
Jonathan Rhys-Meyers, Scarlett Johansson, Emily Mortimer, Matthew Goode y Brian Cox.Escrita y dirigida por Woody Allen.
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Un cuento moral
La mejor película de Woody Allen desde "Crímenes y Pecados" está enlas antípodas del resto de su filmografía: menos neurosis y más moral, cero comedia y mucha más carne.
A veces hay que elegir. Entre lo que nos apasiona y los que no hará rico, entre la mujer buena y la que nos hará sufrir, entre la bella y la elegante, entre la hermana del mejor amigo y la novia de éste. Chris (Jonathan Rhys-Meyers) está parado en la intersección de todos esos caminos. Como personaje de Charles Dickens, un moderno David Copperfield o un contemporáneo Nicholas Nickleby, Chris ha pasado toda su vida tratando de liberarse de su origen humilde, aprovechando cuanto escalón social aparece en su camino. Sabemos que su primera vía de escape fue el tenis, deporte en el cual ascendió cuanto pudo, pero que finalmente no le dio el estatus que tanto ansiaba. Chris es un héroe moral, una figura de fábula que desde el primer segundo es mostrado como alguien que no se detendrá para obtener sus fines, que a pesar de tener muy claro lo que separa al bien del mal, sabrá usar el cinismo y también la suerte para alcanzar sus deseos.
Match Point es, por mucho, la mejor película de Woody Allen desde Crímenes y Pecados. Y es también -a un nivel estructural- la más distinta de todas. De partida, el director abandona su clásica geometría de hora y media para superar las dos horas de metraje. Deja atrás también su clásica escenografía neoyorquina para trasladarse a Londres. Se aparta también del factor comedia omnipresente a lo largo de su obra, sin que ningún personaje en toda esta fauna resuma la neurosis y el humor que tan buenos resultados le consiguieron al responsable de piezas claves como Annie Hall y Manhattan. Pero Allen, más que un director, es autor y en Match Point se repiten ideas y personajes tan improbables como el propio Chris, un tenista superficial que sin embargo ama la ópera y lee a Dostoievski, buscando en su prosa el sentido de la vida. En este ritmo, la película debe entenderse como la pieza más madura de su filmografía. Da un giro completo a sus obsesiones y hace un llamado de atención que parece decir ok, ya estoy viejo, no necesito más psicoanálisis ni discusiones acerca de Bergman y Proust. En este punto, resulta curioso que el único ente de Match Point que funciona como alter ego del realizador sea Alec (Brian Cox), anciano padre de Tom y Chloe, un tranquilo aristócrata amante del arte, cuyas breves interrupciones denotan el lado más afectivo y querendón del filme. Allen ya no es más un histérico divorciado, hipocondriaco y quejón, su yo actual hace rato que pasó la barrera de los sesenta años para convertirse en un abuelo paciente que trata de mantener el orden de su universo. Y eso, en este filme se nota harto.
La historia de Match Point es simple. Chris ha dejado el tenis profesional para mudarse a Londres, donde encontró trabajo como instructor en un aristocrático club. Allí conoce a Tom (Chris Wilton), rico heredero del clan industrial Hewett. Tom lo invitará a ser parte de la familia, hecho que se concretará con la relación que Chris iniciará con Chloe (Emily Mortimer), la elegante hermana de su amigo. El noviazgo le servirá a Chris para ascender en la clase alta londinense, pero la aparición de Nola (Scarlett Johansson), la arrolladora prometida de Tom, no tardará en complicarlo todo y poner en peligro los planes de Chris y de la propia familia Hewitt. El adagio de nunca fijarse en una mujer demasiado bella, porque atrae desdichas, parece cumplirse a cabalidad en el personaje de Johansson, ícono que concentra la atención del espectador mediante una sexualidad enferma y peligrosa. ¿Y usted con quién se quedaría, conmigo o con quién tiene al lado?, parece preguntarle Nola a los hombres que vean la película. Cada quien es libre de contestar lo que quiera.
Match Point es una película fina y elegante, escrita con calculada habilidad. Cada personaje, cada situación es una pieza precisa de un lego perfecto. Woody Allen regresa en mejor forma que nunca a través de un cuento moralista donde todo finalmente depende de la suerte y la ambición. También de la sorpresa. Una obra maestra.
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