Barbieri fue una grande de la ópera
La cantante fue muy querida por el público argentino, que varias veces la escuchó en el Colón
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Pocas veces la noticia por el fallecimiento de una gran figura de la ópera como la mezzosoprano italiana Fedora Barbieri causa tanta conmoción y tanta pena, debidas, al menos en el caso de quien escribe estas líneas, a los recuerdos de la niñez desatados de un modo desordenado y veloz. A borbotones llega el recuerdo de las imágenes de la artista, junto al tenor Beniamino Gigli y a la soprano argentina Delia Rigal mirando con rostro encendido la gran sala del Teatro Colón, donde estaba debutando como Amneris, en "Aida", de Verdi. Escuché las voz de mis jóvenes padres, con sus amigos de la galería alta, haciendo comentarios de alabanza sobre la personalidad de esa mezzo italiana hasta la médula.
También llega el recuerdo de un recital en el Auditorio de Radio El Mundo en la calle Maipú, donde ahora funciona Radio Nacional, que un público selecto debió seguir en silencio y sin moverse porque se trasmitía en directo, y la amplia sonrisa de Barbieri al recibir dos ramos de flores rojas.
Inolvidables, para el público del Colón, la calidez y la potencia de su voz; la manera vehemente de componer Adalgisa, de "Norma", junto a la gran María Caniglia y, más tarde, con Maria Callas; la imponencia y la elegancia de sus desplazamientos como Princesa de Bouillon, en "Adriana Lecouvreur", de Francesco Cilea; la sensualidad de su Preciosilla, en "La forza del destino", junto a Gigli y el barítono argentino Carlo Guichandut, haciendo los dúos en un mano a mano impresionante que fue aún más vibrante cuando se reiteró el título, con Mario Del Monaco y la dirección de Tulio Serafín.
Acaso la emoción esté también relacionada con el conocimiento del pasado artístico del Teatro Colón, que incluye entre sus logros, precisamente, el haber sido de los primeros grandes teatros del mundo que tuvo en sus elencos a Fedora Barbieri.
Una rápida enumeración de datos aclara las cosas. Barbieri había nacido en Trieste, en 1920, su debut se llevó a cabo en Florencia, en 1940; luego hizo varias presentaciones en escenarios italianos y en Niza, en 1947, con el personaje de la gitana de "Il trovatore". Desde allí viajó a Buenos Aires (antes que a Londres, Milán y Nueva York) para transformarse en una de las figuras más apreciadas por los melómanos locales, entre 1947 y 1951, último año de su última visita, cuando cantó el personaje de Marina en "Boris Godunov", con Nicola Rossi Lemeni como protagonista,
Lógicamente que la carrera de Fedora Barbieri fue adquiriendo, con el paso de los años, mayor enjundia artística hasta que Barbieri se integró, con toda justicia, a la lista de las más notables mezzosopranos italianas del siglo pasado, junto a Cloe Elmo, Ebe Stignani, Giana Pederzzini, Giulietta Simionatto y Fiorenza Cossotto.
Un detalle que la distinguió está relacionado con la conservación de sus dotes vocales, al punto de que su carrera se extendió por más de medio siglo: en 1958 cantó Eboli en "Don Carlo", de Verdi, con dirección de Carlo María Giulini. Luego, en 1963, encarnó un personaje ya adecuado a su edad: Mrs. Quickly, en "Falstaff", de Verdi.
Luego, como es el destino de los artistas que viven porque aman el teatro, prolongó sus apariciones en personajes de flanco, que de ese modo adquirieron una relevancia desacostumbrada. Así fue Berta, en "El barbero de Sevilla", de Rossini con dirección de James Levine, Mamma Lucia, en "Cavalleria Rusticana", de Mascagni, bajo las órdenes de Georges Pretre, y en 1990, en el mismo personaje con el formidable Bruno Bartoletti.
Por fortuna el arte de Fedora Barbieri ha quedado preservado en numerosos registros de óperas y recitales junto a elencos brillantes, casi todos ellos integrantes de la historia lírica viva de Buenos Aires.
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