Diana Krall en su punto justo

"The Girl In The Other Room", el álbum más notable de la artista canadiense
Ricardo Carpena
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24 de abril de 2004  

Alguna extraña razón llevó a Diana Krall a grabar, en los últimos cinco años, discos esquemáticos en su concepción, previsibles por la manera en que abusaba de la recreación de standards jazzeros, muchas veces con arreglos recargados y orquestaciones que terminaban tapando lo mejor que podía ofrecer: el sonido de su voz y de su piano.

¿Qué extraño maleficio conspiraba contra esta mujer canadiense para salir del rótulo de "promesa" y confirmar que es una de las mejores voces y pianistas de su generación en el jazz contemporáneo?

"The Girl In The Other Room", su nuevo trabajo para el sello Verve, que será editado la semana próxima en la Argentina, significa la redención musical de esta rubia, bonita y talentosa artista. Este disco es, sin exageraciones, el mejor álbum grabado por Krall desde que debutó, en 1993. Por lo pronto, representa un fuerte viraje en su carrera. Además, es el primero en el que se animó a componer, y el resultado es asombroso.

Diana se asoció aquí con un experto en canciones entrañables, Elvis Costello, su flamante marido, que les puso letra (y bastante más, por lo que se escucha) a seis temas, que representan precisamente los momentos más inspirados de esta producción.

"Elvis se ha convertido en una de mis mayores influencias en todos los niveles, personales y profesionales. La verdad es que antes de conocerlo ya había pensado en escribir, pero hace dos años murió mi madre y apareció él en mi vida y me ayudó a seguir adelante", destacó Krall cuando presentó el disco en Madrid.

La mujer y la cantante

Esta cantante y pianista, que nació en Canadá, en 1962, y fue apadrinada por una leyenda como Ray Brown, renovó el elenco de vocalistas femeninas del jazz, sobre todo a partir del disco "All For You", de 1996, en el que le dio nueva vida al repertorio del genial Nat King Cole y logró el respaldo del público y de la crítica especializada. Desde ese momento, esta suerte de mezcla sonora de Carmen McRae y Julie London fue ganando posiciones a fuerza de discos que, en realidad, resultaron bastante desparejos. Y el respaldo del mundo discográfico pareció más orientado a explotar su belleza física (en el booklet de "The Look of Love", de 2001, se registra el récord de nueve fotos, siempre con pose de modelo sexy) que a su propia música.

Los premios Grammy obtenidos por "When I Look In Your Eyes", de 1999, fueron un espejismo. Krall era buena, pero no podía (o no quería, o no la dejaban) salirse de la fórmula del éxito: un puñado de inefables clásicos jazzeros, orquestaciones melosas, fotos provocativas y, por supuesto, el piano y la voz que terminaban sosteniendo un producto comercialmente apto para vender miles de discos. Sin riesgos.

Por eso "The Girl In The Other Room" significa la apuesta más audaz y lograda de Krall. Probablemente, Costello haya sido el detonante de este cambio que permitió romper con la inercia de su carrera, en la que algunos maliciosos críticos ya habían encontrado las bases de un nuevo género: el "jazz polar", en irónica referencia a cierta frialdad que inspiraban su figura y su música.

Salir de dudas

El nuevo disco refuta a todos y despeja cualquier duda: hay apasionadas incursiones en el blues, como en "Stop This World", de Mose Allison, o en "Love Me Like A Man", de Chris Smither (arreglada tal como la hizo famosa Bonnie Raitt), pero también una deliciosa recreación de "Temptation", de Tom Waits; una hermosa canción de Costello, "Almost Blue", y una versión antológica de "Black Crow", de Joni Mitchell.

Pero las estrellas del disco, como se dijo, son los seis temas del matrimonio dupla Krall-Costello. "The Girl In The Other Room", "I´ve Changed My Address", "Narrow Daylight", "Abandoned Masquerade", "I´m Coming Through" y "Departure Bay" son, entre acordes y armonías que llevan el sello "costelliano", algunas de las más bellas y originales baladas escuchadas en los últimos años.

Y si la composición es un punto fuerte, también lo es la interpretación. Sin arreglos de cuerdas que empalaguen, la voz de Krall suena mejor que nunca, sensual y, al mismo tiempo, poderosa. Y al piano, brilla, juega y se despliega con absoluta libertad (escucharla en "Love Me Like A Man" no deja a nadie quieto en su lugar).

Entre los músicos que la acompañan se destaca el guitarrista Anthony Wilson, un gladiador de climas y punteos originales, seguido de cerca por el baterista Peter Erskine y el contrabajista Christian McBride.

Probablemente, "The Girl Of The Other Room" sea la mejor respuesta de una cantante y pianista de 42 años como Krall al fenómeno de una veinteañera como Norah Jones: una estrella puede modificar su camino más seguro, apostar a un sonido propio, despojarse de clichés y construir un disco deslumbrante, perfecto.

  • "Acompaña esta nota un fragmento de la canción "Temptation", de Diana Krall.
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