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Trap

Cazzu: el viaje a todo ritmo de una chica de Jujuy que llegó a la cima del trap

Gabriel Orqueda
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22 de octubre de 2018  • 12:41

"No quiero ser solo un condimento, la mostaza del pancho. Quiero ser el pancho", dice Cazzu mientras come de a pellizcos un tostado de queso. Traga un bocado y se aclara la garganta. "O la salchicha, por lo menos." La mujer argentina con más oyentes mensuales en Spotify -4,6 millones: 2 más que Tini y Lali- está hambrienta. En el sentido literal, porque a la madrugada cantó en un boliche de Núñez, se levantó tarde y hoy, un viernes lluvioso de agosto, vino en ayunas al café donde arranca su primera entrevista con Rolling Stone. Y está hambrienta de otras cosas: porque a los 24 años, después de superar dos veces los 100 millones de reproducciones en YouTube con feats - "Loca", el game changer del trap nacional junto a Khea y Duki, y "Toda", un reggaetón con el boricua Alex Rose que domina los streams locales- quiere pasar al siguiente nivel. "Siento que me falta mi hit, mi canción", dice y baja la mirada con una sonrisa que le marca unos hoyuelos a ambos lados de la cara. "Igual no soy ansiosa, no me desespero."

No tiene por qué. Desde que apareció en escena a principios de 2017, Cazzu viene creciendo como la gran figura femenina de la ola de artistas del género. La princesa del trap argentino, si se quiere. Su disco Maldades, una mezcla de reggaetón, trap vacilón y R&B carnal y romántico, hipnóticamente cantado, presenta una fantasía de ella misma. En sus palabras, una "bad bitch". La freak sexual que no se come ninguna, tiene sex toys descartables y un objetivo que nunca pierde de vista: hacer plata."Págame, págame, págame, que este culo se lo merece", su barra memorable de "Loca", lo sintetiza todo. "Cazzu agarra lo que parece que está mal y lo reescribe como si estuviese bien", dice de sí misma en tercera persona. "A mí nadie me pagó por mi culo. Hasta te diría que de repente puedo ser la persona más asexuada del mundo, porque trabajo más de lo que puedo vivir y le tengo más miedo al amor que a la muerte. Aun así me parece super bien decir: ‘Pagame, boludo, la puta madre. ¿Qué te pasa? ¡Todo esto lo vale!’."

Ese ímpetu es el que trajo a Buenos Aires a esta chica jujeña de clase trabajadora que, después de años de escenarios en la cumbia -cuando su nombre artístico era Juli K-, veía cómo su carrera se iba al tacho, se reinventó en un nuevo género y llevó su show hasta el Gran Rex. Un pasado que algunos, como un youtuber que sumó un millón de visitas con un video que la defenestra, le enrostran como negativo. "Me pareció retrógrado lo de este pibe que me bardeó. ‘Esta negra cumbiera.’ ¿Quién dice algo así ahora? Yo estoy orgullosa de lo que hice, tengo tatuado ‘cumbia’ abajo de una nalga. No hay nada más trap que la cumbia, así que no me rompan los huevos."

En su primer encuentro con RS, Cazzu está vestida con unos pantalones cargo, un buzo y una riñonera negros. Lleva su pelo oscuro en dos trenzas y sus uñas largas con un trabajado nail art en blanco y negro. No se le nota maquillaje, pero tiene tatuado un corazoncito en el pómulo derecho y la palabra "C14torce", el nombre de una de sus canciones melancólicas, en el cuello a la altura de la glotis. "Me gusta retwittear cuando dicen ‘Cazzu es fea’ o ‘mirá el pedazo de nariz que tiene Cazzu’. Porque yo considero lo mismo, pero también que tengo estilo y mucho flow. A mí me gusta no ser perfecta, y si mañana pudiese arreglar mi cara no lo haría, y si cambiara de opinión estaría todo bien igual. Pero me gusta que la gente sepa que no hay un estereotipo, que soy re de verdad", dice. "Y a la vez que estoy relajada con eso, no necesito estar diciendo: ‘Miren, acá está mi celulitis’."

