el país europeo
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El pueblo holandés siempre se caracterizó por un marcado gusto por la música, en especial por el canto coral, que se cultiva desde la niñez. Sin embargo, no son numerosos los grandes creadores del pasado, salvo Jacob Obrecht, de la segunda mitad del siglo XV, y Jan Pieterszoon Sweelinck, que vivió entre 1562 y 1621.
Fue uno de los grandes organistas de la época, quizás el último lazo en el campo instrumental con la gran tradición de polifonistas flamencos, autor prolífico de canciones, motetes, madrigales y diversas obras para teclado, cuyo talento influyó a los compositores del norte de Alemania.
Con posterioridad, en el siglo XIX, son dignos del mayor respeto Johannes Verhulst (1816-1891), alumno de Félix Mendelssohn, y Richard Hol (1825-1904), seguidor de la estética brahmsiana.
En las obras de Bernard Zweers (1854-1924) aparece un lenguaje musical de sabor holandés, por lo menos en lo referido a la temática, como se advierte en su tercera sinfonía, bautizada "A mi patria", en curiosa coincidencia con el checo Smetana, considerado el primer gran compositor nacionalista de Bohemia.
De Diepenbrock a la guerra
Pero será Alphons Diepenbrock (1862-1921), nacido y muerto exactamente tres siglos más tarde que Sweelinck, el primer compositor de fuste. Sustentó su talento en una gran preparación humanística, profundo misticismo contemplativo, conocimiento de la obra de Wagner y el deslumbramiento frente a Debussy. Sus obras respiran una poco frecuente coexistencia entre la melodía romántica y el ascetismo del canto gregoriano.
Otros compositores destacados de la primera mitad del siglo XX fueron Johan Wagenaar (1862-1941), autor del poema sinfónico "Saúl y David", según el cuadro de Rembrandt; Jan Brandt-Buys (1868-1933), Cornelius Dopper (1870-1939), Peter van Anrooy (1879-1954), buen director de orquesta y autor de la brillante rapsodia de inspiración nacional y popular "Piet Hein"; Jan Van Gilse (1880-1944), Williem Landré (1874-1948), autor de un valioso y nostálgico "Réquiem" a la memoria de su esposa, y Julius Ršntgen (1855-1932), influido por algunos compositores germanos.
Cuatro músicos significativos adoptaron, después de la guerra mundial de 1914, el camino atonal de la Escuela de Viena. Fueron ellos Henri Zagwijn (1878-1954), biógrafo de Debussy, pero inclinado a las técnicas atonales; Sem Dresden (1881-1957), autor fecundo, incluyendo la ópera "François Villon" y obras para coros; Daniel Ruynemann (1886-1963), promotor y defensor de todas las vanguardias, precursor indudable de las corrientes de la joven música actual, y Matthijs Vermeulen (1888-1967), crítico musical autorizado y autor de un corpus sonoro (canciones, música de cámara y siete sinfonías) de estilo cromático e introspectivo.
Figura relevante
Pero fue el genio musical de Willem Pijper (1894-1947) tal vez la figura más importante de la música holandesa moderna, simplemente porque hizo una síntesis original de lenguajes diversos, como los de Mahler, Debussy y las técnicas politonales y polirrítmicas, apelando al uso de breves células melódicas y a un lirismo al que no le falta inspiración.
Calvinista riguroso, su prematura muerte y su formidable actividad como profesor en los conservatorios de Amsterdam y Rrtterdam limitaron su producción, a pesar de lo cual quedaron su ópera "Halewijn", de 1933, sus sinfonías, conciertos para piano, violonchelo y violín, obras de cámara para diversas formaciones, piezas para piano y obras para la escena.
Esa producción fue más que suficiente para ejercer una gran influencia en los compositores posteriores y para considerarlo entre las grandes figuras de la música holandesa de la primera mitad del siglo XX.
Algunas de las muchas figuras destacadas de la creación musical de las últimas décadas en Holanda son Hendrik Andriessen, Alex Voormolen, Marius Monnikendam, Guillaume Landré, Henk Bedings, Bertus van Lier, Kees van Baaren, Rudolf Escher, Hans Henkemans, Marius Flothuis, Lex van Delden, Tom de Leeuw, Peter Schat y Otto Keting.
Esta enumeración incompleta refleja la vitalidad de un muy numeroso conjunto de creadores que evolucionaron gracias a las magníficas condiciones de trabajo y al impulso a la música en los últimos tiempos, con saludable estímulo a la producción nacional. Son buenos motivos como para conformar una generación de las más brillantes en el mundo.
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