
Con fidelidad a una época
Pro Música Antiqua de Rosario en el concierto inaugural de Festivales Musicales/ Dirección: Cristián Hernández Larguía/ Programa: obras de la polifonía del Siglo de Oro: Josquin Des Prez, Hienrich Isaac, Adrian Willaert, Pierre Phalèse, Niicolaus Gombert, Tielmnan Susato y Orlando Di Lasso/ Sala: Auditorio de Belgrano.
Nuestra opinión: excelente
Son una gloria para la cultura argentina. Una fiesta para los espíritus sensibles y libres.
Por su asombrosa excelencia musical y por transmitirla con emoción y alegría a raudales. Ellos son el Pro Música Antiqua de Rosario y su prodigioso mago, el eternamente juvenil maestro Cristián Hernández Larguía, que fundó este grupo vocal-instrumental hace cincuenta y un años. Bienvenidos para regalarnos prodigios en la exquisita percepción de la polifonía del Siglo de Oro.
Porque asistimos a la celebración del espíritu renacentista, gracias a la insondable empatía del conjunto rosarino con aquella música surgida en los Países Bajos (siglos XV y XVI) e inspirada en melodías, ritmos, danzas y lenguaje del pueblo, para transfigurarlas en obras de encantador refinamiento, que reflejan la portentosa energía creadora al restaurar las esencias del clasicismo. No sólo disfrutamos de la elegante vestimenta de las cantantes y sus túnicas color pastel de la época, sino también del cautivante sonido de los instrumentos antiguos (flautas dulces, cromornos, violas da gamba y laúd) y hasta un órgano de mesa que nos transporta con sus timbres a tiempos tan remotos. Y nos sorprende también la irrupción de este duendecillo de espléndidos 92 años, que ingresa con paso firme y decidido, para sentarse en su silla, frente a sus músicos, como de costumbre, y que, de pronto, gira sobre sus pasos, y con la silla a cuestas se instala en el borde del proscenio para iniciar su clase magistral, que es en verdad una fiesta de la sabiduría y el humor. Desde allí Hernández Larguía desata con lúdico desparpajo su análisis de la estética del Renacimiento; desmenuza estilos y los matiza con humoradas y anécdotas. Un modo de compartir con un público que ocupa la mayor parte del Auditorio su propio gozo por desentrañar el hondo humanismo de la polifonía franco-flamenca.
Cristián y su Pro Música están lejos de caer en aquello de la "autenticidad histórica", en ostentar originales instrumentos de época, o en ceñirse a presuntas "ejecuciones fidedignas".
Porque esta música está en buenas manos sólo con las réplicas de dicha organología y porque sus pautas estéticas de interpretación han eludido artificios (excesivos ornamentos, pesados énfasis) para conciliar de modo natural y respetuoso, lo históricamente deseable con lo posible y razonable.
Por hacer perceptible el estilo, el idioma (en la envidiable dicción del español antiguo, el latín, el francés, el italiano, el alemán) y las notas plasmados por Josquin Des Prez, Heinrich Isaac, Adrian Willaert, Pierre Phalèse, Nicolaus Gombert, Tielman Susato y el inefable Orlando Di Lasso. Notas de aparente sencillez en su trama contrapuntística, pero fidelísimas con los textos y climas poéticos.
Imposible describir los maravillosos momentos musicales alcanzados por el Pro Música Rosario en los deliciosos fraseos, modulaciones, mil matices y ensamble sonoro, como si se tratase de un instrumento único, gracias a las precisas y minuciosas indicaciones en cada entrada, a coreutas y grupo instrumental. La coronación será la más festiva versión de la famosa humorada del Matona mia cara, de Di Lasso. Nos queda la ilusión de que este maravilloso ágape se repita en Buenos Aires.
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