
El auge de los Festivales de rock
Cada vez más público se vuelca a estos encuentros
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Y un buen día, el rock nacional volvió a ser un negocio rentable y el país se cubrió de revistas especializadas, de radios, de shows a toda hora y de festivales que mezclan estilos y tribus en grandes fiestas de volumen elevado. Cosquín, Santa Fe, Baradero, San Pedro, Mendoza, Tucumán, Salta, Villa María y Capital Federal ya tienen su cumbre rockera. Las bandas más convocantes, los que recién empiezan, metaleros, poperos, rockeros, punks y adoradores del reggae están juntos y con el apoyo de cientos de sponsors y productoras que hacen sus apuestas fuertes en megafestivales aptos para todo público.
Mientras este fin de semana Baradero se inunda de rock y a veinte días de la bajada de bandera del festival que auspicia la cervecera Quilmes (el más ambicioso, que tendrá su segunda edición a partir del 1° de octubre, en Ferro Carril Oeste), productores y músicos analizan el fenómeno para intentar explicar por qué los festivales de rock volvieron a estar de moda.
"Creo que hay una nueva fundación del rock nacional -sostiene Walas, voz de Massacre- que nos vuelve a ubicar como centro de la escena. En los 90, con el uno a uno, la frivolidad cultural del menemismo, la adoración a Miami, los shoppings y las 4x4, los rockeros argentinos tuvimos el rol secundario de teloneros del músico gringo de turno. Pero en este momento tan interesante culturalmente, estamos otra vez arriba del escenario. Y los sponsors y productores tampoco dejan pasar la oportunidad para hacer su negocio."
Para "Juanjo" Carmona, productor y manager de músicos, "la variedad de artistas hace más tentadora la propuesta para los patrocinantes. Las marcas líderes prefieren asociarse a un determinado festival, en vez de auspiciar a una sola banda. Además, ahora estamos en una etapa donde «la unión de las tribus», viejo slogan del Ruso Verea en las madrugadas de la FM Rock & Pop, parece haberse hecho realidad y éste ha sido el puntapié inicial para que los productores volvamos a apostar por estas acciones".
Y la apreciación no es menor, si se tienen en cuenta los escandalosos antecedentes de otras épocas, con festivales que finalizaban antes de lo previsto, con riñas descomunales arriba y abajo del escenario, y buena parte del público arrojando lo que sea al músico de turno, algo que en los 80 les sucedió tanto a Virus y a Los Encargados como a Miguel Abuelo y V8, sin distinción de credo sonoro.
Este fenómeno festivalero es tan inédito en el país que un músico de la trayectoria de Claudio O´Connor (ex Hermética y Malón, y ahora a cargo de su propia banda, O´Connor) tocará por primera vez en un festival junto a bandas locales, cuando se largue el Quilmes Rock 2004. "No tengo experiencia en este tipo de festivales, pero creo que es una buena vidriera para un montón de grupos a los que les cuesta mucho remar solos."
Hasta aquí, los números son contundentes. El último Cosquín Rock reunió a 85 mil personas en cuatro días para ver a más de 50 bandas. En 2003, en el primer Quilmes Rock, tocaron más de 70 grupos, a lo largo de siete noches y ante más de 100 mil personas. Récord total. Y este año, con nueve días de festival, esperan superar esa marca. "Ya tenemos 60 mil entradas vendidas", dice Roberto Costa, mentor del mayor de los encuentros rockeros, quien reconoce que, en gran medida, fue el Cosquín Rock, con esa idea de juntar tantos grupos nacionales, el que dio el puntapié inicial.
Justamente José Palazzo, uno de los productores del Cosquín Rock -que el año próximo llegará a su quinta edición-, sostiene que el festival con sede en la folklórica plaza Próspero Molina "es un fenómeno inexplicable, como los Redondos. Cuando hicimos el primero, en 2001, muchos empresarios aseguraban que iba a ser un fracaso. Cuando terminó, les dije a mis amigos y a mis socios: «Acuérdense que el festival de rock va a aplastar al de folklore». No porque el de folklore no fuera un espectáculo con tradición e historia, sino porque hay una necesidad muy fuerte de todos los que vivimos en el interior de ver a los músicos más importantes del género un poco más seguido".
Este año, el festival cordobés terminó con más polémica que música, y con un Charly García que abandonó el escenario sin concretar su esperado show, aduciendo problemas de sonido. También se quejaron La Bersuit ("a ver si los organizadores ganan un poco menos e invierten más en sonido y en luces", dijo el pelado Cordera), Las Pelotas, Pappo ("hacía muchos años que no tenía un acople como el que tuve en Cosquín") y Attaque 77, entre otros.
"Los festivales son siempre duros, tocan muchas bandas, y a veces no se cuida tanto la calidad del sonido", dice Miguel García, de A Tirador Láser. "Pero, por otro lado, es una buena oportunidad para que a un grupo como el nuestro lo vea tanta gente." El Tano, baterista y manager de La Mancha de Rolando, coincide con el hijo de Charly: "El año pasado, en el Quilmes Rock, tuvimos un problema porque los organizadores estaban atrasados y no nos dejaron terminar nuestro show. Tantas bandas y tanta variedad a veces va en detrimento de lo que uno puede mostrar. Creo que una banda en un festival nunca podrá ofrecer un recital mejor que el que hace cuando toca sola, pero vale la pena sumarse, por la posibilidad de tocar ante tanta gente".
Por último, Carmona (detrás del Festival Reggae con Buenas Vibraciones, que se realizó ayer, en Don Torcuato) sostiene que "salvando los cuatro o cinco artistas de mayor peso, que son los que suelen imponer sus condiciones, para el resto, participar en un festival significa una cantidad de inconvenientes que pueden poner en peligro su performance en vivo (falta de pruebas de sonido, set recortados sobre la marcha y hasta discriminación para utilizar equipamiento que suele estar destinado a la figura central). De todas formas, muchos de estos inconvenientes suelen estar contrarrestados con el negocio que significa cobrar cachets sobrevaluados".
¿Negocio para todos? Así parece.
De aquí en más
- Baradero (prov. de Bs. As.): hoy, en su última jornada, actuarán Attaque 77, Intoxicados y Almafuerte, entre otros.
- Salta: el próximo fin de semana, de viernes a domingo, con Bersuit, Babasónicos, Los Piojos, Las Pelotas, Intoxicados y los mexicanos Molotov.
- Villa María (Córdoba): el 25 de este mes, con Charly García, Luis Alberto Spinetta, Divididos, Vicentico y Rata Blanca.
- Capital Federal: nueve noches (1°, 2, 3, 9, 10, 15, 16, 17 y 18 de octubre), con cambios en la grilla original: a las visitas internacionales de The Wailers y Molotov, se sumaron los norteamericanos The Offspring. Los Piojos cerrarán el festival un lunes, en la jornada que se acaba de agregar.
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