Comparándose con otras mujeres que de alguna forma toman el género urbano, Cazzu se siente en su propia categoría, más cerca de su amiga La Joaqui -una ex freestyler que compitió en Batalla de los Gallos y este año actuó en El Marginal-, pero no en la misma que Miss Bolivia o Sara Hebe y sus discursos más explícitamente políticos, aunque no las confronta. "La Miss es lo más, abrí un show para ella en el Konex, y es una dulce. Sara también. Fui a verla en vivo y pude hablar un ratito, tiene la mejor. Fue muy loco conocer exponentes como ellas y saber que me conocen y me respetan. Re cheto. Ellas hacen eso que no me sale. Yo trato de llenar otro vacío porque ese está bien representado. ¿Qué voy a hacer yo ahí donde estas hijas de puta la rompen? Siento que pueden hablar de feminismo mucho mejor que yo."

Además de las colaboraciones internacionales, Cazzu subió el perfil todavía más en mayo, cuando después de remixar "Loca", Bad Bunny, la superestrella del trap latino, la invitó a cantar el tema en dos de sus tres shows en el Luna Park, le dio un beso en el escenario y desató un frenesí de notas del tipo "¿Quién es Cazzu, la nueva novia de Bad Bunny?". Pero Cazzu está en otra... lo que sea: ciudad, frecuencia, historia. Tiene la cabeza ocupada con todo lo que tiene que hacer en los pocos meses que le quedan de este año -feats, viajes, shows-, y en estos días, porque ahora nomás, después de un fin de semana de shows en el interior, va a rodar su primer videoclip de alto presupuesto, para una canción que se llama "La nave", dirigido por Facundo Ballve, que hizo videos para Duki y muchos otros de la escena. "Quisimos montar un Hollywood sudaca. Son tantos proyectos, que decís: ‘Si esto sale mal... se pudre’, pero va a salir bien."

Cazzu - N.a.v.e

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Julieta Cazzuchelli nació en 1993 y se crio en Fraile Pintado, una ciudad de 12.000 habitantes en el partido de Ledesma, Jujuy. Pedro, su papá, un camionero aficionado a la guitarra y el folclore, la rodeó de música desde chica. Pero era Florencia, su hermana tres años mayor, la que parecía destinada al escenario. "Ella tenía el talento nato. Era muy buena cantando y con los instrumentos. Al día de hoy creo que tiene oído absoluto", dice Cazzu. "A mí me costaba un poco más todo, no era tan buena, lo tuve que aprender." Lo que sí sintió que siempre le vino naturalmente es otro factor de su ascenso: "Yo fui siempre la capitalista del hogar. No sé por qué, siempre tuve esa idea de hacer dinero". El primer negocio de Cazzu fue a los 8 años: vendía panchos –¡giros del destino!– con una amiga. Sus mamás se turnaban para prepararlos y ellas iban a la plaza del pueblo y se ganaban sus primeros pesos. Habla bastante de la pequeña Cazzu que cuando vino un tipo de la municipalidad a correrlas de la plaza, fue a tocarle la puerta al intendente. "Quédense tranquilas, al próximo que vaya a sacarlas le voy a ir a hablar yo", le dijo. Y no la pararon más. A los 12 se cortó el pelo, que tenía largo hasta el piso, a espaldas de su mamá, y lo vendió para comprarse una pista de Hot Wheels. "Pensaba: ‘Total el pelo crece’. Siempre me gustaron las cosas de nene... y los autos." Después vendió bijouterie, que armaba ella misma, en la pollería de su madre. "Con eso me compraba material para seguir haciendo. Es como ahora: hago plata y vuelve a la música."

