
Mika Kaurismäki, sólo para cinéfilos
1 minuto de lectura'
"Tigrero. El film que nunca existió" ("Tigrero. A Film That was Never Made", Finlandia- RFA-Brasil/1994). Dirección, guión y edición: Mika Kaurismäki. Con Samuel Fuller, Jim Jarmusch e integrantes de la comunidad karajá. Fotografía: Jacques Cheuiche. Música: Nana Vasconcelos, Chuck Jonkey y ritmos rituales de los indios karajá. Presentada por Good Movies. Duración: 77 minutos. Calificación: apta para todo público.
Nuestra opinión: buena
"Tigrero" es un film atípico y, por momentos, interesante como idea y como realización. Es, además, un documento que puede movilizar a ese público atento a las rarezas cinematográficas y a estar en contacto con los recovecos del séptimo arte en cuanto a proyectos fallidos, directores devenidos actores y temáticas alejadas de las normas establecidas por la industria.
En resumen, "Tigrero" es una película que será degustada con deleite por los cinéfilos y, en cambio, pasará con indiferencia por ese público que concurre a las salas con el ánimo dispuesto al entretenimiento y a la expansión más distendida.
Para aclarar estos conceptos vale explicar que "Tigrero" es la historia de un film que nunca existió. Esta producción debía ser dirigida por el norteamericano Samuel Fuller hace más de cuarenta años ante un pedido del productor Darryl Zanuck que, con una historia entre manos desarrollada en la selva brasileña, se proponía elaborar una trama de aventuras que tendría como protagonistas a John Wayne, Tyrone Power y Ava Gardner.
Fuller, un realizador que siempre marchó a contramano de los convencionalismos de Hollywood, aceptó el reto y viajó al Mato Grosso, remontó el río Araguaia y llegó hasta la población de Santa Isabel Do Morro, hábitat de la comunidad indígena de los indios karajá. Allí comenzó a buscar locaciones y rodó varios metros de celuloide en los que se describían los bailes y las ancestrales costumbres de esa tribu.
Pero la compañía norteamericana de seguros que debía apoyar económicamente la vida de los tres protagonistas centrales del film no dio su conformidad para el viaje, que en verdad resultaba sumamente riesgoso, y "Tigrero" se convirtió así en un proyecto que, como muchos otros, quedó en el olvido.
Historia con melancolía
Sin embargo, "Tigrero" no había muerto del todo. En 1954 el realizador finlandés Mika Kaurismäki recordó esa anécdota y, apoyándose en su amistad con Fuller, que en aquel momento tenía 84 años, y en Jim Jarmusch, un director considerado provocador y clave del cine norteamericano independiente, comenzó a desempolvar aquella añeja idea de "Tigrero" para convertirla en un documental en el que Fuller, acompañado por Jarmusch, vuelve a aquel alejado lugar de la jungla brasileña. Los nativos recibieron con cordialidad a los viajeros y Fuller les exhibió, ante sus ojos asombrados, los fragmentos que había rodado cuarenta años antes. Muchas cosas, sin embargo, cambiaron en todo ese tiempo. Los nativos ya no habitan chozas de paja sino que poseen viviendas de ladrillo, televisores y modernos relojes de pulsera, aunque su cultura karajá -y esto sorprende gratamente a Jarmusch- sobrevive a las comodidades de la modernidad.
Fuller, por su parte, memoriza aquellos tiempos en que "Tigrero" era su más ambicioso proyecto fílmico. Y en diálogos por momentos sabios, a veces irónicos y humorísticos, narra a Jarmusch y a una cámara inquieta aquella aventura de un film que no fue y que, con el paso del tiempo, se transforma en un rescate historiográfico y en un documento antropológico.
Mika Kaurismäki es tan talentoso como impredecible en su carrera de cineasta. Y lo prueba fehacientemente con "Tigrero", un documental por momentos desconcertante que mezcla diálogos melancólicos con frases graciosas y aporta imágenes algo borrosas con otras pertenecientes a "Shock Corridor", producción de Fuller que se desarrolla en un hospital neuropsiquiátrico.
Este documental aborda, pues, varios espacios cinematográficos. Pero es, fundamentalmente, una aventura en que tres amigos, Kaurismäki, Fuller y Jarmusch, se asociaron para volver al pasado en medio de un presente que cambió costumbres, pero que mantuvo incólumes los restos de una cultura indígena y el amor al cine y el ingenio de este trío de directores que, como casi siempre en sus obras, desearon crear una película que rompa con los rígidos esquemas establecidos por el séptimo arte.




