A 25 años de la muerte de Joey Ramone: los médicos lo declararon “incapaz de funcionar en la sociedad” pero la música lo salvó
Reconstruimos los años de formación del “paria” de Forest Hills que venció a sus propios demonios para reinventar el rock y convertirse en la voz y el corazón de los Ramones
7 minutos de lectura'


Jeffrey Hyman nació en Forest Hills, Nueva York, el 19 de mayo de 1951, la misma fecha que su ídolo Pete Townshend, de The Who. Vino al mundo en el seno de una familia judía de clase media conformada por su mamá Charlotte Lesher, dueña de una galería de arte en Queens; su papá Noel Hyman, dueño de una compañía de transportes en Manhattan y Mitch, su hermano menor. Y si bien esto le podría haber dado cierta ventaja con respecto a sus futuros compañeros de banda, el divorcio de sus padres a sus ocho años de edad fue un hecho traumático que lo marcaría para siempre.
“No es que tuviera una niñez tan mala,” contaba Joey, “pero lo jodido fue el síndrome de hogar roto, la separación de mis padres. Además nunca me gustó Queens, no me sentía a gusto allí”. Justo es decir que la naturaleza, más allá del hecho puntual de la ruptura de sus padres, tampoco le ayudó bastante como para no llegar a transformarse en una persona introvertida, callada y tímida. Tenía muchos problemas físicos, sobre todo en la vista y en la columna (eterna mala postura debido a su altura), además de no ser lo que podríamos señalar como un chico “agraciado”. Algo que en la adolescencia puede ser bastante terrible, sobre todo cuando los pandilleros del barrio te persiguen para pegarte por el sólo hecho de considerarte un freak.
“Eran unos hijos de ... con cadenas que siempre estaban tratando de patearme el culo”, recordaría Joey en 1993. “La primera vez que vi a Johnny (John Cummings) lo confundí con uno de ellos, tenía la misma pinta agresiva. Pero a Johnny le gustaba la música, como a mí y como a todos los que nos hicimos amigos en ese jodido barrio”.

La pasión de Jeffrey por la música comenzó de niño, primero a instancias de su abuela, que tocaba el piano y cantaba semi profesionalmente en fiestas o en negocios como Macy’s, y luego, en los primeros sesenta, escuchando la Rock & Roll Radio. Sus gustos pasaron por los tópicos usuales de su generación: del rock and roll de la década del cincuenta al doo-wop y Phil Spector, de los Beatles y Beach Boys a toda la British Invasion (Rolling Stones, Yardbirds, Kinks, The Who...), pasando por Bob Dylan, los MC5, los Stooges y llegando al glam de los Sweet, Gary Glitter, Slade y T.Rex. Sin olvidarnos de Patsy Cline, Dusty Springfield, Alice Cooper, los New York Dolls, incluso Jethro Tull. La variedad de gustos de Jeffrey era amplísima y sus conocimientos de la historia del rock enciclopédicos -como lo demostraría muchos años más tarde en su propio programa de radio. “Realmente creo que el rock es salvador. Te da la sensación de ser un individuo. Es algo que sólo vos tenés, nadie más que vos. Uno de los personajes que jugó un rol fundamental en mi formación -por su personalidad, carácter, ironía e ingenio- fue John Lennon. Su personalidad fue muy inspiradora”.
A los 13 años, su abuela le regaló una batería, con la que practicaría soñando emular a sus ídolos, Keith Moon y Ginger Baker, bateristas de Who y Cream, respectivamente. Su paso por la secundaria fue complicado, se convirtió en un estudiante rezagado que tenía problemas de todo tipo, sobre todo por su miopía. Charlotte, que siempre apoyó a su hijo mayor contra viento y marea, trató de hacerle entender a psicólogos y profesores de la inteligencia y creatividad de Jeffrey, pero éstos lo señalaban como un caso perdido.
Harto de Forest Hills y de su colegio, Jeffrey comenzó a hacer excursiones solitarias a Manhattan, a pasear por el West Village, a conseguir algo de droga con el poco dinero que obtenía por repartir folletos de salas de masajes. En Queens sólo le quedaba el consuelo de encontrarse con su grupo de amigos y conocidos con los cuales compartía un mismo particular estilo de humor negro y el amor por el rock. Solían juntarse en el patio de un complejo de departamentos llamado Thorneycroft, donde fumaban, bebían y hablaban de sus grupos favoritos.

