Cinco momentos vibrantes del show de Iron Maiden en Vélez

Iron Maiden en Vélez
Iron Maiden en Vélez Fuente: Telam
La Doncella de Hierro regresó una vez más a la Argentina para presentar The Book of Souls, su celebrado último álbum de estudio, frente a casi 40 mil personas
Gabriel Hernando
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16 de marzo de 2016  • 02:05

Un comienzo devastador: cuando el reloj marcó las 9 y 15 de la noche, y tras un breve clip en el que un avión despegaba desde una selva imaginaria, un encapuchado Bruce Dickinson irrumpió en escena y como si se tratara de un brujo o un chamán en medio de un ritual dio el puntapié inicial a la ceremonia con las primeras estrofas de "If eternity should fail", uno de los estrenos, detrás de un caldero humeante. Sería el inicio de una noche devastadora y sin respiro.

Apoyo incondicional: suele decirse, y con justa razón, que el público devoto del heavy metal es el más fiel de todos. Y los fans de Iron Maiden no fueron la excepción: demostrando un apoyo incondicional hacia su banda favorita, miles de fanáticos de rigurosa remera negra con los logos de Maiden, Hermética, V8, Slayer, Megadeth y demás se acercaron desde temprano a Vélez para disfrutar además y "hacerle el aguante" a The Raven Age y Anthrax, los grupos invitados.

Clásico entre clásicos: si bien Iron Maiden dio un importante espacio a algunos temas pertenecientes a The Book of Souls, su más reciente álbum doble, sus clásicos también dijeron presente en la noche de Liniers. Así sonaron "The trooper", "Powerslave", "Iron Maiden" y "The number of the Beast". Sin embargo, el hit que provocó la mayor adhesión del concierto fue, sin dudas, "Fear of the Dark", sacudiendo a la multitud que cantó cada estrofa del tema a viva voz y con los brazos en alto. Impresionante.

Un aplauso para los técnicos: previo a su llegada a la Argentina, el Ed Force One (el Boeing 747 – 400 piloteado por el propio Bruce Dickinson que lleva a la banda de gira por todo el mundo) tuvo un accidente menor en el Aeropuerto de Santiago de Chile y debió quedar allí por unos días hasta ser reparado. Por tal motivo, el grupo y su comitiva arribó a nuestro país en un vuelo charter mientras que el resto del equipamiento lo hizo por separado con el riesgo de no llegar a tiempo. Pero gracias a la pericia y el esfuerzo de los técnicos, tanto el show de Córdoba como el de Buenos Aires mantuvieron las mismas características que los realizados en otros países. Y durante el concierto en Vélez Dickinson no quiso dejar de agradecerles públicamente. "Tenemos un equipo técnico maravilloso que trabajó casi tres días sin dormir para que ustedes puedan disfrutar del show como se debe: con la escenografía completa y todos los efectos correspondientes. Un aplauso para ellos".

Un homenaje y un festejo: sabido es que los integrantes de Iron Maiden son fieles seguidores de grandes humoristas y comediantes, como los reconocidos Monty Python y Mr Bean. Por eso, antes de interpretar "Tears of a clown", Bruce Dickinson comentó que el tema estaba dedicado al fallecido actor Robin Williams, otro de sus favoritos. Fue el momento del recuerdo, del sentido homenaje. Aunque también hubo festejos, ya que esa misma noche era el cumpleaños del bajista Steve Harris y, como era de prever, el público le cantó el "Happy Birthday".

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