
Música contra las balas
Un proyecto para recuperar a chicos de las comunas de Medellín
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Cualquiera que vio la película de Barbet Schroeder La virgen de los sicarios, basada en la novela homónima del colombiano Fernando Vallejo, quedó impresionado con las imágenes de las comunas de Medellín. Las comunas, como popularmente se llama a los barrios marginales que rodean la ciudad, han estado durante las últimas décadas marcadas por la muerte.
Pero en medio del zumbido de las balas fraticidas, los acordes de los violines, los chelos, las flautas y las voces de miles de niños y jóvenes se levantan para disipar el sonido de la muerte. Son chicos y chicas que pertenecen a la Red de Escuelas y Bandas de Medellín, un proyecto que surgió en 1997 por iniciativa de la Fundación Amadeus Real Musical y de su director, Juan Guillermo Ocampo. Su misión: devolverles a los chicos, por medio de la música, la humanidad que la violencia les quitó.
Seis años después, distinguido por la Unesco como La nueva cara de Medellín para el mundo, cuenta con 20 escuelas y una Orquesta Sinfónica Infantil y Juvenil que ejecuta, por ejemplo, obras de Vivaldi. Tiene 2500 chicos, de entre 7 y 18 años, inscriptos y, para este año, además de abrir seis nuevas escuelas para aumentar el cupo de chicos a 3000, proyecta una gira de conciertos con la Orquesta Sinfónica por Europa, con su punto culminante el 10 de abril, en un concierto para el Papa, en el Vaticano.
LA NACION habló con su fundador y director, Juan Guillermo Ocampo, un pianista con vocación social, que se mostró emocionado por la repercusión de su idea en un medio extranjero.
–¿De dónde surgió la idea de crear esta Red de Escuelas y Bandas?
–La situación de violencia en Medellín es muy conocida como consecuencia del narcotráfico. Cuando este flagelo terminó, la mayoría de los barrios pobres se vieron expuestos a nuevos problemas, como la guerra entre guerrilla y paramilitares, la falta de educación, el crecimiento acelerado de la ciudad y la falta de oportunidades. La idea de crear esta red fue formar a través de la música, sensibilizar, dar un mayor sentido de responsabilidad y de conciencia social.
–¿Cuáles son los requisitos de ingreso?
–No hay ninguno. En el comienzo del proyecto los niños se mostraban tímidos, pero al ver que los que estaban en las bandas se volvían famosos, que salían en la televisión y demás, todos querían participar. Lo que sí hacemos es un proceso de selección cuando están más avanzados para determinar quiénes pasan a las orquestas.
–¿Los instrumentos son donados?
–La mayoría fue donada por la Alcaldía y algunos por el maestro (Fernando) Botero, que quedó encantado con el proyecto cuando fuimos a tocar en la inauguración del Museo de Antioquía. En principio, los instrumentos no pueden salir de la escuela porque los utilizan varios niños, pero hay casos excepcionales, como el de la orquesta que se prepara para una gira europea en abril, donde se pueden llevar los instrumentos para practicar.
–¿Todos los barrios tienen igual número de cupos asignados?
–No necesariamente, aunque algunos tienen más escuelas que otros porque tienen más tiempo y más organización. Por ejemplo, está la Comuna 13 (una de las más peligrosas de Medellín, con enfrentamientos constantes entre guerrilleros y paramilitares), que ya tiene dos escuelas de música. Es con este tipo de proyectos que se construye ciudad, que se construye país.
–¿Los maestros son voluntarios?
–Actualmente tenemos 80 profesores y 150 personas trabajando de planta en el proyecto. Todos son asalariados de la Alcaldía.
–¿Cómo fue hasta ahora la repercusión?
–Impresionante. Tenemos niños que llevan tres años en el programa y en este momento tocan el violín mejor que niños que han estudiado en el conservatorio de música. Es más, la Orquesta Sinfónica Infantil y Juvenil, que apenas tiene dos años, ya va a grabar su primer disco.
–¿Cree que este tipo de programas ayuda a mejorar el problema de la violencia?
–Definitivamente. Encontrarse con la música para estos niños fue un cambio en su vida. Creo que hemos podido rescatar a muchos que de otra manera se habrían convertido en guerrilleros, paramilitares, drogadictos o vendedores de droga. Hemos cumplido con la misión del proyecto: formar seres humanos.
–¿Algún proyecto nuevo?
–En este momento queremos construir nuestra propia sede porque estamos desperdigados en 20 escuelas. Queremos una sede que tenga biblioteca, videoteca y demás cosas. También tenemos en mente crear una Escuela Superior de Música donde los jóvenes que quieran seguir estudiando lo puedan hacer y se profesionalicen para que en un futuro sean ellos los maestros.
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