Marta Albertinazzi: una escenógrafa talentosa
El sábado a la noche, casi al filo del domingo, murió la vestuarista, escenógrafa y docente Marta Albertinazzi, de notable talento y expansiva personalidad. Probablemente, su última aparición en un evento social haya sido cuando se presentó en sociedad Asociación de Diseñadores Escénicos de la Argentina, de la que formaba parte. Aquel encuentro, hace apenas unas semanas, tuvo algo de acción performática en la que varios colegas trazaron un panorama histórico de la actividad. Todo venía en orden (y con su lógico desorden) hasta que alguien, desde el fondo de la sala del Centro Cultural de la Cooperación, interrumpió el acto. Era Marta. Reclamaba mayor protagonismo del Instituto Di Tella en ese pantallazo y mayor reconocimiento a la labor de Roberto Villanueva, figura clave diteliana. Cuando reconocieron su voz, muchos sonrieron porque conocían de esas reacciones suyas. Es que Marta Albertinazzi también tenía algo de alma rockera camuflada detrás de un larga cabellera rubia y mirada pícara.

Villanueva había sido su maestro. Por lo pronto, debutó como vestuarista en un trabajo suyo estrenado hace cuatro décadas (El Plauto, de Carlos Trías). A la vuelta de Villanueva de España, siguieron trabajando juntos en obras como Las personas no razonables están en vías de extinción, de Peter Handke, y Fuenteovejuna, de Lope De Vega, ambas estrenadas en el San Martín. Eran tiempos en los que también armó equipos con directores como Augusto Fernandes, Juan Carlos Gené y Lorenzo Quinteros en salas oficiales como alternativas.
A su labor en cine (Plata dulce, Tiempo de revancha, Hombre mirando al Sudeste, entre otras) ella siguió diversificando su horizonte en el ámbito de lo escénico. Fue fiel aliada de Los Macocos; Martín Salazar recordó en Facebook sus trabajos en La fabulosa historia de los inolvidables Marrapodi y Androcles y el León; y del coreógrafo Carlos Trunsky, con quien trabajó durante 15 años y cuyo próximo mojón es una puesta a estrenar en el Teatro Colón. Fue justamente Trunsky quien contó en su cuenta de FB de su repentina muerte mientras charlaba con una amiga como si no pasara nada. Pero pasó y lo cierto es que a los 75 años murió Marta Albertinazzi.
Docente de la UNA, premiada en varias oportunidades, trabajadora incansable y apasionada por lo suyo, Albertinazzi fue tan irónica como sarcástica y tan talentosa como ese tipo de personas para las que no pasa el tiempo. Siempre con una generosa sonrisa, como en la foto que acompaña estas líneas.
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