
Mirando al 2000
Por Chango Farías Gómez
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Aunque no sea en el 2000, Cosquín seguramente cambiará en los años venideros. Por lo pronto, creo que se ha roto un poco con el vapuleado folklore joven, que es un concepto que no entiendo demasiado. Hay muchos pibes que parecen viejos tocando un instrumento, con adultos detrás diciéndoles lo que tienen que hacer. Los han confundido, porque decir folklore joven es tan incongruente como decir dinosaurio moderno.
La música, en definitiva, es la misma que hacíamos diez años atrás. La diferencia es que hay un aggiornamiento del género a través de los instrumentos, algo por lo que yo había sido altamente criticado y discriminado por los mismos sectores que ahora veneran la novedad. Igual me alegra, porque va a permitir que muchos artistas de otros géneros vean la posibilidad de tocar esta música, que es muy rica, y así dar un salto superlativo en el folklore.
Mientras tanto, se van a seguir haciendo malas copias de lo que hacen grandes artistas, incentivadas por productores inescrupulosos que no tienen empacho en hacer suya esta música y limitarse a fabricar algunos hits.
Es doloroso ver cómo el mercado se introduce en el desarrollo de nuestra música e impone cualquier cosa para ganar plata. Pero no dudo que en el futuro, ya en el siglo XXI, la historia les va a pasar por arriba. Hay muchos que están impulsando una mixtura de sonidos para enriquecer el folklore, sin perder su raíz. Gente como Peteco Carabajal empuja esta posibilidad con sus composiciones. Sólo falta que sean reconocidos como se merecen. Cuando muchos músicos importantes se den cuenta de su talento van a querer tocar con él y le van aportar otra cosa. Ojalá algún productor visualice el fenómeno en sí mismo de Peteco y se lo deje de llamar "el Charly García del folklore".
Todo esto va a pasar cuando dentro del ambiente haya menos preocupación del que dirán. Cuando eso suceda la actitud de muchos músicos se va transformar para bien. Se sabe que el arte no tiene fórmulas. Se puede hacer música para bailar y también para escuchar. No hay que tener prejuicios. A Astor Piazzolla, en su tiempo, se lo criticaba porque su música no se podía bailar. Y ahora, ¿quien no baila Piazzolla? En el folklore puede suceder algo parecido, sólo hay que mirar un poco la historia. Lamentablemente, somos desmemoriados. A los 61 años, puedo decir que nuestra música puede mejorar y ser distinta en la medida en que sea querida y amada por otras regiones. Todo esto va a suceder cuando seamos capaces de apoyar a gente talentosa que nos hable de su pueblo y de su lugar.
Pero eso ocurrirá cuando seamos capaces de reconocer el talento, y no dejar que genios como el Cuchi Leguizamón se mueran solos y en el olvido.






