Luciano cantó para la familia
"Soy tuyo", recital del cantante Luciano Pereyra. Banda de siete músicos y orquesta de cuerdas. Teatro Gran Rex.
Nuestra opinión: bueno
Hace poco tiempo, en una entrevista, Luciano Pereyra se definió como un cantante de música popular: ni folklorista, ni baladista. El repertorio que exhibió en la presentación de su último disco "Soy tuyo", coincide con un gusto híbrido, abierto tanto a las canciones románticas como a las zambas, las chacareras, el tango canción y los sonidos rioplatenses.
Cuando aparece en el escenario, las chicas lo reciben con un grito colectivo. Sentado en un sillón y tocando su guitarra, el cantante inicia un meloso recorrido por canciones como "Lucía" y "No quisiera quererte", para saltar a una chacarera pura como "Caminito de acheral", que pone clima de festival y luego hace sentar nuevamente a toda la gente con la balada "Los recuerdos no abrazan", con aires griegos de mandolina que lo acercan a una suerte de Leonardo Favio.
El eclecticismo del joven intérprete responde a una fórmula bien repartida para gustar a un público integrado por chicas con sus novios, madres y abuelas. "Me gusta que esté toda la familia reunida", define el cantante en el primer saludo de la noche. La postura de Luciano Pereyra es clásicamente de un baladista, que proyecta la imagen de un "muchachito romántico", vestido como para una fiesta de casamiento, sugiriendo movimientos o utilizando su rango vocal para impresionar a los jóvenes adolescentes que aúllan abajo del escenario.
El cantante se rodea de mucha producción atrás -pantallas colgadas como cuadros donde van pasando diferentes imágenes personales y paisajes, según la temática de cada tema- y una banda de músicos y orquesta de cuerdas, que se adaptan al recorrido por diferentes géneros con el hilo conductor del amor.
El cantante levanta el nivel del repertorio cuando introduce autores con más peso, más allá de sus intentos como cantautor, con el tango canción "Cuando tú no estás" o "El viejo Matías", de Heredia, donde consigue buenas versiones sin afectar tanto la voz con su timbre agudo, acompañado por la orquesta de cuerdas.
Baladas y ritmos folklóricos
Eso sí, a pesar de la sobrecarga de baladas, se encarga de alternar con ritmos folklóricos que levantan el clima íntimo del concierto con la chacarera "Mar de amor" (insistente en su temática); el aire de candombe "No sé si me quieres", la otra chacarera de su autoría que convirtió en hit en su disco debut "Chaupi corazón", y la zamba carpera "Cuento de amor", con el fueye de Lidio Reyes.
El takirari "Amor, donde hubo fuego", para que las chicas muevan los brazos en alto de un lado a otro, va señalando el último tramo del recital, con un set donde vuelve a tocar solo la guitarra y aparecen como invitados Juan Carlos Baglietto, para una pobre versión de la hermosa "Tonada del viejo amor" (Falú-Dávalos), y Rubén Rada, que le pone su toque humorístico a tanto romanticismo que ronda el aire del teatro colmado.
Después vuelve a lo suyo cantando inspiradoras letras como esa que dice: "Inconscientemente estoy pensando en ti, estoy bloqueado", pero quizá la imagen más fuerte de la noche aparecerá con el tema de León Gieco "Sólo le pido a Dios". La canción que ahora adoptó como suya Luciano Pereyra marca el ineludible anclaje con la realidad y esas imágenes de cortes de ruta y rostros infantiles que acompañan ese rezo: "Sólo le pido a Dios que el dolor no me sea indiferente...".
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