Motivada por sus profesores, Cazzu cantaba en los actos del colegio, principalmente folclore. De ahí fue pasando a las bandas locales de covers, y cantó canciones de La Torre, los Beatles y Scorpions. Cazzu, en realidad, era fan de Eminem, Linkin Park y Avril Lavigne. En la escuela siempre tuvo buenas notas, pero la retaban porque se delineaba los ojos como los emos de My Chemical Romance. Cuando empezó a bajar música en Ares, el Messenger de las descargas, se abrieron ante ella las puertas del reggaetón. "Tenía bibliotecas enteras de música y flipé la primera vez que escuché Jowell & Randy; más adelante me pasó con Arcángel y Daddy Yankee, que para mí, es el más grande. Paseaba entre el rap, el reggaetón, el rap-metal y el punk. No respetaba la cumbia, porque en mi casa no la respetaban y eso es lo que me habían puesto en la cabeza." Pero cuando a los 14 hizo un reemplazo en una banda de cumbia, también la sumó a sus pasiones. "Empecé con norteño; después más santafesino, Leo Mattioli y Karina." A los 16, Cazzu ya había pasado por el estudio para grabar algunos covers, cantaba en un dúo que se llamaba Sensación y se ponía tacos y vestiditos que no tenían mucho que ver con ella. "Tuve mi etapa de sentirme ‘uy, mis compañeras son todas unas diosas y yo soy un chabón’, pero se me pasó."

Mientras Cazzu sumaba millas en el escenario, para los Cazzuchelli no había dudas: ella tenía que ir a la universidad. Cazzu quería estudiar Diseño Gráfico, pero en la región era una carrera paga y no había plata. A los 18, se fue a San Miguel de Tucumán a vivir con su hermana, que estudiaba Sonorización, y empezó a cursar en la Escuela Universitaria de Cine, Video y Televisión. Le gustaban las materias y llegó a entusiasmarse, pero también se sentía como sapo de otro pozo. "A los que les gusta Godard no les gusta la cumbia", dice. "Pero nos tiramos una re movie con los compañeros cuando hice mi primer video. Empezaron a entenderlo como ‘algo cultural’. Cultural las pelotas. Me traje al video a todos mis amigos del barrio, una manga de villeros..."

Cazzu - Chapiadora - Fuente: YouTube

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En ese momento Cazzu ya era Juli K y hacía una especie de "cumbietón villero", con el look de los años de furor de las bandas turras. Los videos de "Un par de besitos" y "Me enteré", que ahora algunos desentierran de YouTube, empezaron a tener repercusión. Su música finalmente estaba apareciendo en el radar de la industria, pero los intentos de traerla a Buenos Aires se frustraron. "¿Qué pasó? El monopolio. Una banda que había acá hacía algo similar y fue tipo: ‘Si ella entra nos va a comer esto otro. No la vamos a dejar’." Su productor le soltó la mano y se le fue haciendo cada vez más difícil. También se alejó del cine, un poco por los paros en la universidad y otro porque había caído en un pozo anímico. "Siempre me salía todo como el orto. Me levantaba, algo salía bien y después todo volvía a caer. La gente creía que estaba loca, que volaba demasiado. ‘Vos te tenés que ir de acá, lo que querés hacer acá no está’."

La excusa de Cazzu para venir a Capital en 2016 fue estudiar Diseño Multimedial en la escuela DaVinci, pero sabía que venía a otra cosa. Alquiló un depto en San Justo, donde todavía vive, cerca del lugar donde su papá para por trabajo cada vez que viene en camión desde Jujuy. La primera puerta de entrada al mundo de la música apareció con la propuesta de ser documentalista de la gira de una banda turra que llegó a ser muy popular y que ella prefiere no mencionar. A meses de haber llegado a la ciudad, Cazzu estaba yéndose de viaje a Europa. Lejos de ser una experiencia agradable, para Cazzu ahí empieza algo así como "una película de Hollywood mala: la pobre chica del interior que llega y le pasan cosas horribles... y después triunfa". En ese viaje dice que tuvo el ejemplo de todo lo que no tenía que hacer en cuanto a manejos personales, de dinero y decisiones artísticas. "No lo hacían por amor a la música, era todo por plata. Me decían que nunca iba a poder, que el reggaetón nunca iba a funcionar en Argentina. Que cantaba y componía muy lindo, pero que mi música no iba a sonar nunca. Tenía sentido, porque ellos la habían pegado."

