Dos artistas en busca de la auténtica raíz latinoamericana de la canción

Raly Barrionuevo y Lisandro Aristimuño celebran su amistad con un álbum de autogestión: Hermano Hormiga, que presentarán en el Gran Rex el sábado
Sebastián Ramos
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25 de agosto de 2019  

Raly Barrionuevo y Lisandro Aristimuño
Raly Barrionuevo y Lisandro Aristimuño Fuente: LA NACION

Raly dice que con Lisandro son muy diferentes en muchos aspectos, pero asegura que a Lisandro siempre le creyó, que le parece auténtico y que eso los unió más allá de la química o el feeling y que una vez que se pusieron a tocar, ya estaba todo. "Por ahí cuando toco con alguien bien del palo folclórico no tengo tanta conexión como con Lisandro. Hay una cuestión de nuestras diferencias que se potencian un montón. Sea en la amistad, porque también tenemos personalidad distinta, o en la música".

Raly Barrionuevo y Lisandro Aristimuño mantienen desde hace tres años el proyecto Hermano Hormiga, un dúo que nació para fogones y asados de amigos y enseguida se transformó en una aventura de a dos y en plan zapada criolla, ambientada en pueblos del interior, con un recorrido que inició en el cine de Unquillo, Santiago del Estero, donde nació Raly, y que terminó en la sala de teatro creada por los padres de Aristimuño, en Beltrán, Río Negro.

Aquel raid y la celebración sostenida de esta amistad quedaron ahora documentada en un puñado de canciones grabadas en estudio que se pueden escuchar en todas las plataformas digitales y también a través de un álbum físico de autogestión, Hermano Hormiga, que se suma a la reservada lista de proyectos musicales que esporádicamente cruzaron a dos artistas de renombre con fines creativos.

Veinte años atrás Fito Páez y Joaquín Sabina intentaron sobrios a las piñas hacer una sociedad como la que Fito ya había hecho con Luis Alberto Spinetta en La la la, en 1986. Ricardo Iorio y Flavio Cianciarulo cruzaron folclore y metal en un disco esencial de la discografía oculta del rock argentino: Peso argento (1997). También Gustavo Cerati y Daniel Melero se dieron el gusto de registrar su relación musical en un álbum por entonces signo de los tiempos como Colores santos (1992).

"Nos gustó eso de dos músicos que ya tienen su carrera y sus discos y que pueden juntarse y tener ese tipo de impronta. Hay algo de Simon & Garfunkel que también nos motiva. En los camarines ponemos esa música o Gilberto Gil, Caetano Veloso, Milanés con Silvio. Orozco-Barrientos también es una dupla que es una gran influencia para nosotros", dice Aristimuño.

"Al principio había una punta de que podíamos hacer algo juntos, lo sentimos, y después pasó que nos fuimos sorprendiendo con lo que ocurría a medida que lo hicimos. Uno puede decir de juntarse en un proyecto con alguien que tiene onda, que es amigo, que tiene afinidades artísticas, pero de ahí a que suceda y que la cosa fluya, ya es otra cosa. Con Lisandro somos muy diferentes, casi en todos los aspectos, salvo en la mirada autogestiva de la música, pero sabemos que el otro está ahí siempre. Este es un proyecto despojado de egos y esas cosas. Somos tipos grandes, pero tampoco somos veteranos, como Caetano y Gilberto Gil. Más allá de que tenemos un camino fuerte, también estamos en una etapa de desarrollo para los dos. Por eso si no se da de manera natural es difícil que suceda", agrega Raly, que la semana pasada cumplió 47 años y que tendrá como regalo un último concierto de Hermano Hormiga, hasta la próxima vuelta, el 31 de agosto en el teatro Gran Rex, por primera vez en la Capital Federal.

"Después Raly ya arranca con todos los festivales y yo en estos días empecé a grabar disco nuevo. Después del Rex volvemos a los campos de cada uno y por ahí en el futuro volvemos a grabar un volumen dos o tres, cuando nos de la gana", cuenta Aristimuño, quien cuatro años atrás había experimentado una fusión creativa con otro músico, más ligado al rock: Fernando Ruiz Díaz.

"Con Fernando intentamos hacer algo. Pero con él hubiera sido Hermano Lobo, una cosa más nocturna. Creo que incluso eso fue lo que impidió que se haga el proyecto: era muy nocturno todo y al otro día nos olvidábamos lo que habíamos dicho. Hermano Hormiga sería algo más de mañana-mediodía y con el otro arrancabas a las ocho de la noche y no sabías cuándo terminabas. Pero la verdad es que ni Raly ni yo buscamos hacer algo juntos. Sucedió. Hermano Hormiga es como una tercera persona. Lo que sí creo es que los dos necesitábamos camuflarnos de nuestros nombres y nuestra propuesta personal. Como si hubiéramos buscado un superhéroe para los dos que se llama Hermano Hormiga. Hermano Hormiga es el tipo que nos salvó y cualquier cosa, hablan con él", ríe Aristimuño.

