20 años sin Oscar Moro, el mejor baterista del rock nacional
Integró Los Gatos, La Máquina de Hacer Pájaros, Serú Girán y una de las formaciones de Riff; querido por todos, fue un “baterista de grupo como Ringo Starr”, como lo definió Charly García
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“Si me preguntan por un baterista que simbolice esa entelequia conocida como ‘rock nacional’, tendría que nombrar a Oscar Moro, un músico con un apellido tan pertinente que pasó a convertirse en su nombre”. De esa forma describió Claudio Kleiman al músico que formó parte de tres de las bandas fundamentales de nuestro rock: Los Gatos, Serú Girán y Riff y de quien este fin de semana se cumplieron 20 años de su muerte.
Una carrera de alrededor de cuarenta años respalda a Moro y a la opinión de Kleiman. El rosarino, nacido el 24 de enero de 1948, fue un activo partícipe en el desarrollo del rock local desde sus albores, incorporándose con tan solo 18 años a Los Gatos. Liderada por Litto Nebbia, los éxitos cantados en castellano como “La Balsa” la volverían una agrupación fundacional del género, que registró media docena de álbumes hasta su separación en 1971. “Además de todas las andanzas musicales que compartimos, íbamos juntos al colegio en Rosario en 3º grado. Una persona de gran corazón y un músico súper intuitivo, con un estilo y sonido muy personal. Fundamental para cualquier agrupación”, diría Litto tiempo después.

El final de esa experiencia daría lugar a muchas otras para el baterista a lo largo de los años setenta, destacándose su inclusión en el efímero cuarteto Huinca -también junto a Nebbia- con el que grabó una única placa en 1972 y, enseguida, el reemplazo a David Lebón en Color Humano, el trío experimental conformado junto a Edelmiro Molinari y Rinaldo Raffanelli. “Le propuse a Moro que tocara con nosotros cuando se fue David y recuerdo que cuando aceptó me sentí en la gloria. En Almendra todos lo admirábamos. Con él tejimos un montón de música y lo viví como una época impresionante. Como tipo era bárbaro. Tenía una timidez total, pero se sentaba en la batería y era un monstruo“, declararía Molinari. Para el propio Moro también se trató de una buena experiencia: ”Me gustaba ensayar porque yo era enemigo de tocar boludeces, y eso [lo que tocaba el trío] era exigente. Con Edelmiro aprendí muchísimo".
La segunda mitad de esa década encontró a Moro pudiendo desarrollar su interés por una rítmica más latinoamericana e intrincada al formar parte de La Máquina de Hacer Pájaros, el grupo con el que Charly García llevó sus canciones hacia el jazz-rock progresivo por primera vez. Su aporte quedó registrado en los dos discos de la banda antes de su disolución, el homónimo de 1976 y Películas, al año siguiente.
Luego, en una demostración de confianza por parte del hombre del bigote bicolor, baterista y compositor se asociarían nuevamente para integrar -junto a David Lebón y Pedro Aznar- Serú Girán, considerada como una de las más brillantes expresiones rockeras en la Argentina. El conjunto publicó su propio debut homónimo en 1978, La Grasa de las Capitales (1979), Bicicleta (1980), Peperina (1981) y No Llores Por Mí, Argentina (1982). Dijo Lebón: “Moro es un baterista único. Ha tenido una vida llena de altas y bajas, pero siempre tocó bien, es una máquina“.
García, en tanto, tras el fallecimiento de su excompañero, añadiría: “Era un batero de grupo como Ringo Starr. Fue el primero que vi acá con dos bombos. Moro tenía una manera muy particular de lograr el backbeat; entre él y Pedro Aznar tocaban una maraña de notas que se definía por la confección de la canción y el pulso rítmico de la guitarra y el piano”.
Al finalizar su experiencia con Serú, su búsqueda estética lo vinculó con el bajista uruguayo y amigo Beto Satragni, mentor del grupo de fusión Raíces y exintegrante de Spinetta Jade, para conformar un dúo que en su único disco, Moro-Satragni (1983, con la participación de muchas figuras del rubro como los ya mencionados Charly y el Flaco Spinetta) sentó las bases de lo que varios años después se llamaría “rock latino”.
La vida profesional de Moro adquirió un nuevo giro rítmico que exhibió su ductilidad interpretativa al ser convocado para una de las tantas vueltas de Riff, uno de los grupos insignia del lado más pesado de la escena local, en 1985. El reencuentro con Pappo -con quien había compartido un tramo de la historia de Los Gatos- derivó en la publicación de Riff VII.
El millonario pero frustrante regreso a los escenarios de Serú en 1992 fue quizás el último gran suceso de la carrera de un baterista que tocó con todos y que, como también aportó Nebbia, “Es de esa clase de tipos que jamás vas a escuchar en el ambiente que alguien hable mal de ellos, queridos por todo el mundo. Por eso, además de su maestría musical, se mantienen en el recuerdo”. Un recuerdo que también lleva adelante el propio hijo de Oscar, Juanito, quien lidera el proyecto La Máquina de Hacer Pájaros x FMSV -junto a José Luis Fernández, bajista original del grupo- y que fue parte del reciente regreso a los escenarios de Lebón y Aznar para interpretar los temas de Serú Girán.
"No sé si soy un batero brillante. A veces pienso que me llaman de todos lados porque no jodo a nadie. Creo que mi mejor virtud musical es ser buen tipo“.
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