Cazzu volvió a Buenos Aires y se quedó sin trabajo. Pero tenía algo más importante en qué ponerse a trabajar: ella misma. Dejó las redes de Juli K y comenzó a usar para la música su apodo de toda la vida. "Pensé: ‘Bueno, si todo va a salir mal siempre, que al menos sea haciendo lo que quiero’. Fue como me vale verga todo." Cazzu veía que sus amigos productores de reggaetón iban por la misma ola, el trap. En 2017 sacó "Más" y "Killa", con el productor Cristian Kris, y los artistas del under que ella seguía empezaron a reaccionar a su música. Avales de Neo Pistéa –ahora firmado por Sony Music–, Malajunta, los Vasuras Crew. "Todos raperos que yo admiraba." Trabajó en tracks con Omar Varela, el productor y DJ que se convertiría en su amigo y jefe de Mueva Records, una de las marcas independientes del boom del trap argentino. Klan, uno de los freestylers de la competencia El Quinto Escalón, le propuso hacer un feat, al igual que La Joaqui. "Colaborar con ellos fue super positivo para mí. Porque yo no hacía freestyle y no iba a competir nunca. Pero me aceptaron igual. Desde ese momento que entré al circuito de las batallas sin ser parte, todo pasó muy rápido y ahí lo conocí a Duki, a Khea. No puedo creer que eso pasó hace... meses."

En este tiempo, muchos sucesos cerraron el círculo para Cazzu, la fan: hacer un feat con Ñengo Flow, telonear a Daddy Yankee ("Soy bastante low key, no pedí conocerlo, pero mi sueño máximo sería hacer un feat con él") y algo que todavía le cuesta creer que pasó. Fue justamente la noche de junio después de tocar por primera vez en el Gran Rex en el Mueva Fest, que acompañó a Khea en una salida nocturna a Pinar de Rocha y terminó cantando una versión cumbiera de "Loca" con Pablo Lescano. "No recuerdo haberme sentido tan nerviosa arriba de un escenario. ¿Sabés las veces que fui a ver a Damas Gratis?", dice Cazzu. "No era el plan. Khea me dijo: ‘Dale, no me dejes morir, cantá conmigo’. Imaginate lo que es para mí, que hice cumbia, tenerlo a Pablo Lescano ahí. Se me vino a la cabeza cuando iba con la tucumaneada a Central Córdoba. Canté re mal." Cazzu no suele subir videos de sus shows a Instagram, sobre todo si no está conforme con su desempeño, pero esta fue una excepción. "No importó nada, esa noche coroné."

Cazzu en el Luna Park con Bad Bunny, que le tiró la boca en el escenario
Cazzu en el Luna Park con Bad Bunny, que le tiró la boca en el escenario Crédito: Gentileza Julieta Méndez

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Un mediodía de agosto en San Justo profundo, Cazzu me recibe para almorzar. Su depto está en un primer piso por escalera, en una calle de casas bajas. Lo primero que se ve en las paredes algo descascaradas es una Sailor Moon en pose perreo hentai que pintó la propia Cazzu y más atrás unas cortinas rojas de su cocina. Hay un par de cuadros de Travis Scott y Jeremih pintados por la mamá de Cazzu. De un lado está la mesa y del otro su PC de escritorio, un controlador y un micrófono, con los que boceta sus canciones. "Creo que soy la única de los chicos que no me mudé", dice sobre sus amigos de la escena como Duki y los compañeros de gira del equipo de Mueva Records como Khea, Ecko, Bhavi, Seven Kayne. "Tengo que buscar algo por capital, pero no tuve tiempo." Me está esperando con milanesas, porque olvidé mencionarle mi vegetarianismo. Por suerte tiene una caja llena opciones para mí: biznikes, bon-o-bones, flynn paffs. "Me las regalan los fans y los amigos. A los chicos les llevan vodka o porro. A mí, golosinas."

