
El otro yo de los rockeros
De Bowie a los Beatles y de Charly García a Damon Albarn, la cultura pop se regocija en la creación de dobles y alter egos
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"Cuando uno tiene una banda de dibujos animados, no está atado a las expectativas tradicionales de un grupo. En cierto sentido, uno puede hacer lo que quiere. Creo que esto es lo que atrae a todo el que trabaja en Gorillaz: el sentido de la libertad", confesó Damon Albarn a LA NACION tiempo atrás, disfrutando del flamante alter ego que lo reubicaba en la cima del pop británico a comienzos de siglo: Noodle, un otro yo animado a cargo de la voz de una banda de rock fantasma.
El alter ego, el otro yo o la personalidad oculta figura en la literatura psicoanalítica como un ente liberador y la cultura pop, desde su nacimiento, ha encontrado allí una fuente de inspiración sin fin. De todo tipo: de aquella noche de 1972 en que David Bowie se presentó como Ziggy Stardust –la estrella de rock extraterrestre que dominaría al mundo pop– al Richie Silver con el que Rubén Rada inició su carrera y más de cuarenta años después resucitó en 2006; del Cassandra Lange que le permitió a Charly García salir de bares a tocar covers de los Beatles al MacPhisto de cuernitos diabólicos y traje dorado de Bono en épocas del ZooTV.
"Me convertí en Ziggy Stardust y David Bowie desapareció por completo. Había encontrado a mi personaje, a mi héroe. Dejé que las cosas llegaran a tal nivel en mi vida que me afectaron dramática y traumáticamente durante varios años. La gente terminó de convencerme de que era un mesías: en los reportajes solía usar frases de James Dean o Nietzsche."
<b> "Feel Good Inc" - Gorillaz </b>
Sí, el juego puede llegar lejos cuando el concepto atrapa a la obra completa –allí está el cíclico ascenso y caída del álter ego Say No More para confirmarlo–. Pero también ha servido para reinstalar la atención mediática sobre un artista o enrolarse en una campaña de marketing con garantía de éxito.
Los últimos años ofrecieron un extenso listado de dobles de cuerpo: Sasha Fierce –el efímero otro yo que Beyoncé creó para mostrarse más sensual y agresiva en su último álbum–, Mimi –segunda, tercera o cuarta personalidad de Mariah Carey, que en 2006 editó el álbum The Emancipation of Mimi–, Mona Lisa –la versión bocasucia y mala onda de Britney Spears– o Maddie, la careta punk, con peluca incluida, que Norah Jones utiliza para divertirse en su grupo El Madmo.
<b> "Single ladies", del álbum I am Sasha Fierce (Beyoncé) </b>
"Escribimos lo que queremos, sin importar lo chiquilín o tonto que suene. Allí tengo la libertad de probar algo sin que la gente se vuelva loca alrededor", dice la multipremiada y exitosa cantante de jazz y pop Norah Jones.
Para Boom Boom Kid –el hombre de las mil caras de la escena punk-rock local, también conocido como Nekro, Miss Muerte o Il Carlo, según el momento creativo en el que se ubique– los distintos personajes le han servido para no tomarse demasiado en serio: "Trato de reírme de mí mismo, de mis cosas, del ego que uno tiene cuando canta".
El caso de Rubén Albarrán, desbordado cantante del grupo mexicano Café Tacuba, es para Guinness: Pinche Juan, Sizu Yantra, Chespirito, Cosme, Anónimo Intransigente e Intolerante, Massiossare, Nrü, Amparo Tonto Medardo In La’ Kech (AT Medardo ILK), G-3, Gallo Gasss, Elfego Buendía, Rita Cantalagua, Ixaya Mazatzin Tleyotl, Ixxi Xoo y Cone Cahuitl son solo algunos de los nombres que utilizó en veinte años de carrera. "Fue un juego que empezó cuando nosotros aún ni siquiera teníamos un primer disco, en 1989. Cantábamos, por entonces, una canción que se llama «Pinche Juan» y hubo quienes pensaron que así me llamaba. Allí surgió la idea y fui cambiando de nombre en cada disco. No sé si es un juego medio esquizofrénico, pero está bien. Y me he dado cuenta, con el tiempo, de que esos nombres se relacionan con lo que viví mientras los utilicé."
<b> "The real Slim Shady" - Eminem </b>
El rapero Marshall Mathers y sus dos alias: Eminem y Slim Shady; Prince y su impronunciable simbolito; Andy Chango y Capitán Angustia; Bob Dylan y su alter ego productor de sus propios discos, Jack Frost, y hasta los mismísimos Beatles quisieron ser otros cuando editaron el álbum de la Banda de Corazones Solitarios del Sargento Pimienta.
Obra conceptual, diversión, método psicoanalítico o estrategia comercial. Todo vale a la hora de no sentirse tan solo en el abominable mundo pop.




