Dios te salve, María
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Un experimento musical lleno de gracia
En el proyecto el otro yo del otro yo, los integrantes del trío de Temperley les dieron rienda suelta y por separado a sus respectivos impulsos musicales. Según María Fernanda Aldana, el álbum triple resultante ( Esencia, 1997) estaba repleto de "ramificaciones transparentes que se funden en la composición de El Otro Yo". Lo cierto es que los temas que llevan su firma son los que más se salen de tal patrón estético. Y casi lo mismo podría decirse de Entresueños (2000), su libro de poemas y dibujos que venía acompañado por un cd.
Dios te salve, María marca, en ese sentido, la continuidad de una búsqueda personal. No es un disco de rock energético, ni mucho menos: es algo así como el experimento de una estudiante avanzada de conservatorio que decidió sacarles la lengua a las lecciones aprendidas anteponiéndoles un universo femenino y singular.
Esta vez, la bajista guardó su instrumento en la funda. Sentada al piano, construye melodías oscilantes, cristalinas, orientales, oníricas, misteriosas, melancólicas o encendidas. También toca el arp odissey, usa samples y efectos varios, canta en francés ("Je dors") y homenajea a su madre ("Para qué soñar"). Una buena síntesis de éste, su otro yo, puede encontrarse en uno de los poemas incluidos en el booklet: "Escuchemos las nuevas escalas/ de la abstracción/ se forman por ósmosis/ en el viento…".
Juan Andrade
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