
El nuevo CD de Brad Mehldau
Se editó "Largo", un trabajo ecléctico del talentoso pianista norteamericano
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"Qué otra cosa es el hombre sino el estilo." Jean Luc Godard
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El genio de Brad Mehldau ataca nuevamente. Esta vez su música no tomó la forma de trío ni de solista, sino de cambiantes estructuras en las que la creatividad y el juego tímbrico siguen siendo protagonistas. Mehldau muestra ser un músico actualizado por sobre las modas, de las que sólo utiliza lo imprescindible. Su disco "Largo", lanzado por la Warner en la Argentina (la tercera discográfica que comienza a editar en el país material jazzístico recién salido del horno, lo que festejamos calurosamente desde aquí), representa un larguísimo paso hacia adelante, que siempre conlleva riesgos, y en los que este músico de soberbia técnica e inspiración nos revela otro costado de su arte, menos acústico, aunque pleno de formas líricas.
En su visita a Buenos Aires Mehldau, en la cena posterior a su concierto, le contó a este cronista que "Largo" (mal definido como de big band) sorprendería. "Avancé sobre otros campos con los que sólo me entretenía en mi casa. (Pausa para pensar.) Pero por momentos la música se vuelve tan concreta en mí que necesito plasmarla en un disco, como aquel solista que hice en 1997", agrega.
Tenía razón, pues esta placa tiene una variedad de ingredientes de tanta riqueza estilística como melódica. En efecto, imaginen el piano de Mehldau en un contexto rítmico de groove , en una suerte de expedición cercana al sonido típico del Knitting Factory, de Nueva York (cuna de pequeña y creativa cultura musical).
El disco une dos experiencias. La estrictamente camarística, en la que creíamos que vivía el pianista, con otra que tiene la expresividad de las estructuras rítmicas que parecen atropellar como si fuesen un tren a la melodía; sin embargo, sólo es apariencia, pues lo creativo está, contra toda suposición, en que el esquema del ritmo no forma parte del piso, sino que es el techo que protege y resguarda su lirismo de tormentas. Por cierto, no es más que una forma de verlo. El piano de Mehldau suena debajo de estas superficies casi todas rítmicas, algunas de trazo metronómico, otras rugosas y en que la melodía, en ocasiones, hasta surfea sobre las olas que imponen las distintas baterías.
En verdad, el disco tiene en el sonido general un evidente afán experimental que no parece comprometer, más allá de esta placa, el camino que la propia emocionalidad de Mehldau traza en su arte, por cierto, el del trío, donde está su corazón. Lo interesante de esta propuesta es descubrir otro mundo de este genial artista que no se detiene ante fronteras tan poco importantes como las de ¿esto es jazz?
Variedad de formaciones
"Largo" es un trabajo con una variedad de formaciones que desarrollan distintas atmósferas tímbricas. La primera parte de estas doce composiciones de Mehldau, en las que además del piano toca, en alguna de ellas, el vibráfono, cuenta con arreglos de bronces y maderas (trombón, corno francés, clarinete, flauta, trombón bajo). La segunda parte tiene como protagonismo la electrónica y la percusión, aunque en ningún momento pierde el rumbo.
Su piano, ya un sello para el auditorio local, no pierde fuerza ni creatividad a pesar de los distintos climas que sus excelentes partenaires, como Matt Chamberlain, Jim Keltner, Oles Oleszkiewicz, Victor Indrizzo (baterista de Beck) y claro, sus amigos, Larry Grenadier y Jorge Rossy, edifican y consolidan a lo largo de las composiciones. El predominio es de bateristas y contrabajistas.
El disco comienza con "When it rains", en el que una seductora introducción de piano crea una cortina melódica que será acompañada por un ritmo marcado de cuatro por cuatro sobre el cual Mehldau desarrolla un tejido armónico luminoso, cambiante, con una refrescante imprevisibilidad.
El tono conceptual no abandona la obra. Su estilo de líneas pulidas, quebradas, que sortea intuitivamente los lugares comunes, tiene belleza. En "Dusty McNugget" se acentúa la presencia rítmica, mientras el piano construye contornos imaginativos que desembocan en "Dropjes", un tema de tempo más acelerado donde la atmósfera se vuelve más electrónica; este espíritu quedará quizá plasmado de modo más integral en "Paranoid android", una excelente muestra de una mente amplia a la hora de imaginar contextos. Hasta el momento, la austeridad había sido uno de sus sellos, que, por dejarlo atrás, se pierde.
La incursión del pianista en este campo muestra esa inquietud ayudada por un personal abierto a las propuestas y que logró en este compacto una de las producciones más formalmente acabadas de esta temporada.
Mehldau es uno de los músicos más escuchados hoy en Buenos Aires y es importante que a través de su propia amplitud de géneros colabore en abrir caminos dentro o fuera del jazz.
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