
Mike Leigh: verdades para mirar sin rímel
"Secretos y mentiras" es una película apta para todo sexo, pero da en el blanco de la fascinción de la platea femenina
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Por suerte, Mike Leigh no quiso hacer una película sobre mujeres y para mujeres. A esta altura de la historia del cine, ellas aprendieron a desconfiar de los que juran haber realizado un film ideal para la cartera de la dama. La experiencia es sabia:más de una vez les prometieron historias diseñadas a la medida de la sensibilidad femenina y terminaron dándoles una colección de lugares comunes y golpes bajos, todo cortado y cosido según el modelo patrón de la emoción pret-a-porter.
El director de "Secretos y mentiras", en cambio, tuvo el buen tino de contar una historia sin tener a las espectadoras en la mira. Según declaró, el único mensaje que pretende transmitir su film " es que lo mejor siempre es decir la verdad". Y la verdad, se sabe, no hace distinción entre los sexos.
Al hombre le bastó apuntar al buen cine para cazar todas las presas de un sólo disparo:la crítica, la Academia de Hollywood que le deparó cinco nominaciones para el Oscar, el Festival de Cannes donde "Secretos y mentiras" obtuvo la Palma de oro y el premio a la mejor actriz. Pero, basta mirar a las mujeres a la salida del cine, para sospechar que el realizador inglés dio, además, en un blanco al que probablemente ni siquiera había disparado:la fascinación de la platea femenina.
Ellas están frente al espejo del baño de la sala, rouge y rimmel en mano, esforzándose en reconstruir el maquillaje que el llanto se llevó. ¿De qué trucos habrá echado mano Leigh para provocar semejante catástrofe cosmética? Probablemente de uno sólo , que incluso se atrevió a revelar:"La vida es compleja y yo lo sé: llevo con ella 53 años", dijo.
En esa certeza del director está quizás el secreto del milagro:una película obstinada en honrar la vida por la vida misma. Más allá de los males. Más acá de las debilidades humanas.
En el centro del vendaval de los secretos y las mentiras, Leigh pone a la maternidad. No se trata aquí del lado luminoso de las nueve lunas que harían las delicias de un comercial de pañales. Leigh transita caminos menos soñados y más verdaderos. Menos ideales y más dolorosos. Menos espléndidos y más libres. "Secretos y mentiras" habla de mujeres tan parecidas a las de carne y hueso que cuesta creer que estén interpretadas por actrices y no por la mujer de la puerta de al lado.
Con la maternidad como eje, Leigh muestra un entramado de conflictos femeninos:amores y odios entre entre madres, hijas, cuñadas y amigas. El único personaje masculino con un papel protagónico, Maurice (Timothy Spall), parece compartir con Mike Leigh el convencimiento de que la vida no es un río tranquilo, pero está dispuesto a pelearla para mantenerse a flote.
Es una mujer, Cynthia (Brenda Blethyn) quien finalmente se anima a gritar su verdad aunque duela . Es otra mujer, Hortense (la hija adoptiva que un día salió en busca de su propia identidad (intepretada por Marianne Jean-Baptiste), quien la impulsó a gritar aquella verdad. Es otra mujer, Roxanne (Claire Rushbrook) quien deberá echarse al hombro esa mochila de verdades y cargar con ella desde ahora y para siempre.
Alcanza con la escena de las tres tiradas al sol después de la tormenta de verdades, y dando los primeros pasos para ponerse a la altura de sus propios destinos, para comprender que "Secretos y mentiras" dice más sobre las mujeres que muchos de los films que con la excusa de retratarlas, apenas muestran sus caricaturas.
Alcanza con esa escena para explicar por qué el maquillaje de las espectadoras ha perdido la compostura en menos de lo que dura el film.
Mike Leigh no les prometió ningún jardín de rosas, ni siquiera elde reflejarlas en la pantalla como en un espejo. Mike Leigh no recurrió al nuevo truco del marketing según el cual antes de filmar es preciso definir el sector del público al que se pretende llegar. Mike Leigh apostó todas sus fichas a conmover con buenas artes. Contó una historia sobre la gente y para la gente. Contó una historia tal y como quiso contarla.
Sucede, además, que su historia habla de madres e hijas, de hermanas y cuñadas, de embarazos y adopciones. Sucede, que en última instancia, la película deja flotando una conclusión tácita: por más dolorosas que sean las verdades, es posible decirlas siempre y cuando se tenga a mano el afecto como único analgésico capaz de atenuar el impacto. Sucede que "Secretos y mentiras" propone que cada quien se eche sus propias verdades al hombro y salga a caminar apoyado en el afecto ajeno. Y sucede, que las mujeres tienen el hábito de creer que el afecto es capaz de cambiar al mundo.
Acostumbradas a deshacer entuertos familiares, a resolver batallas campales en el ámbito doméstico , a conciliar intereses y afectos enfrentados, las mujeres no pueden menos que coincidir con Mike Leigh, cuando habla por boca de su personaje Maurice:"Todos sufrimos. ¿Por qué no compartimos nuestro dolor?". Sentadas en la platea, ellas se resignan a que la emoción les erosione el maquillaje. Después de todo, ¿a quién le importa un poco más o menos de rubor cuando en la pantalla está pasando la vida misma, disfrazada de película, y resulta que un prestigioso director inglés la mira desde el mismo ángulo que ellas, sus hijas, sus madres, sus hermanas y cuñadas?
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