
Aunque no lo veamos, Fernando Samalea siempre está
En diciembre grabó la batería en los nuevos discos de Charly García y de Gustavo Cerati, y editó su décimo disco solista, Primicia, con el bandoneón como eje musical y junto con un seleccionado de célebres músicos
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"La vida es zapping", dice Fernando Samalea después de media hora de charla en una mesa de la confitería Ideal. El zapping al que se refiere nada tiene que ver con Tinelli o los Pells, ya que este músico ni se preocupa en hacerse un tiempo para sentarse frente al televisor. Está todo el día tocando o grabando o leyendo o escribiendo o viendo una película que lo pueda inspirar para volver a tocar o a grabar o a escribir algún cuento. El zapping de su vida por estos momentos pasa por ir de la quinta de Luján donde Charly García prepara su resurrección musical, al estudio hi-tech en el que Gustavo Cerati cranea su primer paso posreunión Soda Stereo; de ahí a la costa atlántica para hacer unos shows íntimos con el Zorrito Quintiero y, mientras tanto, organizar la presentación oficial de su disco Primicia , que acaba de editar de manera independiente y para el que contó con la participación de un seleccionado de músicos de aquí y de allá, entre los que se encuentran Cerati y el mismísimo Tony Levin, que grabó con John Lennon, Peter Gabriel o King Crimson. A todo este ir y venir, Samalea lo llama zapping.
A mediados de los 80, con poco más de veinte años, Samalea se recibió tempranamente de "baterista del rock argentino", al grabar para Andrés Calamaro, Fricción, Clap o Fabiana Cantilo, pero, especialmente, a las órdenes de un Charly García lumínico en superbandas, como Las Ligas (junto con Richard Coleman, Andrés Calamaro y Christian Basso) o Los Enfermeros (Hilda Lizarazu, el "Negro" García López, Fernando Lupano y Fabián Quintiero). "En esa época, pensaba que en 2000 íbamos a estar todos con unos instrumentos muy exóticos y haciendo una música increíblemente futurista y devastadora, pero, lamentablemente, para mi gusto, la tendencia mundial ha mantenido más de lo que hubiera querido yo la cosa retro."
El cambio de década lo encontró apasionado por el bandoneón, sin dejar de lado los palillos en grupos, como Illya Kuryaki & The Valderramas o A Tirador Láser, y en proyectos, como Belmondo -que llevó adelante junto con Diego Frenkel, Ricky Sáenz Paz y Sebastián Schachtel-, o el trío con el que debutó oficialmente Migue García (hijo de Charly) y que también compartió junto con su amigo y socio musical Fernando Kabusacki. "Me encontré a Horacio Ferrer con Lulú, su novia, en un auto descapotable. Yo era muy fan del trabajo que había hecho con Piazzolla y entonces le fui hablar. Me pareció encantador. Me leí su Historia del tango en tres tomos y ahí, un poco por lo literario, por las historias de los jóvenes de ayer y todo eso, me vino a la vez una identificación con el mundo del rock y de la noche. Me hizo recuperar el amor por Buenos Aires, por la música y el sonido de mi ciudad, y empecé justamente a ver la ciudad, pero de otra manera", recuerda el rockero con nostalgia tanguera. "Enseguida me di cuenta de que lo que quería era tocar el bandoneón. Pero, al mismo tiempo, como no soy un tanguero porque no viví esa época, nunca anduve en tranvía ni estuve en una esquina con compadritos, tampoco quería hacer una cosa retro nada más. Lo que salió fue ese mundo del rock que tenía incorporado, pero con un toque más aporteñado, nostálgico."
Ya a fines de los años 90, Samalea editó entonces su primer álbum solista, El jardín suspendido , y de allí en más construyó una obra propia que no entiende de límites artísticos: discos con el bandoneón como eje musical, relatos, CD-cuentos y música para películas forman parte de su universo creativo y ciento por ciento conceptual. "No trato de hacer lo que comúnmente se conoce como una carrera", concluye.
Primicia instrumental
La discografía solista de la "no carrera" de Samalea registra hoy diez discos editados (dos de ellos en vivo y uno de remixes ). El más reciente, Primicia , tiene formato de libro, aunque, en esta oportunidad, no incluye cuentos ni relatos ni letras de ningún tipo. "Tratándose de un disco instrumental, el concepto lo busqué en los instrumentos y por eso utilicé el órgano de tubos que me prestó la Iglesia de Misioneros Pasionistas, o campanas tubulares, timbales sinfónicos y esas cosas -dice-. Siempre trabajé los discos de manera conceptual y a éste quería darle una cosa siglo XX, precomputadora en un punto, más a la vieja usanza, con un poco de humor y teniendo en cuenta mis limitaciones. No sé, quería hacer un giro al chico de 14 años que fui, ése que iba a los conciertos de Crucis o de La Máquina de Hacer Pájaros y escuchaba los discos de Yes o Mike Oldfield, por decir algo."
Primicia cuenta con dibujos de la artista plástica Renata Schussheim ("Renata hizo en algún sentido lo que yo había imaginado para este disco: una imagen de poder femenino") y, además de Cerati y de Tony Levin, grabaron allí Kabusacki, Matías Mango, Alejandro Terán, Miguel Angel Tallarita, Pájaro Canzani y Paul Dourge.
"Por quinta vez Tony Levin tuvo la gentileza de grabar en un disco mío -sostiene orgulloso-. Lo conocí a mediados de los 90, en los ensayos de King Crimson en El Pie, una vuelta que estuvieron un par de meses por acá. Conocía todos sus trabajos, desde Double Fantasy, con Lennon, hasta sus discos solistas más experimentales y, obviamente, lo que había hecho con Peter Gabriel y con King Crimson. Le pasé unas grabaciones y le pregunté si quería participar. El se interesó y entendió que mis discos no estaban detrás de una situación comercial, sino más bien todo lo contrario, estaban vinculados con algo más romántico y under . Estar hablando de sus participaciones en mis discos es realmente un sueño."
-¿Y cómo compone canciones un baterista?
-Compongo básicamente con el bandoneón o algún tecladito chiquito. Pero es muy misterioso, no sé explicarlo. Me baso mucho en lo visual y de ahí mi gran admiración por Renata. Por eso digo que el bandoneón es como un nexo entre muchas otras cosas que me gustan. En la época en que iba mucho a Marruecos estaba todo ese trip que tiene mi primer disco, muy relacionado con Las mil y una noches y la magia de los cuentos árabes; en otro caso pudo venir más con la vida de los años 30. Siempre busco algo visual que me dispare un concepto musical.