Cerca de los 18 años, Jeffrey fue internado durante un breve período en el pabellón psiquiatrico del hospital St.Vincent. Había tenido un colapso nervioso aparentemente ocasionado por su “experimentación con alucinógenos”, donde se le diagnosticó un gran trastorno emocional. Se trataba del comienzo de su TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo), una enfermedad mental que no fue catalogada y tipificada hasta muchos años más tarde y que sufriría toda su vida de adulto.
Los médicos le dijeron a Charlotte que su hijo “sería incapaz de funcionar normalmente en la sociedad por el resto de su vida”. Pero el desahuciado joven se convertiría en un ícono del rock, mundialmente famoso, cantando canciones como “I Wanna Be Sedated”, “Baby I Love You”, “Teenage Lobotomy”, “Psycho Therapy” o “Mental Hell”. ¿Ironías de la vida o justicia poética?).
“Cazador” de tormentas
Jeff era una persona inmensamente creativa, por supuesto que a su particular manera. Por esa época le encantaba pintar cuadros con vegetales en lugar de pintura y grabar tormentas eléctricas con su grabadora, para luego escucharlas por la noche. Pero la mejor terapia para Jeffrey fue ingresar como cantante a una banda glam, llamada Sniper. Allí comenzó a encontrar su lugar en el mundo y a sufrir una transformación en su personalidad.
Sobre el escenario ya no era el tímido larguirucho de pocas palabras, sino un arrogante gigantón con la cara maquillada y guantes plateados. “Si bien Sniper era un grupo metido en la onda glam o glitter de la época, lo nuestro tenía más actitud, era más duro que lo que venía de Inglaterra. Más en la vena de los Stooges y Alice Cooper”, contaba Joey. Solían ensayar en el sótano de la galería de arte de mamá Charlotte, Art Garden II, ubicada en el Queens Boulevard cerca del cine Trylon.

A instancias de su amigo Dee Dee (Douglas Colvin), Jeffrey se cambió su nombre por el de Jeff Starship. Como la mayoría de las bandas nuevas de la época, Sniper solía tocar mucho en el bar Coventry de Queens, uno de los pocos reductos donde bandas sin contrato podían encontrar un lugar a principio de los setenta. Precisamente en el Coventry fue donde descubrió a una banda del Bronx, poderosa y divertida, de la cual primero se haría fan y luego amigote: The Dictators, y donde también tocaría el grupo glam Butch, cuyo cantante y guitarrista era un viejo conocido de Forest Hills: Tommy Erdelyi, un inmigrante húngaro que sería el principal ideólogo de una nueva y muy original banda que llamarían... The Ramones.
“Si nos va bien es porque los chicos saben que pueden confiar en nosotros. No sólo por la música, sino por cómo somos. No vamos por ahí predicando. Sencillamente, se identifican con nuestra visión del mundo. Sienten las mismas cosas que nosotros. Es todo muy básico. Sentimientos reales, frustraciones. Nuestras canciones son como nosotros. No estamos haciendo algo que no seamos. Somos lo que cantamos”.
- 1
Dante Spinetta: las enseñanzas de sus padres, el motivo de las mudanzas en su infancia y por qué su nuevo álbum se llama Día 3
- 2
Daniel Binelli y Polly Ferman, pareja de artistas: sus años en Nueva York, la decisión de mudarse a Valencia y la necesidad de reencontrarse con Buenos Aires
3El sensual look de Emilia Mernes y el mensaje que dio tras su debut en el festival de Coachella 2026
4Murió Felipe Staiti, el guitarrista y fundador de los Enanitos Verdes



