
En Mamma Soul saben de goce y de dolor, pero su paso siempre es un carnaval.
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Va mas de una hora de fragor en el concierto con que Mamma Soul está entibiando una fría noche invernal en el ñuñoíno bar La Batuta, cuando una de las integrantes del grupo decide parar la música. No para dar gracias ni hacer una dedicatoria, sino para ejercer un derecho.
–Ustedes saben que no me gusta hablar mucho, pero voy a pedirles algo: paren de fumar –dice Mysti-k, una de las cuatro cantantes, notoriamente ronca–. Estoy cuidando mi garganta; varias salimos de la cama para venir a tocar y estamos tratando de hacerlo bien, pero necesitamos que no haya humo.
Hay aplausos y colillas aplastadas contra el suelo. Con el verbo que le da la doble condición de cantante y rimadora, Myriam Vásquez, o Misty-k (se pronuncia Mística), es la menos locuaz, pero aun la más cauta de estas siete mujeres parece dispuesta a reclamar lo suyo.
Prueba elocuente son los tres años que está cumpliendo Mamma Soul, una cruzada iniciada por la cantante y percusionista Claudia Valdés, Moyenei, por formar un grupo sólo con mujeres destinado a cultivar la raíz negra que hay en el soul, el funk, el hip-hop, el reggae o la música latinoamericana. Todas esas vocaciones están prensadas desde este año en Fe, álbum debut de la banda: una feria libre de sensualidad, arreglos vocales, santería y protesta en la que, si hay que usar efectos, cuando lo que está en boga es el vocoder, Mamma Soul prefiere el viejo y funky talk box.
–Mientras hacíamos las canciones me encontraba con un tema latino, con un reggae, y aprendí ene cosas que no sabía tocar –dice la baterista Paula Parra, que recaló en Mamma Soul proveniente de las rockeras Venus. No fue la única que descubrió la fiebre negra en el grupo. La cantante Jeanette Pualuan llegó tras estudiar música y cantar en pubs y hoteles. La bajista Natalie Santibáñez volvió a Chile tras desvincularse en México de la banda chilena Fiebre. Y la tecladista Gabriela Ahumada se incorporó tras años de tocar acid jazz y sonidos afines junto al músico Rudy Wiedmaier.
–Yo no conocía el r&b... y todavía no me gusta –aclara Gabriela–. Te juro. Si uno está ebria en una fiesta se lo vacila a mil. Pero si estoy sola en mi casa, quiero escuchar una música rica y pongo r&b, me quedo con gusto a poco.
–Al llegar acá descubrí una música más gozosa –dice Natalie–: como bajista disfruto más el funk.
media hora antes de que partiera el show en La Batuta, Moyenei estaba en la cabina poniendo música: un sedoso tema de Jill Scott [véase RS 41].
–Y fue el dj del local y me dijo: "Oye, ¿esta música es para dormir?" –recuerda luego la cantante, riendo–. Y yo le dije: "No, hermano, es para hacer el amor".
–Ese era su problema: cuando en la casa le ponían esa música, él se quedaba dormido –añade entre más risas la guitarrista Michèle Espinoza, otra de las fundadoras.
–Tengo una teoría al respecto –dice Jeanette–. Mientras más fuerte es el estímulo que necesitas para sentir, más bloqueado estás. Si le pones mucho ají a una comida es porque no tienes un rango de sensibilidad que te permita sentir el sabor verdadero, sin ají. Tiene que ver con el dolor: una manera de protegerte es insensibilizarte, pero el día que quieres gozar tienes que darte más fuerte.
–Por eso estoy en desacuerdo con el sexo heavy, así con parafernalia, porque después necesitas demasiado estímulo para poder gozar –coge al vuelo Moyenei.
–Por eso en mi casa pongo hea-vy metal. Todos los días –jura Michèle, que aún no dice algo en serio.
–Aunque hay grupos como Metallica, que es rico escucharlos para desahogarse –opina Natalie.
–Pero otra cosa es necesitarlo para... –se interrumpe Michèle–. ¿Por qué estamos hablando otra vez de sexo?
refugiada bajo una ancha bufanda, Mysti-k aún acarrea las consecuencias de su resfriado, y no ayuda el problema que tiene en uno de los dos talleres de hip-hop que dirige para unos 250 jóvenes de las comunas de Macul y Peñalolén. "Nos quitaron la sala donde nos juntábamos, y da pena ver que la tienen cerrada mientras estamos en la calle, a veces lloviendo", dice. "Pero ahí tú ves el interés de los cabros, que no lo toman como una moda, sino como un estilo de vida y cultura."
Mysti-k llegó al grupo tras cantar y rimar entre 1992 y 2000 en la banda de hip-hop Enigma Oculto. Entre 1994 y 1995, Jeanette, Natalie y Gabriela intentaron sin éxito formar un grupo de mujeres, y sólo en 1997 aparecería el antecedente directo de Mamma Soul: el grupo Luna en Fa, bajo la batuta de Juanita Parra, la baterista de Los Jaivas.
Un año más tarde, Mamma Soul debutó en el Teatro Concepción. De las cinco fundadoras hoy quedan a bordo Moyenei, Michèle y Paula: la cantante Kenia y la bajista Johanna Turina dejaron el grupo. Y de todas ellas la que trae más experiencia en el cuerpo es la guitarrista. Hija de los músicos Roberto Espinoza y Michèle Astaburuaga, dos veteranos de grupos de la Nueva Ola como Tiza y Clan 91, Michèle Espinoza es la responsable de la mayoría de los arreglos vocales de Mamma Soul. "Con la Moyenei nos llevamos muy bien porque ella tiene el discuso verbal y yo el emotivo", dice. "Me cuesta encontrarme con la letra. Mi emotividad es a través de la música".
Moyenei ha hecho en estos días un par de cosas que todo médico de cabecera habría reprobado. Tan convalesciente como Mysti-k, dejó el reposo para actuar en La Batuta y, dos días más tarde está cantando en la esquina de Almirante Barroso con Catedral, frente a un puñado de amigos y mientras cae la lluvia. No puede ser de otro modo. En esta misma esquina, hace doce años, el 8 de julio de 1989, el padre de Moyenei, Luis Valdés, muralista y militante socialista, pintaba una leyenda en un muro cuando fue asesinado a tiros por un guardia de seguridad de los contiguos estudios de televisión kv, propiedad del animador Mario Kreutzberger, Don Francisco. En la mañana de hoy sus restos fueron trasladados al memorial de ejecutados políticos de la dictadura en el Cementerio General, y esta tarde sus hijas, parientes y amigos le rinden un homenaje en la misma esquina del atentado.
Moyenei canta "Bendición", la melodía que dedicó a su padre, y "La verdad", el reggae con que Mamma Soul exige juicio y castigo a los culpables, mientras la acompaña Pedro Foncea, decano del rap chileno a bordo del legendario grupo De Kiruza a mediados de los 80. Y no deja de sonreir mientras canta. "Mi padre es mi ángel", dice luego. "El me ha dado coraje. En la mañana estaba llorando, pero ahora no. Ahora estoy feliz."
–Los chilenos somos tímidos, pero nos morimos de ganas de bailar, de subir a un escenario. La dictadura nos hizo mucho daño, fuimos reprimidos veinte años, pero somos sabrosos, somos latinos –dice–. Pensé en hacer Mamma Soul porque sentía que el grupo iba a ser una gran mamá donde todas podíamos tomar de una teta que nos alimentara el alma.
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