
Café Tacuba y una experiencia innovadora
Graba nuevo disco ante su público
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"Es necesario jugar con los elementos, con las diferentes piezas, los diferentes actores, si es que se quiere llegar a un resultado diferente, nuevo, extraordinario."
Con esta consigna, anteayer, casi en secreto, el grupo mexicano Café Tacuba dio en Buenos Aires el puntapié inicial de una experiencia única: grabar un nuevo álbum, toma por toma, ante la presencia silenciosa de unos pocos seguidores privilegiados. Intercambiar energías en ese acto íntimo que es y ha sido siempre para los músicos el estudio de grabación y llegar a un lugar distinto del habitual.
"No queremos destruir la intimidad; es la intimidad ampliada a un circulo más grande. Es el misterio y la emoción del encuentro con lo desconocido lo que nos llevará a ese nuevo estado, a esa nueva y diferente forma de ejecutar, de interpretarnos."
Así las cosas, y tras haber repartido las invitaciones a través de Facebook y de Twitter, el cuarteto más innovador del rock latinoamericano de los últimos veinte años llegó al Samsung Studio -el coqueto local de San Telmo- para abrir una última puerta hasta aquí cerrada bajo cinco llaves. Apenas 70 sillas en torno al gran equipo de la banda, dispuesto en círculo y dividido en cuatro. La nave nodriza de los mil y un cables del tecladista "Meme"; tres bajos, un ukelele y cientos de pedales preparados para Quique Rangel; un amplificador Fender Champ y otro Mesa Boogie conectados en estéreo justo delante de las dos guitarras de Joselo; un banquito, una guitarra, un espejo y una vieja calimba en la posición del cantante Rubén Albarrán. En el centro, un poncho blanco, un gorro negro, una pequeña tortuga de madera y un incienso que aromatiza el ambiente.
"No somos ni seremos los mismos frente al otro. Esos oídos ajenos nos harán escuchar, ver, entender, lo que en otro momento aun más profundo, creamos, en ese pequeño círculo de cuatro. Quién dijo que son cuatro puntos cardinales, cuando podrían ser siete o más."
Una vez todos ubicados, los músicos ingresan con sonrisas y nervios. Detrás, Gustavo Santaolalla, su mano derecha, Aníbal Kerpel, y el ingeniero de sonido Joe Chicarelli, otra vez junto con los mexicanos y a cargo de la producción del álbum, del que el músico argentino anticipa se llamará, acorde a la experiencia/concepto, El objeto antes llamado disco.
Santaolalla, instalado en lo que usualmente es el escenario del local (ahora mesa de control), es el primero en tomar el micrófono y desde allí explicar el experimento e impartir las pocas reglas para los invitados: no moverse entre toma y toma, no aplaudir enseguida después de cada canción.
Entonces sí. Albarrán, el pequeño gran hombre de la sonrisa eterna y los apodos impronunciables, mira a los presentes y propone: "¡Hagamos un disco!".
De allí en más, una decena de canciones interpretadas –grabadas– en dos horas, con varias tomas y vueltas a empezar y miradas cruzadas y solos instrumentales y sonidos que fluyen entre la psicodelia y el carnavalito y el rock de alto vuelo y la impronta ecologista y el espíritu vanguardista y las melodías imposibles y la madre tierra y la energía y el amor, por sobre todas las cosas.
Pasan "Pájaros", "Andamios" y "De este lado del camino", en el mismo orden que acabarán en el álbum. Santaolalla baila de felicidad al término de cada toma y los cuatro fantásticos mexicanos se miran cómplices, anticipándose al resultado. La escena parece extraída de aquel fallido álbum/documental que los Beatles habían proyectado grabar en Abbey Road ante un puñado de cámaras, los cuatro mirándose cara a cara y que terminó con la renuncia de Ringo y el despecho de George. Pero aquí, hoy, anteayer, no hay otra cosa que sonrisas y felicidad.
"Estamos muriendo y renaciendo a la vez. Somos nuestros propios zopilotes, aves carroñeras, dándonos paso a un nuevo estado, liberándonos de la carga, gustosamente, amorosamente. Es la serpiente que se devora a sí misma para convertirse en portal."
Joselo canta "Espuma" y luego otra pasada del tema, pero solo con los teclados de "Meme" y Albarrán en calimba. Después de dejar a todos boquiabiertos con el ritmo imparable de "Olita de altamar", es el turno de Meme, en voz, en "Aprovéchate", mientras sus gestos y sus manos son registradas en alta definición por tres cámaras que cubren cada centímetro de este estudio improvisado. Experimento que en los próximos días se repetirá en Santiago de Chile, Los Angeles y México DF y que culminará con una gira "real", que aquí tendrá parada el 15 de septiembre, con un concierto gratuito en el Planetario y junto a otras bandas latinoamericanas.
El inquieto Albarrán no puede consigo mismo y logra hacerse un hueco para hablarle al público que no es público y contarle una anécdota que es la que inspiró a su nuevo personaje: El zopilote.
El cantante se calza el poncho que hasta aquí hizo de pequeño altar y antes de grabar la toma más emotiva de la sesión, enciende un palo santo y ofrece su humo. La Gibson de Joselo se eleva una, dos veces, hasta que logra confundirse, asimilarse, con ese aroma sanador. Suena a música del alma y es realmente conmovedor estar aquí ahora, anteayer.
Quedan tres temas y el saludo final, con "El baile y el salón" fuera de programa, y Albarrán estrechándose con cada uno de los 70 privilegiados presentes, dando y recibiendo aquello que él y sus compañeros fueron a buscar: energía en estado puro.
"Estamos bailando, creando a cada paso, somos nuestros propios creadores. La creación es vibración y ésta es música. Para qué esperar más. Para qué detener lo inaplazable. Vamos pues, alegremente, a hacer música, todos juntos."
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