En un momento de nuestra charla, desde el dormitorio, aparecen Elvira, la gata de Cazzu, y C.R.O., del grupo de rap neuquino Bardero$ Crew, con cara de dormido. Está con nosotros un rato hasta que lo pasa a buscar un Uber. Cazzu y él se despiden con un beso y se va. Se los vio más de una vez en redes sociales abrazados, pero nunca les blanquearon a los fans de la escena que estaban juntos. ¿Son novios? "Ni sé qué somos", dice Cazzu después. No es el tema que la pone más cómoda. Parece que la relación viene de tener algunas vueltas y "unas patinadas" por parte de él, pero ahora parecen estar bien y en calma. "Me parece muy bueno lo que hace él y me encantan los Bardero$."

Tiene en la mesa la Rolling Stone con la tapa de Duki, pero todavía no leyó la nota. Hoy las redes arden porque Lali, a quién Cazzu respeta mucho ("Tiene una carrera re cheta, no se la puede discutir nadie. Pueden decir lo que sea, pero Lali los pistea a todos"), salió a responderle a Duki, su amigo, algo que contó en la nota sobre la reunión que tuvo con Sony. "Yo no soy Lali Espósito, yo no quiero fama. Yo soy un pibe que viene de no tener nada, y quiero ser una leyenda musical", contó Duki que le dijo a Damián Amato, el presidente de Sony. "Duki es un chabón super sincero, y no mide lo que dice", explica Cazzu. "Entiendo lo que quiso decir porque tuve todas las mismas reuniones, y me di cuenta que a mí tampoco me sirve firmar con nadie. Son así: te hablan diciendo a quién te tenés que parecer. Te dicen que quieren hacer con vos los que hacen con... no sé, Becky G, que si bien me gusta, no es lo que hacemos nosotros. Quienes podrían ser rivales musicales no son exactamente ellas." ¿Quiénes entonces? A Cazzu se le ocurren dos ejemplos: La Joaqui, su amiga ("Soy una fucking fan, la amo. Es una mina real"), y Dak1llah, la freestyler de 17 años firmada por Sony, que más de una vez la bardeó por las redes. "A pesar del beef yo la re respeto, no sé si lo sabe, a mí me gusta lo que hace."

Más notoriamente, a Cazzu se la vio en las redes sociales con Bad Bunny y no solo en el escenario: hay selfies abrazados al aire libre y en la habitación de un hotel, de los días del trapstar por Argentina. Habían intercambiado mensajes por Instagram después de que él hiciera su remix de "Loca", pero no se habían visto antes. Se vieron cara a cara por primera vez en el escenario del Luna Park. El primer día, él le tiró la boca y Cazzu le corrió la cara, se bajó del escenario y se fue sin entender bien qué había pasado. Volvió para el tercer show y ahí pasó algo más. ¿Cómo siguió? Cazzu cuenta hasta acá: "Nos conocimos piola, nos hicimos amigos. Es re rancho. Relajado, no flashea ninguna. El puertorriqueño por ahí tiene medio una peli de ‘somos los más capos’, pero este chabón es distinto, es re normal. Se ve que venía cansado de una sociedad un poco plástica, y al haber conocido este desorden de persona... en un tiro, eso a él lo conmovió un poco. Le pareció interesante".

Cazzu dice que este no es tiempo para una relación y cuenta que siempre eligió pibes con los que sabía que no iba a funcionar. "Nunca tuve novio de verdad, no tuve una relación importante en mi vida. Mi relación más importante es la música", dice. Y tampoco tiene tiempo para beefs, del sexo que sean. Pero no la provoquen: "Si un gil viene y me falta el respeto lo mando a la concha de su hermana. Y creo en la igualdad real. Si sos un gil, sos un gil; si sos una gila, sos una gila. Sos una persona estúpida. O estúpide. Y te voy a mandar a la mierda".

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