Entre el rock y el folclore

Así, el álbum, a través de doce canciones, intenta replicar el espíritu de este fogón-zapada-espectáculo ambulante conocido como Hermano Hormiga, con parte del repertorio extraído del cancionero popular latinoamericano, mezclado con algunos temas de su autoría. "El necio", de Silvio Rodríguez, "El surco", de Chabuca Granda y "Ojalá que llueva café", de Juan Luis Guerra, se cruzan con "El plástico de tu perfume", de Aristimuño, y "Amanda", de Barrionuevo.

"Yo estoy aprendiendo mucho de Raly y estoy muy agradecido. El hecho de salir de tu burbuja personal, me hizo muy bien. Fue como un cambio de sangre hacer esto. Estamos ahí los dos, bancándonos, tirando mensajes, tocando canciones, haciendo giras. En mi caso, aprendo mucho de él, que es un Wikipedia del folclore. Se sabe todas las canciones, de quiénes son y siempre tiene una anécdota o vivencia con los autores de esas canciones. Hermano Hormiga fue para mí aprender un poco de folclore. Yo lo escuchaba mucho de chico, pero me faltaba la cancha, estar ahí metido. Raly me pasa yeites de la viola y esas cosas. Es como estar con un blusero de Texas, pero de Santiago del Estero".

"Por ahí yo tengo más impronta de intérprete que Lisandro, que es de cantar más sus propias canciones", dice Barrionuevo sobre el repertorio de Hermano Hormiga. "Desde niño tengo eso de cantar canciones de otros autores y conocer su historia, que tiene que ver con el mundo del folclore de donde vengo, de la raíz folclórica. Para mí interpretar canciones de otros es tan natural como cantar las mías. Por ahí el mundo de Lisandro, más ligado al rock, es más de sus temas. De todas formas, creo que a los dos nos pasa que Hermano Hormiga nos está permitiendo hacer cosas que por ahí en nuestras propuestas personales no hacemos. En mi caso, en la parte instrumental, como tocar el piano, algo que nunca había hecho".

Aristimuño cuenta que cuando era chico, en su casa, la música de Violeta Parra y Mercedes Sosa se escuchaban a la par de Björk. "El folclore latinoamericano estuvo dentro mío siempre, sin darme cuenta. Lo escuchaba en el auto de mi viejo o en el living de mi casa. Y Con Raly nos interesaba esa raíz latinoamericana, que es un poco el concepto de Hermano Hormiga: volver a las fuentes, poder desnudar la canción, tocarla con una criolla, una acústica. Los dos creemos en el folclore del mundo, nos apasiona. No solo la chacarera o la zamba, nos gusta la música de raíz de todo el mundo. Nos gustaba eso de poder reivindicar canciones que hoy en día siguen teniendo el mismo sentido. Para una canción como «El necio», de Silvio Rodríguez, parece que no hubiera pasado el tiempo".

Raly: -Es algo que nos emociona muchísimo. "El necio" es perfecto para nosotros porque nos identifica mucho. Y después está el sonido que hemos elegido, ser dos guitarras básicamente. En tiempos también en donde todo suena más grande, volver a la guitarra y a la canción nos llena un montón.

-Lisandro dice haber tenido un contacto estrecho con el folclore cuando era chico. ¿Vos también tuviste esa misma formación con el rock?

Raly: -Yo escuchaba lo que sonaba, porque donde me crié era poca gente la que tenía acceso a tener un casete de "Clics modernos", de Charly García. El que lo tenía lo repartía para que lo graben otros. No era muy común como es ahora, que se escucha música de todo el mundo con un acceso tan fácil. Pero lo que a mí siempre me gustó del rock son las letras. Por ahí cuando iba con mis compañeros de secundaria a esos boliches bailables de pueblo, que no me gustaba mucho, ponían Soda Stereo y me quedaba en un rincón escuchando la letra. Esto habla de que era muy poco activo para sacar a bailar a alguna compañera, me quedaba escuchando las letras en solitario. Pero bueno, me quedaban frases. "Hay algo oculto en cada sensación", de Soda. Virus también me gustaba mucho, pero nunca tuve un disco de todo eso cuando era chico. Mi verdadero cruce con el rock fue con León Gieco, cuando empecé a tocar y a salir de gira con él. En mi caso, como en el de mucha otra gente, León es como un padre.

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