
Castaña dejó un poco de Buenos Aires en Córdoba
Fue aplaudido por 12.000 personas
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VILLA MARIA, Córdoba.- Cuando Cacho Castaña se subió al escenario del 39° Festival Nacional de Peñas de Villa María, el sábado, para cantar junto a Adriana Varela el tango "Garganta con arena", 12 mil personas lo vivaron. Y eso marcó que él iba a ser el protagonista de la segunda noche del encuentro. Mientras tanto, a 100 metros de allí se estaba encendiendo otra fiesta, la de las peñas.
El mismo ánimo se iba a mantener al día siguiente, cuando Piñón Fijo, el Chaqueño Palavecino y Pimpinela cantaran en el anfiteatro. Pero esa es otra historia.
"Cacho es el prototipo del porteño", dice Claudia Pathenay, de 31 años. Ella fue la que le gritó: "¡Tirame un beso, negro!". Al mismo tiempo, una mujer bailaba descalza sobre una de las gradas, aferrada a sus zapatos de taco alto.
El furor por el autor de "Café La Humedad" no es sólo femenino. Francisco es metalúrgico y su amor por Cacho lo llevó hasta allí. "Me gusta porque es verdadero: mujeriego y vago", confiesa. Un espectador completa el concepto con el grito de "¡Cacho, maestro!".
El cantante no reniega de esa imagen. Al contrario, la alimenta. "El tema que voy a cantar lo compuse cuando tuve un problema con una señorita", explica y entona "Ojalá que no puedas", un deseo de una novia engañada.
Ahora, Cacho deja el tango y recuerda, sobre el escenario, sus días más bailanteros, allá por los años 70. "Llegó el momento cultural del espectáculo", dice, para introducir un tema que juega con la provocación y el doble sentido: "Si usted supiera".
Adriana Varela lo mira, a un costado del escenario. Ella se va a emocionar y le arrojará besos al aire cuando el compositor cante "La gata Varela", que le escribió especialmente.
La cantante mostró esos movimientos felinos cuando se subió al escenario para entonar temas de Joaquín Sabina ("El me abrió las puertas de toda España”) y tangos como “Los mareados”.
En Villa María, no hay un único festival, sino más bien dos. Además de los artistas que se presentan en el anfiteatro, hay cinco peñas. “Son escenarios alternativos para los nuevos valores de la música”, explica Horacio Lucero, coordinador general del festival.
Al ingresar a La Talamochita (una de las dos peñas oficiales; la otra se llama Los Haravecos), lo primero que se siente es el olor a humo que proviene de un fogón que está en la entrada. Sobre el escenario se puede ver a un grupo de jóvenes que interpretan una zamba y a parejas que bailan.
Carina Bonoris presenta a los artistas. Ella dice que está orgullosa de que nunca pisó una disco. Pero sí infinidad de peñas. “Mis padres fueron los fundadores de este festival”, señala. Carina es la encargada de coordinar a los grupos que tocan en La Talamochita. “Yo me ocupo de mis changuitos”, cuenta. A su lado, está uno de ellos, Eduardo Font, un folklorista de 24 años que vino de Santiago del Estero para estudiar canto en Villa María. “Presentarme en las peñas me permite difundir mi música”, cuenta.
Otra es la realidad de las peñas que no son consideradas oficiales por los organizadores del festival, como la de la Agrupación Folklórica Villa María. El lugar ocupa alrededor de una hectárea a la orilla del río Ctalamochita. Allí la gente se ubica en mesas improvisadas con tablones a consumir comidas típicas, mientras ve el show de algún cantante local o de otra provincia. A diferencia de las oficiales, a estas peñas no concurren los artistas consagrados. “Hace nueve años que comenzamos y hace dos que se empezaron a extender las otras peñas, cuando vieron que era negocio”, cuenta Gustavo Tacconi, uno de los coordinadores. De fondo, se escucha que Jairo canta el “Ave María” en el anfiteatro.
Es difícil caminar por los alrededores de las peñas, no sólo por la cantidad de stands, que venden desde relojes pulsera hasta ropa que copia a grandes marcas, sino también por las 10000 personas que las visitan a diario, según estimaciones de los organizadores. En total, a las cinco noches del festival (del 10 al 14 de febrero), concurrirán 100.000 personas a las peñas y al anfiteatro.
Son las 5 de la madrugada del domingo, el ex integrante de Los Nocheros y ahora solista, Jorge Rojas, termina su show. Para esa hora, Cacho ya se fue, dejando un pedazo de su “porteñidad” en Villa María. Y las peñas se apagarán dentro de una hora, justo en el momento en que se extinga el fogón que había indicado su comienzo.




