Morelo conquista España

La argentina comenta con asombro el suceso de ventas.
La argentina comenta con asombro el suceso de ventas.
Adriana Franco
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24 de marzo de 2000  

Marcela Morelo dice ser una mujer muy creyente. Pero no del tipo que reza novenas y rosarios pidiendo por sus deseos, sino, más bien, entregándose. "Siento que yo no manejo nada, y que cuando quiero tomar las riendas, me sale todo horrible, fatal -dice la cantante-. Lo tengo tan claro... Cuando planifico, pienso en hacer primero una cosa y luego tal otra. Olvidalo. Cuando dejo que las cosas sean como tienen que ser, me va bien y, además, me siento contenta."

La actitud parece haberle dado más resultados que promesas y peregrinaciones si nos atenemos a los números. Su primer álbum, "Manantial", vendió más de 600.000 copias, 150.000 de las cuales salieron de las bateas en España.

Un país que inesperadamente para ella se convirtió en tierra de promesas. A mediados del año último, realizó una gira por los pueblos de España, yendo de festival en festival. "Hicimos veinticinco conciertos y yo no podía creer lo que pasaba. Porque aunque la canción que más pegó fue "Corazón salvaje", la gente cantaba esa canción, sí, pero también otras que no se habían escuchado por la radio."

Su segundo disco, "Eclipse", vendió en la madre patria más copias que aquí. Recién editado, ya está en la lista de los primeros puestos. De este modo, Morelo se ha convertido en la conquistadora de los viejos conquistadores y, a mediados de este año ya tiene agendada una nueva gira.

Morelo cree que en esto también tiene que ver la buena situación económica de los que viven allí. "A mí acá en la Argentina me va muy bien, no me puedo quejar y si no me va mejor es porque aquí la situación está muy complicada económicamente. Muchas veces la gente no puede darse el lujo de comprarse un disco, en cambio, en España, se pueden comprar no uno, sino varios."

La otra sorpresa que tuvo la cantautora argentina fue el mismo día de su cumpleaños. "Ni bien me desperté me llamaron para decirme que había salido la crítica de mi álbum en la Billboard. Me levanté y la fui a comprar." Lo único que pudo decir, cuenta, fue: "Guauu", porque entre otras cosas allí decía: "Esta seductora sirena argentina continúa sus hits con un ganador disco pop".

Era la segunda vez que la revista norteamericana se ocupaba de ella. La primera fue, en 1997, cuando editó "Manantial", su primer disco que definieron como una placa "de chispeante pop por la expresiva cantante y compositora". De ese álbum ya se vendieron casi cien mil copias en los Estados Unidos.

Se alegra por la situación, pero no la desvela salir a la conquista del mercado latino de ese país. "La meta de mi vida es estar bien cada día y poder hacer lo que más me gusta que es cantar, hacer canciones, ir a tocar, así, simplemente." Prefiere ir despacio, "voy dando pasos chicos, pequeños, y me siento segura de esa manera".

Vocación temprana

El dejarse llevar parece ser la clave que le ha permitido componer las canciones para las que se fue preparando durante largos años. "De chica estudié guitarra; desde los siete a los catorce años aprendí teoría, solfeo, música clásica y un cancionero folklórico." La otra influencia vino del abuelo que, aunque tenía una fábrica que le daba de comer, tocaba bandoneón en una orquesta de tango. "Yo moría cuando lo escuchaba tocar y en un tiempo hacíamos serenatas juntos. Lo llamaba la gente del barrio para cantarles serenatas a las chicas que se casaban o a las que cumplían quince años. Lo empecé a acompañar cuando yo tenía unos diez años. Me encantaba que me llevara con él."

Sin embargo, a los catorce años, algo hizo crack y, cuando le faltaban cinco meses para recibirse de profesora de guitarra, abandonó las clases. "Mis padres no lo podían creer, y mi profesor menos, pero no sé qué pasó, tenía catorce años y se ve que tenía una historia bastante importante en la cabeza."

Así se pasó dos años sin tocar nada, hasta que poco a poco comenzó a cantar nuevamente. Y ya no paró. Durante mucho tiempo, se ganó la vida como sesionista, cantando jingles y haciendo coros en distintos discos. Por ese tiempo comenzó también a disfrutar del pop, "me encantaba Toto y Serrat, cosas muy variadas". Hasta que se decidió a componer sus propios temas y luego, tomó coraje para mostrarlos. "A Rodolfo Lugo, que es ahora mi productor y arreglador, fue a quien primero le mostré lo que había compuesto."

Aquel folklore de su cancionero de estudiante apareció, sin premeditarlo, como toques de sikus y charangos en algunos de sus temas. "Es que el folklore me sigue gustando mucho, en mi caso canto mucho y también compongo folklore. Tengo escritas varias chacareras y zambas que, en algún momento, incluiré en mis discos."

Lo que no esperaba Marcela era que el éxito llegara ya con el primer CD. Eso, además, le provocó no pocas tribulaciones a la hora de preparar el segundo. "No tuve presión externa, pero sí la propia, la que te impone que tu primer disco haya marcado una cierta tendencia. Entonces decidí relajarme, estar unos días sin hacer nada y así comencé a disfrutar nuevamente de hacer canciones."

También en Buenos Aires

Marcela Morelo ha tocado mucho en estos últimos años, en festivales en el interior y en muchas discotecas. Ahora, sin embargo, está preparando la presentación del disco, el 12 y el 13 de mayo, en el teatro Broadway.

La idea de hacer un teatro la apasiona, pero de ninguna manera desprecia las discotecas como lugar para mostrar su música. "Me divierto mucho allí porque la gente está en otro plan y vos caés como a las dos o tres de la mañana, con un concierto, que es como un regalo. En general, trato de disfrutar todas las situaciones. Me encantan también los festivales de las provincias, en los que está la familia entera sentada desde las siete de la tarde. Hay menos prejuicios y están todos vestidos impecables para ir a la fiesta; la ciudad entera está pendiente de eso desde bastante tiempo antes."

Lo importante para ella es entregar algo. "Creo que desde mi humilde lugar de trabajo lo que hago es defender el amor desde cualquier punto de vista. Salgo con esa bandera, creo en eso y creo en Dios. Soy muy creyente aunque no voy a la iglesia todos los domingos. Pero al mundo le hace falta un mensaje de amor, no digo que sea el mío, pero le hace falta. Es necesario cambiar algunos pensamientos para mejor. Que estemos en guerra, por ejemplo, no lo puedo comprender para nada y creo que cada uno en su trabajo, en lo que haga, si lo hace bien, creyendo en lo que hace, aporta al bienestar del mundo.

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